Es hora de cambiar el modelo de gestión

HERALDO DE ARAGÓN

(31/12/2012)

ESTE año 2013 será clave para comprobar si el Ministerio de Medio Ambiente y la Confederación Hidrográfica del Ebro incorporan en el Plan de Cuenca del Ebro las medidas para convertir el cumplimiento de los objetivos ambientales, marcados en la Directiva Marco del Agua, en el eje central de la gestión hidrológica en el Ebro. Desde las organizaciones de afectados y ecologistas apelamos a que se cambie el modelo actual, enquistado en un modelo exclusivamente productivista de la gestión del agua, y obcecado en realizar un catálogo ingente de obras, por otro modelo diferente, de gestión de la demanda, optando por las soluciones más eficientes y menos costosas, descartando aquellas obras con graves impactos económicos, sociales y medioambientales, y que producen además conflictos enconados durante décadas.
Comenzamos el año en que la CHE debería apostar por establecer un régimen de caudales ambientales que garantice realmente conseguir un buen estado ecológico de las masas de agua. Este objetivo que debe ser prioritario, fijando estos caudales de manera previa a los usos previstos, y no al revés como en el texto actual, donde son el resultado de lo que queda después de asumir las peticiones de comunidades autónomas y regantes, sumando demandas actuales y futuras aunque sean irreales e irrazonables. En el caso del Delta del Ebro, donde se vive desde hace años una situación de emergencia ecológica, para evitar la muerte del río desde Tortosa a su desembocadura es necesario que la Confederación asuma las propuestas de la Plataforma en Defensa de L’Ebre, especialmente en cuanto al aumento de su caudal ecológico para evitar la salinización que se produce ya decenas de kilómetros antes de la desembocadura. Para ello, sería preciso también que se excluya de manera explícita y categórica la posibilidad de llevar a cabo dos trasvases, uno del Ebro hasta Valencia mediante el canal Xerta-Senia, y del Segre hasta la zona metropolitana de Barcelona a través del Segarra-Garrigues.
Desde Coagret apoyarnos por otro lado, la demanda de la PDE de que la Unión Europea tutele el Plan de Cuenca del Ebro para garantizar el cumplimiento de la normativa comunitaria. Resulta imprescindible que nos planteemos si tienen sentido o no las nuevas hectáreas de regadío, una vez sometidas a un análisis sobre su sostenibilidad económica y por supuesto medioambiental, teniendo en cuenta que los regadíos son el mayor factor de contaminación difusa, y partiendo de la realidad que suponen los fenómenos asociados al cambio climático. Sería necesario además poner en marcha un plan de retirada de regadíos con fuertes niveles de salinidad, con graves problemas de drenaje, y con baja rentabilidad. Según cálculos del profesor Pedro Arrojo, esta posibilidad permitiría recuperar agua de calidad por menos de cuatro céntimos de euro el metro cúbico.
Lógicamente, como coordinadora de las organizaciones de afectados, nos gustaría que en 2013, como consecuencia de todo lo propuesto anteriormente, la CHE y los potenciales beneficiarios de estas obras, se convencieran de la necesidad de descartar el recrecimiento de Yesa, los embalses de Mularroya y de Biscarrués, y el recrecimiento de Las Torcas.
¿Qué es mejor, seguir insistiendo en proyectos que van a tener oposición social y jurídica durante los años que sea necesario, o adoptar alternativas sostenibles y posibles planteadas hace tiempo?. Por ejemplo, siete balsas laterales dentro del propio sistema de Bardenas, con la misma capacidad de regulación que el recrecimiento de Yesa, pero con un coste espectacularmente menor que los más de 300 millones de euros que alcanza ya el presupuesto del recrecimiento de Yesa, más de 800 millones de euros si sumamos el conjunto de las obras conflictivas en Aragón.
Por normativa europea, una parte importante de esta cantidad tendrá que ser repercutida en los usuarios de esos hm3, aplicando el principio de recuperación de costes.
Una razón más para adoptar soluciones más baratas para todos, también para los ciudadanos que pagarán con sus impuestos una parte importante de estos embalses, mientras sufrimos importantes recortes en sectores clave como educación, sanidad o servicios sociales.

Valetín Cazaña

Presidente de COAGRET

… Y sin embargo no sirven para nada

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(19/05/2012)

Algunas personas se tomaron a mal que apareciese junto a Jordi Évole recorriendo la vacía inmensidad de la Expo y filosofando sobre la inutilidad de algunas cosas que tan caras nos costaron. Lo siento, pero es lo que hay. Ranillas es aún un pozo seco donde se enterraron y se entierran enormes cantidades de dinero público sin aparente rentabilidad. Para colmo, cuando el Gobierno aragonés intenta sacar algún provecho de aquellos inmuebles llevando allí juzgados y oficinas, el plan se ha enredado con una operación inmobiliaria tan oscura como incierta.

Otras personas reprenden mi aparente aversión a los pantanos. Sin embargo nunca pretendí que la ira de Dios acabase, uno tras otro, con las decenas de embalses que regulan nuestros ríos. Están ahí, son hechos consumados y bastantes de ellos han cumplido y cumplen su papel. Lo que critico es esa obsesión, radical y ciega, que impulsa la construcción de nuevas presas aunque ya no sean rentables ni sostenibles. Son monumentos a la obcecación política e instrumentos al servicio de quienes intentan utilizar a los regantes para controlar un recurso público de gran valor, el agua.

¿Qué objeto tiene El Val, aparte de mantener bajo permanente amenaza al pueblo que se acurruca al pie de su presa?. Costó, según presupuesto original, 82.180.461,94 euros. ¿Y Lechago, cuyos hipotéticos beneficiarios han perdido el interés?. Hoy no da servicio a nadie. Salió por 44.246.026,90 euros, más 11.083.047,90 euros de restituciones territoriales gran parte de las cuales están aún sin ejecutar. ¿Y Montearagón? En dos años ni se han podido hacer las pruebas de carga. Apenas hay algo de agua en el fondo de su vaso. Salió a concurso por 58.179.958 euros. Las restituciones rozaban los treinta millones. Dinero tirado.

Como nos ha debido parecer poco, ahora vamos con Mularroya (presupuesto vigente de 130.849,810,77 euros). Y además, el recrecimiento de Yesa, donde las laderas se abren (como advirtieron los ecologistas) y abrocharlas ha costado de momento más de cien millones. Bueno, algún día iré por allí con El Follonero… y le enseñaré (con perdón) los pantanos vacíos.

JOSÉ LUIS Trasobares

Esos pantanos son una ruina

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(03/05/2012)

En presencia del ministro de Agricultura y (¡ejem!) Medio Ambiente, don Miguel Arias Cañete, se reunió ayer la Comisión de Seguimiento del Pacto del Agua. No se habló allí del cambio climático, ni de los nuevos parámetros hidrológicos, ni de lo que está pasando en El Val, Lechago o Montearagón (embalses insostenibles, alguno de los cuales lleva dos años sin poder hacer la prueba de carga porque no capta agua suficiente para ello)… no se habló, en fin, del estado de los ríos ni de la mina de Borobia. Sólo se ataron cabos (más o menos) para mantener vivas las obras del recrecimiento de Yesa y sacar a concurso las de Biscarrués. Del trasvase también se dijo algo aunque, como suele ocurrir últimamente, fue una especie de no pero sí, aunque quizás, tal vez, espérate a ver, a mí que me registren y evasivas similares. Ya sabemos de qué va esta pana.

Como cuentan los anales, el Pacto del Agua fue invención de un político procedente del clan navarro del PSOE, Antonio Aragón. Este prócer se dio cuenta de que a los de la Tierra Noble se les podía vender a la vez los pantanos y el trasvase. La jugada parecía redonda y las grandes constructoras brindaron con champagne. Aragón (el susodicho, no la bendita Comunidad que habitamos) acabó luego en la cárcel por corrupto, pero su Pacto quedó ahí convertido en un referente tan esencial como absurdo. Desde entonces pende sobre nuestras cabezas como una amenaza llegada del pasado. Pero encandila a los políticos, abduce a los medios e interesa a los jerarcas de los sistemas de riegos, quienes desde hace tiempo juegan fuerte para controlar cuantas más concesiones de agua mejor, porque el agua es dinero.

En unos Presupuestos Generales que nos dejan al pie de los caballos, habrá más pasta para recrecer Yesa (y falta que hará, pues las laderas del jodido pantano se siguen abriendo en canal y hay que abrocharlas con decenas de millones de euros). De paso se licitará Biscarrués, embalse destructivo, irracional e inútil donde los haya. Así es España: incluso en pleno ajuste, cuando tenemos que quitarnos el pan de la boca, seguimos tirando el dinero público en ruinas manifiestas. ¡Alegría!

JOSÉ LUIS Trasobares

Yesa, el octavo pecado capital

ARAGONDIGITAL.COM

(18/04/2012)

Se dice que las segundas partes nunca fueron buenas, a los directores se les agotan las ideas, los recursos, carecen de creatividad para satisfacer la demanda de los consumidores. Pues bien, este 19 de abril no dejaremos que cambie el guión y haremos de la teoría una realidad empírica y, como ya sucedió hace casi dos meses, volveremos a plantar cara, con valor y coraje, a los representantes de la CHE, que movidos por su insaciable sinrazón, vienen de nuevo a robarnos, amparados por la ley, éstos regresan como bueno ladrón (sin capucha) a por su botín.

Vivimos en tiempos revueltos, en un mundo donde los valores humanos se pisotean, donde reina la codicia y la avaricia, donde los mercados se comen a las personas, para en un ejercicio simple de digestión, vomitarlos posteriormente en forma de dinero. Ya no interesan valores humanos, para qué, si con eso no se come.

Habitamos en esta España «grande y libre» de cinco millones de parados, con un rey que invierte nuestro dinero en irse de cacería, demostrando una gran capacidad empática con su tan querido pueblo, y predicando con el ejemplo de austeridad, con un gobierno que está dispuesto a criminalizar todo acto reivindicativo, todo derecho a la libertad de expresión, y así, tantísimos otros ejemplos de igualdad y solidaridad.

En este entramado círculo vicioso, entra la deplorable idea de llevar a cabo el recrecimiento de Yesa, que no es más que otro claro ejemplo de que algo en la máquina funciona mal, de que hay errores. Los hay cuando un proyecto casi triplica su presupuesto inicial, alcanzando la escalofriante cifra de poco más de 300 millones de euros, hay errores cuando se ignoran las alternativas más económicas y sostenibles, cuando se construye una obra de semejante magnitud sobre una falla geológica (que durante años han ocultado, y quien oculta algo es por temor a algo) sabiendo de las consecuencias nefastas que podría acarrear un temblor de tierra, llegando incluso al cobro de vidas humanas. Sigue habiendo errores cuando se quiere volver a castigar a una zona que ya sufrió las consecuencias del actual pantano, y los sigue habiendo cuando parte del patrimonio cultural, como es el Camino de Santiago, se pretende ignorar e inundar. No queda duda, ha habido errores, los sigue habiendo y los seguirá habiendo.

Por eso, y por mi derecho a vivir y a disfrutar de mi tierra, digo alto y claro ¡¡¡No al recrecimiento de Yesa, no a las expropiaciones, aquí hay vida, Yesa no!!!

Sergio Palacin. Artieda de Aragón.

Una legislatura para el pacto del agua

EL PAÍS

(22/12/2012)

El mundo del agua urbana es una burbuja que puede explotar en un futuro más o menos próximo

Un pacto del agua es el objetivo que nos anuncia el ministro Arias Cañete y que, vistos los despropósitos habidos en anteriores legislaturas, es más que oportuno. Presididas por políticas de oferta, se apostó por aumentar la disponibilidad de agua en las zonas presuntamente deficitarias del sureste de España. Coincidían en el fondo aunque no en la forma. Y en un movimiento pendular de libro, se pasó de proponer un trasvase de 1.000 kilómetros de longitud, el del Ebro, a inundar el litoral mediterráneo de desaladoras. Comentándolo con una de las personas que más se opuso al trasvase, acérrimo defensor de las desaladoras después, me espetó: «A un drogadicto no se le puede suprimir bruscamente la metadona». Y al insistirle en que convenía más fomentar políticas de eficiencia, parodiando el famoso soneto de Lope —mañana le abriremos—, me respondió que eso quedaba «para más adelante».

La legislatura que derogó el trasvase la presidió la demagogia y la crispación. Y hubo suerte porque cuando más arreciaba el temporal y los primeros barcos de agua llegaban, ridículo internacional incluido, al puerto de Barcelona, comenzó a llover abundantemente. Fue el inicio de la actual tregua hídrica. Y se comprende. Con la que está cayendo no quedan ganas de meterse en más berenjenales.

Pero claro, la política del agua es como el Guadiana. Aparece y desaparece al compás de la climatología. Y como ahora un nuevo ciclo seco nos amenaza, el asunto gana actualidad. Y la que ganará si sigue sin llover en abundancia. Unos volverán a reivindicar la propiedad de los ríos que discurren por su comunidad, mientras otros invocarán el valor esencial de la solidaridad entre territorios. Pero todos, en un proceder que me recuerda el mote de un antiguo profesor (por enseñarlo todo menos lo fundamental le apodaron el bikini), ignorarán lo que de verdad importa, gestionar eficientemente el recurso. Del mismo modo, una política que ignora lo esencial puede merecer ese mote.

Al fin y a la postre son políticas bikini las que han propiciado la crisis actual. Han sobrado fastos y ha faltado ver la gravedad de la situación que, de haberse atajado a tiempo, no tendría estas dimensiones. Tan graves son que España y el resto de PIGS europeos han perdido su independencia. Bailan al compás que marcan mercados y agencias de calificación de riesgo. Por el enorme déficit tarifario, si no se actúa, algo parecido le ocurrirá al ciclo urbano del agua. Y con idénticos compañeros de viaje.

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Embalses: el pasado de Aragón

ARAGÓN DIGITAL

(14/02/2012)

Año tras año, desde hace décadas, una vez más las obras del Pacto del Agua son la salvación de Aragón. Ante la sequía que parece que vamos a sufrir este año hidrológico, de nuevo se apela a que con los embalses llenos no habría problemas. Pero, ¿de dónde sale el agua para llenarlos?.

Los embalses nunca estarán llenos y no importa lo grandes que sean. Cuando hay agua, se piden más embalses para regar nuevas hectáreas (y por tanto vaciar los embalses). Cuando no la hay, se pide que haya embalses que almacenen el agua. Intentan hacernos creer que los embalses producen agua, pero no la producen, tan sólo la almacenan, y si no hay agua no hay nada que almacenar.

La solución al problema de la sequía en Aragón no pasa por construir embalses para que estén vacíos. No hacen falta ni Mularroya, ni Biscarrués, ni recrecer Yesa. Los 700 millones que, por ahora, costarían estas obras se podrían, por ejemplo, invertir en I+D+i para buscar cultivos que se adapten mejor al clima y al terreno (el maíz y el arroz quizás no sean lo más adecuado) o buscar nuevas técnicas de regadío para hacer frente a las sequías mediante el ahorro.

En épocas de crisis, más que nunca, hay que renovarse. No podemos seguir mirando atrás derrochando el dinero en obras inútiles, no podemos seguir siendo víctimas del inmovilismo. El Pacto del Agua no es el futuro de Aragón, es tan sólo un pasado que algunos no quieren dejar atrás.

Alberto Anaya Arcas.

Reivindicaciones históricas

Una vez más se pone en marcha la maquinaria trasvasista, y como en los últimos 30 años, el recrecimiento de Yesa es la primera piedra de este viejo conocido trasvase del Ebro. Dice el consejero de Agricultura de Aragón que el recrecimiento de Yesa es una «reivindicación histórica». Yo más bien lo llamaría una promesa perpetua.

En Bardenas se han aferrado a la promesa de un embalse en lugar de buscar alternativas de almacenamiento en su territorio, diversificar su economía o aplicar políticas de desarrollo sostenible. Con los 300 millones de euros que, como mínimo, costaría recrecer Yesa, en Bardenas se podrían impulsar proyectos que, a buen seguro, serían más beneficiosos para el territorio.

Los políticos han utilizado esta promesa para mantener cautivos los votos de los aragoneses. Al principio eran suficientes las promesas de convertir el desierto en oasis, prometer que el medio rural viviría solamente del agua. Pero cuando la población rural se desplazó a las ciudades, hubo que adaptarse y se empezó a utilizar a la ciudad de Zaragoza como rehén para intentar asegurar un proyecto que a todas luces se empezaba a caer por si solo; incluso sus laderas. Pero el objetivo real siempre ha sido asegurar el almacenamiento de agua en los embalses de cabecera que son los que permitirán trasvasar el agua. El pacto del agua no es más que una falsa moneda de cambio para acallar a los aragoneses.

Mientras tanto, los afectados llevamos 30 años con nuestro futuro hipotecado por este proyecto injusto y caduco. Hemos aguantado cómo, una y otra vez, se nos considera prescindibles y se nos trata como si fuéramos invisibles. Basta ya de promesas irrealizables, basta ya de ningunear a las minorías, la nuestra sí es una reivindicación histórica: vivir donde lo han hecho nuestros abuelos y nuestros padres. ¡Queremos vivir aquí!

 

Raquel Iguacel Márquez

Necrológica Emilio Garcés

24/09/2011

(HERALDO DE ARAGÓN)

La tarde del 5 de marzo de 1988 fue una tarde de lágrimas y emociones. Francisca y Emilio recibieron el homenaje y reconocimiento de los otros montañeses afectados por los embalses en el Pirineo. En el salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca, la Coape (Coordinadora Aragonesa de Pueblos Afectados por Embalses), les ofreció la primera muestra de agradecimiento público por su lucha y entrega en defensa de su pueblo y en pos de un mínimo de justicia social. Labordeta les dijo: «Vosotros, Francisca y Emilio, sois unos de los pocos recuerdos dignos que, a este viejo reino ya agotado, le queda como espejo para levantar la vista con dignidad y decir que todavía no está todo perdido».

El arraigo. La fuerza del arraigo a un territorio, a un río, a un pueblo. Sobre ese sentir primario, atávico, profundo, se puso en marcha en Aragón la larga trayectoria por la defensa de los ríos y los valles frente a la amenaza de los embalses. Francisca y Emilio eran el referente, el icono que tomaba la recién nacida Coape para orientar su tarea. A lo largo de los años la fuerza del arraigo y el compromiso con la tierra se ha ido enriqueciendo con la racionalidad económica, social, ambiental y con la valiosa dimensión emocional de la Naturaleza. Pero probablemente lo que más haya calado en las entrañas de la sociedad aragonesa, de los políticos y los medios con una visión esencialmente productivista de los ríos, haya sido la determinación de unas gentes para vivir allí donde ellos y sus antepasados han vivido desde hace siglos. Aquella campaña de Coagret en los años 90 «Por la dignidad de la Montaña», inspirada en la actitud vital de gentes como Emilio y Francisca fue transformadora de verdad. De conciencias. Y por una vez de políticas, pues el gobierno de Aragón renunció a inundar pueblos, modificando ligeramente el modelo decimonónico «represamiento de ríos +regadíos=futuro de Aragón».

Emilio y Francisca, con las gentes de la Asociación Río Ara, nos regalaron a los aragoneses un valle. Lo salvaron de la inundación. Ojalá que la sociedad tuviera la grandeza de agradeceros vuestro regalo, que es un regalo de reyes, como los de aquellos señores que conseguían nuevas tierras para su reino. Y ojalá que el sentimiento de apego profundo a la tierra, a la Naturaleza que nos sustenta cada día, crezca con vuestro ejemplo. Un abrazo fuerte.

JOSÉ MANUEL NICOLAU IBARRA

Profesor de Ecología. Universidad de Zaragoza

Emilio Garcés Frechín, de Jánovas

Creo que solo Francisca, su mujer y compañera de pelea, sabe de verdad lo que luchó por Jánovas este hombre que ahora ha muerto. Cuando fui a su casa por primera vez, pidiéndoles que me contaran su historia, ella me dijo:

-Hija mía, eso es imposible de contar. Solo lo puede saber el que lo vive.

Tiempo después, cuando ya me había adentrado en los pormenores de aquel drama casi increíble, había hablado con las familias expulsadas del pueblo, había buceado en los archivos… cada vez que me encontraba con nuevos papeles firmados por “Emilio Garcés Frechín, de Jánovas”, reclamando esto, poniendo en conocimiento de las autoridades esto otro, elevando sus protestas una y otra vez al Ayuntamiento de Fiscal por las constantes agresiones que sufrían, o declarando en los juzgados, me acordaba de las palabras de Francisca. Qué razón tenía: yo solo me estaba acercando a aquellas vivencias años después y desde lejos, pero podía darme cuenta de lo que significaban. Tantos años sin darse por vencido, sin agachar nunca la cabeza, respondiendo a todo, atento a todos los frentes. Día tras día, durante tantísimo tiempo, plantando cara a quienes, seguro, no habían contado en sus proyectos, balances, previsiones y cálculos de todo color, con encontrarse un hueso tan duro de roer.

Emilio se enfrentó al hostigamiento constante de los empleados de Iberduero, a los hombres de corbata y a los de tricornio, a los papeles con sello y membrete, y también a la incomprensión de muchos vecinos, que lo consideraron un loco. “¡Marcha, que te sacarán! ¡Marcha, que esto no tiene remedio! ¡Marcha, que no vas a poder con ellos! ¡Marcha de una vez, que por tu culpa no se hace el pantano ni se hace nada!”. Y él les respondía, socarrón: “Tranquilos, que no beberé tanta agua. Si hacen el pantano, ya me iré”.

Desde que, en enero de 1984, Emilio y Francisca salieron por fin de Jánovas y se instalaron en Campodarbe, la lucha ya no fue tan intensa, aunque desde luego no cesó. Emilio y Francisca mascullaban su rabia: “¿No tenían tanta prisa para echarnos de Jánovas? Pues ahora ya tienen el pueblo vacío: ¿dónde están las obras, dónde están las máquinas, dónde está el maldito pantano?”.

En ningún lado. Ni entonces, ni ahora, ni nunca. Para cuando echaron a los Garcés, los gerifaltes que habían proyectado la presa ya no tenían nada claro que fueran a llegar a hacerla alguna vez: buf, aquello dependía de muchas cosas. Pero de todos modos, los echaron. ¿Qué más daban aquellos dos viejos? ¿A quién importaban?

A ellos no, desde luego; igual que todos los demás que no fueran de su clase, la de los privilegiados, la de los poderosos y ricos. Pero sí que nos importan, y nos importarán por siempre, a todos los aragoneses de bien. Incluso diría que a todo aquel que tenga un mínimo de honra, orgullo y dignidad, sea de donde sea.

Cuando lo conocí, aunque ya era bastante mayor, Emilio aún conservaba su brío y se le encendía la mirada cuando hablaba de Jánovas, con aquel tono de voz suyo tan poderoso. En el 2004, cuando se presentó el libro en Boltaña, ya sin embargo se le habían achicado los ojos y empezaba a ser evidente que el peso de la vida se le estaba apoderando. La última vez que lo vi, hace pocos años para la fiesta de San Miguel, todavía hablaba de volver a Jánovas.

Dicen sus hijos que él, en su cabeza, había vuelto a Jánovas hace ya unos años. Salió de la realidad de su decrepitud, esa que nos vuelve niños cuando nos vamos acercando al final, y se instaló felizmente en el lugar que amaba. Recreó aquel entorno lleno de vida, aunque solo para sí, como un acto último de justicia poética.

La otra, la Justicia con mayúsculas, aún la estamos esperando.

Éramos conscientes de que, al ritmo que llevan las cosas, Emilio no volvería nunca físicamente a Jánovas. Pero hoy se me come la rabia de pensarlo: si hubiera habido justicia de la de verdad, él habría cerrado los ojos en el pueblo por el que luchó toda su vida, y habría descansado para siempre en el pequeño cementerio cobijado a la sombra de la iglesia, esa iglesita preciosa que durante un tiempo llegó a ejercer de pajar y de corral para ganado por obra y gracia de Iberduero, hoy Iberdrola, y de la Comisaría de Aguas de la CHE. Cada vez resulta más difícil reparar el daño cometido, cada vez resultan más insultantes las indignas exigencias de Endesa, la actual hidroeléctrica titular, empeñada todavía en hacer negocio sobre aquella barbaridad, cada vez resultan más bochornosos los paños calientes y las componendas.

Descansa en paz, Emilio, todo lo en paz que puedas. Tu espíritu combativo y luchador sigue vivo en tus hijos, que son magníficas astillas de tal palo. No esperan la justicia con los brazos cruzados, y no están solos: tienen a Francisca y tienen buenos compañeros de pelea, pues no habrás olvidado que ahí están los Buisán y otras familias que no conozco tanto, pero que arriman y arrimarán el hombro para no reblar, no reblar, no reblar nunca hasta que Jánovas vuelva a vivir.

Ese día, que “habrá que empujarlo para que pueda ser”, brindaremos por ti y por tu memoria todos quienes te quisimos y admiramos, que somos muchos. Brindaremos, sí, muy alto, y cantaremos muy fuerte, agradeciendo más que nunca tu lucha y tu tesón, porque fue la que abrió el camino, la que hizo posible lo demás. La que nunca olvidaremos.

¡Por Emilio Garcés Frechín, de Jánovas!

Por Marisancho,

de su blog http://inde.zaragozame.com/2011/09/14/emilio-garces-frechin-de-janovas/

Biscarrués y la crisis

www.aragon2.com

(20/07/2011)

La aprobación por parte del Gobierno del pantano de Biscarrués es un caso de estudio para comprender las razones que nos han llevado a la crisis actual.

Este proyecto -que pretende paralizar el río Gállego en el entorno de los Mallos de Riglos- tiene una larga trayectoria de discusión que he podido seguir, y participar muy activamente, como miembro de la Comisión del Agua y de la ponencia de trabajo creada para abordarlo. Desde esa posición adelantada, he conocido los detalles de un proyecto que pone en serio peligro la subsistencia de una zona emergente –la Galliguera o Reino de los Mallos-, que modifica uno de nuestros paisajes más emblemáticos, el entorno de los propios Mallos, y que, contra más sabes de él, menos entiendes para qué sirve.

Al principio se decía que serviría para conseguir agua para regadío del río Gállego, casi 200 Hm3. En el transcurso de la ponencia de trabajo que antes he citado, y con la inestimable colaboración de la Iniciativa Social de Mediación, se consiguieron fórmulas para conseguir no esa cantidad, sino casi el doble mediante la construcción de algunas balsas laterales que resultaban más eficaces, rápidas y baratas. Amen de menos perjudiciales para el río.

Además, los datos de caudales de un río ya muy regulado y explotado, indicaban que de construirse el pantano de Biscarrués este no tendría apenas caudales que embalsar (léase puntas de crecida) y sería una obra prácticamente inútil.

Sin embargo, el argumento de que el pantano “lo paga el rey” como se dice popularmente, o sea, con cargo a los presupuestos públicos de todos nosotros, seguía pesando para sus defensores, que si obtenían algún beneficio (en forma de hidroeléctrica, constructora o posible venta de agua) bueno era si a ellos les salía gratis.

Este modo de pensar, derrochando el dinero, decenas de millones de euros, para no se sabe muy bien qué, con aires de nuevo rico caprichoso. Abusando de las arcas públicas para intereses privados. Es en buena medida lo que nos ha llevado a esta preocupante crisis. Una crisis que también tiene una pata ambiental, pues también se debe al derroche y desprecio por nuestro patrimonio-recurso natural. En este caso, también está presente ese aspecto, pues se desprecia por completo un paisaje como el de los Mallos de Riglos, un tramo del río Gállego todavía bien conservado y valioso, un bien como es el agua que, por mucho que les pese a algunos, es y debe seguir siendo público.

Pero he aquí, que ese modo de pensar doblemente derrochador, el que nos ha traído a esta crisis, es el que ha triunfado con la aprobación del pantano de Biscarrués: se dilapidarán decenas de millones de euros públicos, se anulará una pieza fundamental de nuestro patrimonio natural y cultural… para no se sabe muy bien qué, como si nos sobrarán lo uno y lo otro.

Si queremos salir de la crisis, bueno sería que empezáramos a cambiar y a pensar de otro modo, más racional y justo.

Un buen indicador puede ser este proyecto, al que todavía le queda mucho por decir, pues somos muchos los que seguimos sin entender porqué se quiere hacer este sin sentido que inundará un territorio, una partida de dinero público y un río, el Gállego, que es de todos.

Paco Iturbe