El embalse de Yesa está desfasado

EL PAÍS

(27/05/2011)

Creo que ni con tres recrecimientos del embalse de Yesa podríamos aplacar la sed de algunos. Ecologistas en Acción considera que es una obra hidráulica desfasada para los tiempos actuales, ya que va en contra de los criterios recogidos en las Directivas Europeas, tanto de agua como de espacios naturales y biodiversidad. Además, incide en la destrucción de territorios que ya han pagado con creces su contribución al denominado «desarrollo» con despoblación y expolio, así como con la degradación de los ríos, uno de nuestros ecosistemas más amenazados y con mayor potencial de desarrollo para la zona, si se conservaran adecuadamente por su biodiversidad e importancia paisajística. Existen alternativas más sostenibles y menos peligrosas que podrían llevarse a cabo, como ya se ha hecho con la construcción del embalse de la Loteta que abastece actualmente a Zaragoza.

No queremos políticos como el que colocó la primera piedra en Yesa en 2001 que fue imputado por presunta corrupción. Queremos personas que se entreguen a su trabajo y que no se dejen influir o contaminar por presiones partidistas que solo miran el beneficio propio o el de unos pocos.

LUIS MARÍA SOLA (Ecologistas en Acción. Sangüesa) – Navarra

La muerte del bajo Gállego

Llevamos años estudiando el río Gállego, analizando sus cambios, comprobando los efectos que las actuaciones humanas han ido generando en su cauce y en sus riberas. Es un río regulado (embalses de Lanuza, Búbal, La Peña, Ardisa, Sotonera) que llega a su curso bajo con menos de la mitad de sus caudales, intensamente sangrado para el regadío.

En el bajo Gállego estamos observando procesos rápidos y preocupantes que son consecuencia de los embalses, alteraciones que se acentúan ahora, cuarenta años después de la construcción de las presas, como ocurre en otros ríos regulados (el Aragón, el Cinca, el Noguera Ribagorzana, el Segre, el bajo Ebro…). Es una «enfermedad» fluvial muy extendida, grave e irreversible, bien conocida por los científicos. Los embalses, con su retención de sedimentos, con sus derivaciones que generan grandes pérdidas de agua y con su reducción de las crecidas, tan fundamentales para el río, han ido dañando el curso bajo del Gállego. Y hoy los síntomas nos indican que el enfermo está grave: incisión o encajamiento del cauce, descenso del freático, migración de la vegetación ribereña para apretujarse en las orillas y en las playas e islas del cauce, retención con ello de los sedimentos que no se pueden movilizar, incremento con ello de la incisión, matorralización de unas riberas que van quedando colgadas.

Ante esta situación, un nuevo embalse como el proyectado en Biscarrués supondrá sin duda superar el umbral que separa la enfermedad de la muerte para el río Gállego. En pocas décadas iremos asistiendo al definitivo estrechamiento de su cauce y a la definitiva desaparición de sus riberas. El viejo río será un canal muerto.

Es curioso que los defensores de Biscarrués, pensado para el gran negocio hidroeléctrico y para el trasvase más que para el riego, utilicen argumentos como que «gracias a los embalses está mejorando la vegetación de ribera». Es ignorancia interesada. La vegetación dentro del cauce es el principal síntoma de la grave enfermedad: lo coloniza porque ya no hay crecidas que la mantengan a raya y al instalarse allí lo estabiliza, lo encaja y destruye toda su dinámica. Es vegetación riparia que durará muchas décadas, pero que terminará muriendo con el río cuando el matorral lo invada todo. ¿Hay que esperar hasta entonces para darnos cuenta? Habremos perdido nuestro río.

La única solución para el Gállego es renunciar a Biscarrués y gestionar ambientalmente los caudales desde los actuales embalses. Esa gestión consiste en reproducir crecidas como las naturales, frecuentes y potentes, para reactivar el trabajo del río e impedir que la vegetación madure dentro del cauce. Todavía estamos a tiempo, pero hay que actuar ya.

Alfredo Ollero

Biscarrués como Ejemplo

RADIO HUESCA

(13/05/2011)

Este domingo 15 de mayo los colectivos sociales de Aragón nos manifestamos bajo el lema “Aragón. Defender el territorio. Cambiar el modelo”. Los colectivos por una Nueva Cultura del Agua estaremos ahí. También en campaña electoral, porque precisamente el asunto hidráulico es cosa recurrente en nuestros políticos estos días.

Se nos ofrece el paro como el paradigma de la crisis en la que estamos sumidos, pero a muchos esta crisis no se nos antoja sólo económica. O dicho de otro modo: en la recuperación económica no está sólo nuestra solución. La crisis la venimos anunciando de hace mucho tiempo atrás. Hay una crisis de modelo, ecológica, social e incluso de valores, bien representada en los políticos electos. Los que trabajamos por una política hidráulica donde se respeten no sólo territorios y personas, sino también el dinero público, sabemos de esta crisis. El agua representa bien en Aragón hasta que punto de estupidez colectiva hemos llegado, hasta que punto de incompetencia y peligrosidad alcanza la clase política que nos gobierna.

Hablemos del Recrecimiento del pantano de Yesa, para algunos “la gran obra por excelencia”. ¿Recuerdan todavía los zaragozanos cuando se buzoneó la ciudad entera, vallas publicitarias incluidas, explicando que para beber agua del río Aragón era necesario el recrecimiento de Yesa? Hoy ya podemos decir con el agua en el grifo que era una falacia. Se trataba de manipular burdamente a la mitad de los aragoneses a favor del recrecimiento. Había que impulsar la obra al precio que fuese.

¿Y la obra como va? Pues con el presupuesto inicial camino de triplicarse a costa de los deslizamientos de ladera que ponen en riesgo la seguridad de la presa. ¡266 millones de euros gastados y la obra en si, como quien dice, aún no ha empezado! No hay en la historia reciente de España tan bárbaro dislate sin que nadie pida cuentas de nada. Alguien (más de uno y más de dos) debería estar en la cárcel por todo esto, pero el Sistema prefiere callar. Cuando PP y PSOE actúan de la mano, los muros del silencio crecen.

“Lechago pantano inútil”, decían las pegatinas que se portaban en las manifestaciones. Pues bien, Lechago ya está ahí, terminado: mas de 60 millones de euros gastados y ahora… los beneficiarios no quieren, no pueden, pagar lo que les corresponde para ponerlo en marcha. ¡Un siglo demandando la obra y ahora llegamos a esto!

Es evidente que el Aragón de 2011 poco tiene en común con el de 1911. Pero ni al PSOE, ni al PP, ni al PAR les interesa dar cuenta de esto. Prefieren vivir de las reivindicaciones del pasado. Son políticos generadores de frustraciones. Demandan obras obsoletas, inviables, absurdas, caras, que nos lastran el desarrollo colectivo. Iglesias, Rudi o Biel, demandando estos días Biscarrués como hace 80 años, no se burlan de las gentes de la Galliguera, que verían su comarca hundida en su actual desarrollo, y se burlan de los monegrinos. Porque saben mejor que nadie que Biscarrués, hoy, año 2011, no es viable.

Elecciones. Iglesias no cambia ni de color cuando, en medio de un periodo de consultas administrativo del proyecto de Biscarrués que finaliza el 2 de junio, vuelve a decir que “en pocos días tendremos buenas noticias sobre la Declaración de Impacto Ambiental de Biscarrués”. Rudi, en lugar de encogerse hasta hacerse diminuta, hincha pecho cuando dice que cuando gobierne el PP recuperarán el proyecto de 192 hm3 ya desechado. Barra libre que es campaña electoral. Prometer para engañar. Confundir para frustrar. Y mientras tanto Camps y Valcarcel también a lo suyo prometiendo el trasvase.

No nos merecemos estos gobernantes. Personas especialistas en hacer leña del árbol caído. Que buscan réditos enfrentando a las gentes de la ribera del Gállego con los agricultores de Monegros, que enfrentan a la Canal de Berdún con las bajas Cinco Villas, a aragoneses con levantinos.

Urge una regeneración política, un cambio de formas y valores. “Aragón. Defender el territorio. Cambiar el modelo”. Manifestación el 15 de mayo en Zaragoza.

Si no presionamos para que las cosas cambien, ten por seguro que nada cambiará.

Jesús Estachod

Presidente de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos

Además de la ecología, la economía

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(03/05/2011)

Pues sí, este puente, además de predicar en Biscarrués, paseé por la ribera del Gállego espiando a los martines pescadores y bajé los rápidos, feliz y cargado de adrenalina como un crío que aprende a ir en bicicleta. Al igual que cuando voy por Canal Roya desde Anayet o recorro la cabecera del valle de Castanesa, me hacía la pregunta de rigor: ¿cómo es posible que estos parajes (cuyo valor medioambiental se aprecia a simple vista) estén amenazados por pantanos o estaciones de esquí?

Es obvio que el Sistema sigue sin entender que estamos en otro momento, que hay un cambio radical de paradigmas en lo que a la relación con la naturaleza se refiere, que ya tenemos nuestras cuencas suficientemente reguladas y nuestras montañas suficientemente esquiables y construidas como para seguir metiéndoles caña.

¡Ah!, pero no hablemos ya de ecología; hablemos de economía. En la Galliguera, el encanto de los paisajes, la presencia de Los Mallos y el raffting en el Gállego han permitido crear empresas, consolidar puestos de trabajo (varios cientos), movilizar inversiones privadas y dar vida a los pueblos, además de crear riqueza (y no poca). Están las actividades acuáticas y montañeras, los bares y restaurantes, el turismo rural, los hostales (en Murillo construyen ahora un hotel de cuatro estrellas, sesenta habitaciones, spa y todo lo demás)… en confluencia con producciones agropecuarias tradicionales y otras novedosas, como los proyectos para cultivar trufa negra. Y no hay más porque la perenne amenaza que supone el pantano de Biscarrués frena no pocas iniciativas (eso y la indiferencia institucional). Es decir, que tenemos ahí una tupida trama de desarrollo rural sostenible y lo mejor que sabemos hacer con ella es… inundarla.

Y así, mientras en unas comarcas tiramos alegre e infructuosamente el dinero con la excusa de atraer empresas, levantar hoteles y fijar población, en otras, donde todo eso existe de manera natural por cuenta de la iniciativa privada, lo jodemos a conciencia imponiendo infraestructuras pasadas de rosca. Eso sí, tanto en un caso como en el otro el chandrío corre por cuenta del contribuyente. Qué listos, ¿eh?

José Luis Trasobares

Biscarrués, ¡basta de estudios!

HERALDO DE ARAGÓN

(27/04/2011)

Los partidarios del embalse de Biscarrués no quieren que se hagan más estudios previos sobre el mismo porque esos estudios demuestran que el pantano es innecesario.
Los partidarios del embalse de Biscarrués no quieren más estudios. «¡Basta de estudios!», proclaman algunos sin rubor. Así sin engorrosos estudios, sin saberes científicos ni incómodas consideraciones éticas. ¿Por qué molestarán tanto los estudios?
Para empezar, cualquier estudio previo llega a la conclusión de que el embalse de Biscarrués no es necesario, porque existen alternativas mucho más baratas y con menos impactos ambientales y sociales. De cada 100 litros que se almacenan en la montaña, sólo 50 llegan a su destino, perdiéndose el resto por filtraciones. El agua que si llega se destina a menudo a regar arroz, ¡en el desierto de los Monegros! En una paella hecha con arroz monegrino, lo barato es el marisco, porque ese arroz estepário nos sale a precio de oro cuando internalizamos los costes de embalses y canales.
Las cuentas económicas no salen, salvo para las constructoras. El negocio no está en la agricultura. Si así fuera, los regantes no querrían la competencia de nuevos regantes. Si así fuera, transformar una hectárea en regable no costaría el doble de lo que luego se paga por esa misma hectárea en el mercado. El negocio está en la privatización del agua, que pasa a transformarse en herramienta de poder.
Está claro que hay que apoyar a la agricultura, mejorando las conducciones y modernizando los regadíos. Bastaría con colocar contadores y pagar en función de lo que se consume para que la demanda de agua disminuyera.
Economía y ecología se dan la mano cuando analizamos la industria turística que ha florecido al calor de las aguas bravas del río Gállego. Un río de 193 km que sólo permanece con su caudal y cauce natural en menos de 20 km, que son los que ahora se pretende inundar. ¿Cómo podemos transformar en donante a un río que termina su viaje hasta el Ebro convertido en un cadáver hidrológico?
En EE.UU. ya han comenzado a demoler presas y en Israel se aplican modernas técnicas de gestión del agua. Mientras tanto, aquí un consejero dice que «desde hace 100 años está pendiente regular el río Gállego», invocando proyectos inspirados en la España del siglo XIX. Frente a proyectos caducos, irracionales y agresivos, es hora de apostar por la modernidad, la razón y el respeto. Ha llegado el momento de abandonar rencillas inútiles y empezar a trabajar juntos en todo aquello que nos une.
Francho Beltrán Audera, hidrogeólogo, diplomado en Gestión de Aguas y meteorólogo

Vieja cultura del agua… y de lo demás

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(09/04/2011)

Hoy se manifiestan los partidarios y beneficiarios del presunto pantano de Biscarrués. Sea enhorabuena. Reclamar embalses en los escasos tramos de los ríos aragoneses aún no domesticados es desde hace mucho tiempo una actividad oficiosa, un recurso elemental del imaginario político y social de Aragón. Es también (y ya me disculparán por lo que voy a escribir) una muestra de que la Tierra Noble sigue anclada en referencia antiguas; en este caso, la Vieja Cultura del Agua.

La legítima aspiración al regadío (aspiración que nunca queda satisfecha) ha fagocitado todas las estrategias rurales, de la misma forma que el esquí ha monopolizado todas las propuestas para la montaña. Unos líderes y una ciudadanía incapaces de entender las nuevas fronteras empresariales, los nuevos usos de los recursos naturales y las nuevas exigencias de la economía sostenible sólo pueden aferrarse a viejos clichés. Por ejemplo, acopiar a precio de oro recursos hídricos y cultivar con ellos los mismos transgenicos que en los Estados Unidos salen a mitad de precio. Negocio redondo.

Una de las cosas que más me mosquea de nuestros grandes referentes hidrológicos es que sus dos hitos fundamentales, el Pacto del Agua en Aragón y el Plan Hidrológico Nacional de la era Aznar (es decir el binomi pantanos-trasvase) fuesen elaborados por dos políticos de lo más ful: el socialista Antonio Aragón y el conservador Jaume Matas, respectivamente. El primero acabó en la cárcel por sus andanzas con Roldán y la peña navarra; el segundo está en libertad bajo fianza pendiente de juicios en los que le piden años de prisión por presuntos choriceos en las Baleares. Ahora mismito, la fiscalía anda hurgando en algunas concesiones del instituto Aragonés ¡del Agua!. Ya es casualidad, ¿eh?

Tras el fracaso de los embalses de El Val, Lechago y otros, el empeño de Biscarrués y la amenaza que proyecta sobre una zona económicamente activa gracias al río Gállego parece pura obstinación. Este enredo es además el símbolo de un forma (errónea e insostenible) de entender el futuro de Aragón. La Europa más activa y desarrollada está en otra onda. Y aquí, en Babia.

José Luis Trasobares

Llano y montaña

DIARIO DEL ALTO ARAGÓN

(09/04/2011)

En el nivel de estupidez en que los humanos nos desenvolvemos en los últimos tiempos, nos estamos acostumbrando a que la machacona repetición de una idea la transforma en verdad revelada. Algo así pasa con cosas como la energía nuclear, las razones de la crisis, el comportamiento de los bancos, Gran Scala, o como en nuestro caso, el regadío.

En base a un pensamiento superado, a un ideario con escasa justificación científica, ética y social, cientos de aragoneses van a pedir que el agua del Pirineo riegue Los Monegros, o tal vez sería mejor decir las cuentas corrientes del latifundio del agronegocio.

De poco parecen servir las directivas marco europeas que devuelven a la naturaleza el valor que el hombre nunca debería haberle robado. Al grito de «Agua y desarrollo», o cualquier otro, la ramplonería va a pedir que el discurso hidráulico siga anclado en el siglo XIX.

Las lecciones que la naturaleza le está dando últimamente al hombre debería ser razón suficiente para instalar la prudencia en la gestión de toda actividad humana y volver a pensar con qué modelo social y económico queremos construir el presente.

Recomendable para estos casos leer «Por tierras de España» del maestro Machado y esperar que el llano y la montaña puedan un día caminar unidos.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,/ que bajo el pardo sayo esconde un alma fea.

Jesús Sampériz

Otra vez en vísperas electorales…

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(08/04/2011)

Los gobiernos no pasan página con la política hidráulica.

Me desmoraliza la incapacidad de nuestra clase política para abrirse al siglo XXI y pasar página en materia de aguas. Han transcurrido dos décadas desde que se firmó el Pacto del Agua y aún sigue siendo un tabú arrojadizo en vísperas electorales. Jánovas fue desestimado por el Gobierno del Sr. Aznar; Santaliestra fue ilegalizado por los tribunales; el Gobierno de Zapatero descartó el embalse de Torre del Compte; mientras las obras realizadas, como los embalses de Lechago, el Val y Montearagón o los bombeos de la Tranquera y Beceite, que costaron cientos de millones de euros, han supuesto vergonzosos fracasos de los que nadie quiere hablar.

En vísperas de las elecciones toca una vez más hablar de Biscarrués. Afortunadamente se abandonó el proyecto de 190 hm3 que hubiera hecho desaparecer el impresionante cañón de los Mallos de Riglos. Se pretendía regular caudales para unas 30.000 nuevas hectáreas de riego en Monegros, sin explicar que el cuello de botella estaba en la capacidad de transporte de los canales existentes. Eso sí, se habrían producido suculentos beneficios hidroeléctricos y caudales regulados para el trasvase del Gobierno del Sr. Aznar.

Tras la derogación del mismo se creó la Comisión del Agua en Aragón, abriéndose un proceso de diálogo sin precedentes, con una encomiable labor de intermediación dirigida por D Ignacio Celaya. En Biscarrués se consiguió validar técnicamente un amplio número de actuaciones alternativas, desde una comisión de expertos de la CHE y de la Fundación Nueva Cultura del Agua. Se constató que el cuello de botella de los canales solo puede eludirse regulando los propios polígonos de riego.

A las opciones sugeridas por la Fundación, la CHE añadió otros posibles emplazamientos de balsas de regulación que se llenarían en invierno, cuando los canales están baldíos. Todo estaba listo para un nuevo acuerdo por consenso que hubiera satisfecho a los regantes sin destruir el floreciente turismo de aguas bravas de la Galliguera. Sin embargo, la proximidad de nuevas elecciones llevó a la DGA a exigir una pieza de regulación en el el Gállego, aunque fuera menor, que siguiera llamándose Embalse de Biscarrués, a fin de evitar previsibles ataques del PP con el Pacto del Agua en la mano.

El estudio de los caudales diarios del Gállego en la zona durante los últimos 60 años nos ha permitido constatar que el volumen de esas puntas apenas supondría en media 2,5 hectómetros cúbicos anuales. Si ese fuera realmente el objetivo de la presa, el coste de amortización del capital a invertir nos llevaría a 2,5 euros por metro cúbico para riego en esos años de sequía, es decir cinco veces el coste de desalar agua de mar… Si usamos la capacidad de regulación de la presa de forma regular y no solo en años de sequía, el coste se elevaría a 0,17 euros/m3. Si se asumiera el desvío de costes que se prevé como mínio en este tipo de proyectos (30%) y se compensara el impacto sobre la facturación de las empresas de aguas bravas (se inundaría la zona de rafting), el coste se elevaría a 0,23 euros/m3, frente a los 0,02 euros/m3 que se paga en Riegos del Alto Aragón.

Con esos caudales se podrían regar unas 3.700 hectáreas, lo que supondría apenas 60 puestos de trabajo. Por otro lado, se pondría en riesgo el desarrollo turístico de la Galliguera que sustenta, sin subvenciones, cien puestos de trabajo directos y 200 indirectos.

Pero lo cierto es que el objetivo central del embalse no es el regadío, ni la regulación de crecidas, sino la producción hidroeléctrica. Con un agravante, a mi entender escandaloso: la expectativa de asignar los beneficios hidroeléctricos a los regantes, a través de una encomienda de gestión del salto. Tal pretensión, secreta hasta la fecha, ha sido finalmente reconocida de forma pública por el Sr.Trillo, Presidente de Riegos del Alto Aragón.

Si lo que realmente interesara fuera la explotación familiar en el regadío monegrino habría alternativas más eficaces y baratas, oficialmente validadas en la Comisión del Agua, como la retirada de superficies salinizadas; las baterías de pozos de sequía sobre el acuífero del Bajo Gállego; la flexibilización de la gestión del embalse de la Peña para captar crecidas o la colocación de una estación de bombeo en el embalse del Grado. Todas ellas con un menor coste por metro cúbico de agua que el proyecto de Biscarrués. En los tiempos que corren, más nos valdría emplear mejor el escaso dinero público que nos quede tras paliar los entuertos de los ejecutivos bancarios.

Pedro Arrojo. Profesor del departamento de análisis económico de la Universidad de Zaragoza

Hora de revisar la obsesión por los pantanos

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(13/02/2011)

El pasado miércoles aludí en mi habitual artículo de Opinión, El Independiente, al problema de los nuevos pantanos y su creciente inutilidad. Tuve un lapsus: puse Santaliestra donde debía haber puesto Biscarrués, y eso supuso trabucar el Gállego con el Ésera. Pero la reflexión sobre los pantanos seguía siendo perfectamente válida. Los casos de Lechago y El Val han puesto de manifiesto que el coste de los embalses no puede ser asumido posteriormente por los regantes, y eso que éstos sabían dónde se metían y dijeron que sí, que vale, aunque ahora, con decenas de millones invertidos, dicen que no, que no pueden pagar el agua. ¡Ay, madre!

Detengámonos en los casos de Lechago y El Val. Y conste que la construcción de las respectivas presas no tuvo apenas oposición, pese a existir serias dudas respecto de la viabilidad de ambos embalses. En el caso de Lechago, se represaba un río, el Pancrudo, que no tiene agua para llenar el vaso por lo cual habrá que bombearla desde el Jiloca. Así se produce un nuevo gasto en energía superior al medio millón de euros anuales. ¿Cómo pueden ser rentables en estas condiciones las 6.000 hectáreas supuestamente beneficiadas por esta obra, cuyo coste ha superado los sesenta millones? El Val, a su vez, está infrautilizado. Se invirtieron en él noventa millones. ¿Para qué?

Aragón debe reflexionar sobre todo esto. El agua de calidad se ha convertido en un recurso medioambiental y económico esencial. Su utilización debe combinar ambos factores en programas de desarrollo sostenible. El centenario de la muerte de Costa debería servir para renovar el discurso hidrológico y asumir de una vez que no es posible regular nuestros ríos más allá de toda lógica ni pretender que sus caudales sean utilizados hasta la última gota sin dejarle a la naturaleza el mínimo indispensable.

El recrecimiento de Yesa va a costar otra fortuna porque al proyecto básico hay que sumar nuevas obras destinadas a reforzar los asientos de la presa en unas laderas inestables. Sin embargo tanto los regantes como sus terminales políticas (todos los partidos salvo CHA) están empeñados en ampliar al trasvase como sea. Por lo visto ya no se trata de un medio para mejorar la producción agrícola sino de un fin en sí mismo, una satisfacción orgánica, un asunto de honor.

Biscarrués va por el mismo camino. Parece no importar ni la tremenda regulación que ya soporta el Gállego (sí, esta vez no me confundo) ni el hecho de que el tramo del río que ahora se quiere alterar da lugar actualmente a una productiva actividad deportivo-turística. Y lo más sangrante es que en este caso, como en otros citados, había y hay alternativas; más baratas, más sencillas, menos agresivas y por lo tanto mucho más útiles y rentables. ¿Por qué no ponerlas sobre la mesa de una vez?

JOSÉ LUIS Trasobares

Una semana difícil para Biscarrués

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(11/02/2011)

Esta Coordinadora desea que se hagan las cosas bien, impulsando el futuro de Monegros, pero también el nuestro.

El conocimiento público de los informes del CEDEX y de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental abría una semana difícil para el pantano de Biscarrués. También lo ha sido para los detractores de la obra. Los dos informes son demoledores e inciden en la idea de que el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) debe recoger el estudio de las distintas alternativas al pantano de 35 hm3 en Biscarrués para poder analizar y elegir con objetividad, en la misma línea que acordó en 2006 la Comisión del Agua de Aragón, trasladando al Ministerio las diferentes opciones de pantano de 35 hm3 y ausencia de él con infraestructuras alternativas. Si se trata de discernir la mejor opción (entiéndase esta como eficiente, barata y de bajo impacto) lógicamente habrá que estudiarlas todas primero. Pura lógica de sentido común. Pero el EIA actual, como algún político, va dirigido a una sola opción, la de mayor impacto, ignorando las demás.

Pero los informes de Fomento y Medio Ambiente dan para mucho más: recogen las flagrantes ausencias y omisiones que tiene el EIA sobre un río que el propio Estudio reconoce como tramo fluvial de «estado muy bueno». El apartado de «conclusiones» del CEDEX es impactante: reconoce impactos severos económico, medioambiental y paisajístico. No puede ser de otra forma, hablando como hablamos del río Gállego cortando las moles de los Mallos de Riglos y Murillo. Hay que estar «muy lejos del siglo XXI» para no reconocer este paraíso natural de primer orden que sostiene a través del turismo de aguas bravas una buena parte de la economía comarcal.

Resulta inverosímil ver que, a pesar de que llevamos 24 años con la oposición al proyecto, la Administración pública, la de todos (llámese DGA y CHE) todavía no se ha gastado 1 euro en el estudio y desarrollo de las alternativas, no sea que descubramos lo que otros estamentos como la Fundación Nueva Cultura del Agua hace tiempo investigaron. Hay alternativas de menor impacto y más baratas. ¡Cómo no las iba a haber!

A la luz de estos dos informes, los políticos pro-pantano (que no pro-riego) y Riegos del Alto Aragón a través de su presidente el Sr. Trillo., salieron a escena. Ejemplos:

D. Javier Allué (PAR): «No vamos a parar hasta conseguir que se cumplan los acuerdos de la Comisión del Agua en Aragón» (sic). Por una vez estaríamos de acuerdo si no fuese porque el Sr. Allué y también el consejero de Medio Ambiente, Sr. Boné, lo dicen con la intención de confundir y hacer creer que la Comisión del Agua se pronunció únicamente por hacer un pantano en Biscarrués. Mienten y lo saben, porque estuvieron allí. Y ahí están las actas, con copia en el archivo de nuestra web www.riogallego.org.

El consejero de Agricultura, Sr. Arguilé (PSOE), se refirió a los funcionarios que realizan los informes y que, al parecer, no firman lo que él quiere, como «un grupo de militantes del radicalismo ecologista» (sic). Pero lo más grave lo ha dicho el mismísimo presidente de Aragón, Sr. Iglesias, en su reciente visita a Alquézar diciendo que la Declaración de Impacto Ambiental saldrá en unos días y, por supuesto, da a entender que será positiva. ¡Pues como iba a ser! ¡Faltaría más! No hemos visto nunca una forma más sibilina de incitar a la prevaricación.

Ningún funcionario público con conocimiento de causa debe prestarse a firmar una Declaración de Impacto Ambiental sin un EIA hecho con rigor, tal como piden los propios informes que conforman el expediente. El EIA necesita de más tiempo para completarse, pero eso es precisamente lo que le niega nuestro Gobierno de Aragón. Estamos en precampaña electoral y otra vez más los regantes pican el anzuelo para precipitar un EIA hecho «a medias». Iglesias sabe que lo está haciendo mal, pero prefiere manipular una vez más a ese juguete en que se han convertido los regantes expectantes y vender ahora un EIA con «billete directo» al Juzgado que hacer las cosas bien. El voto manda. Hay que vender humo al precio que sea.

Por último, D. César Trillo, no duda en referirse a Biscarrués como un pantano «imprescindible». Desde nuestro punto de vista esta cúpula de la comunidad de regantes no es trigo limpio. Trabajan más con la obsesión de «afogar nuestra redolada» que con la de impulsar su territorio. Biscarrués es un fin, no un medio. No les sirve que los 35 hm3 vengan de otro sitio. Quieren ver una presa en Biscarrués… y punto. Si hace 24 años hubieran comenzado a trabajar en las alternativas, habríamos empujado todos en la misma dirección y posiblemente hoy las infraestructuras alternativas estarían terminadas y los 35 hm3 disponibles. En cualquier caso, Trillo, Iglesias-Arguilé y Allué-Boné representan respectivamente la obsesión, la perversión y la mentira. Ellos cinco simbolizan el «tapón» a este conflicto y no esta Coordinadora, deseosa de que se hagan las cosas bien, impulsando el futuro de Monegros pero también el nuestro, el de la Galliguera. ¿O es que los de aquí valemos menos? Por nuestra parte, seguiremos luchando con toda nuestra ética y dignidad por nuestra tierra y por el futuro de nuestros hijos, sin condenar el futuro de otros. Como llevamos 24 años haciendo. Otros no pueden decir lo mismo.

 

JESÚS Estachod

Presidente de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos