Voto particular de la Universidad de Zaragoza a la regulación del Gállego en la Comisión del Agua

EXPLICACIÓN DEL VOTO PARTICULAR DE ABSTENCIÓN AL PUNTO 5 DEL ORDEN DEL DÍA DEL PLENO DE LA COMISIÓN DEL AGUA EN RELACIÓN CON EL DOCUMENTO DE CONCLUSIONES SOBRE LA REGULACION DEL RÍO GÁLLEGO

 

 

QUE HACEN LOS ABAJO FIRMANTES EN CALIDAD DE REPRESENTANTES DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA EN DICHA COMISIÓN

 

 

Nuestro voto ante la propuesta sometida a consulta no podía ser negativo, pues podría ser interpretado como una oposición a que la documentación generada a lo largo del proceso que ha analizado el problema de la regulación del Gállego fuera remitida a la autoridad competente del Ministerio de Medio Ambiente en Madrid, para que allí, desde la distancia y tal vez con una mayor objetividad, se haga la valoración definitiva del problema y de las diferentes posturas propuestas desde esta Comisión, que incluyen también el NO a ninguna obra de regulación.

 

Nuestro voto no podía ser tampoco afirmativo, dado que no estamos de acuerdo con el planteamiento general del problema ni con las alternativas planteadas que no sean el NO, pues podría ser entendida como un apoyo a los planteamientos supuestamente mayoritarios. Por eso hemos optado por la abstención, acompaña de una explicación de voto particular, desde el acuerdo previo de que nuestra explicación de voto deberá ser adjuntada a la documentación a remitir a Madrid.

 

Dicho esto, no queremos dejar de reconocer lo mucho que se ha avanzado en el camino que ha de llevarnos en su día a la solución feliz del problema, y de felicitarnos por haber llegado a donde hemos llegado; es decir, a una posibilidad de escucharnos sin crispaciones, a que cada uno pueda explicar libremente las razones hidrológicas, económicas, medioambientales, culturales, éticas y humanas de este conflicto, que reconoce que el tema no está aún maduro, que exige más tiempo de reflexión y, sin duda, una obligada explicación generosa a la sociedad aragonesa, tanto de la naturaleza del problema como de las consecuencias económicas, medioambientales, culturales, patrimoniales y humanas derivadas de alguna de las alternativas propuestas.

 

El hecho de que el tema haya sido cerrado en el seno de la Comisión sin una votación a favor de una u otra solución -que en estos momentos habría generado una oleada de enfrentamientos y, sin duda, una marcha atrás en el proceso-, es en sí mismo un avance notable de cara a la correcta solución del problema, ante el que no cabe otra cosa que felicitar a la Ponencia y a la propia Comisión. De esta forma hemos conseguido darnos un tiempo adicional de reflexión y maduración que todavía es necesario para la comprensión de la dimensión holística del problema, la asimilación de posturas, razones y principios que de alguna manera suponen la ruptura de unas inercias hidrológicas culturales, ante las que siempre hay unas lógicas resistencias.

 

Dicho esto, nuestra labor en esta Comisión es resaltar las razones del NO al deterioro que entendemos supondría para el escenario del conflicto la construcción de un gran embalse en el Gállego, incluido el de 35 hm3, que para nada es inocuo, dado que su consecuencia inmediata sería la inevitable hipoteca sobre una vocación clara y unas expectativas de desarrollo económico respetuoso, de asentamiento y crecimiento poblacional, que hoy tiene la Comarca, que han ido surgiendo a lo largo de estos años como un milagro, en un territorio singular de la historia de Aragón, que se veía a si mismo morir.

 

Así pues, con todo el respeto, queremos expresar:

 

1. Nuestro rechazo a cualquier embalse y obra de almacenamiento y retención de agua en el tramo del Gállego comprendido entre la presa de Ardisa y la presa de La Peña, con independencia de su tamaño, que consideramos innecesarios.

 

2. Que estamos ante un tramo del río que tiene ya un claro destino social: ser lo que en estos momentos es; un lugar de extraordinario valor lúdico basado precisamente en su oferta de aguas bravas, generador de felicidades y de economías muy relevantes, de ilusiones colectivas, que en sí mismo representa ejemplo de modelo de desarrollo respetuoso y sostenible; una loable expresión de la nueva cultura del agua.

 

3. Que el hecho de que haya gentes en la zona dispuestas a aceptar la implantación de un gran embalse en razón de unos beneficios personales esperados como compensación a los supuestos perjuicios causados, y gentes que sólo ven la oportunidad legítima de vender unas tierras que de otra forma no tendrían mercado, no son argumentos morales de peso frente a la naturaleza, la magnitud, los simbolismo y la trascendencia de los valores en juego en un conflicto, que es un ejemplo de confrontación entre intereses particulares y valores colectivos; es decir, de posturas que por su propia naturaleza no tienen igual nivel de legitimación.

 

4. Que es precisamente desde el estudio de las múltiples caras de este conflicto (hidrológicas, económicas, culturales, humanas, lúdicas, patrimoniales,…) cuando un día nos inspiramos para lanzar la expresión, hoy mundialmente utilizada, de una Nueva Cultura del Agua, que no es sino un movimiento de regeneración hidrológica planteado a escala planetaria desde una nueva filosofía del agua que evite el holocausto hidrológico al que estamos abocados. Fue en Ayerbe donde el Día Mundial del Medio Ambiente de 1997 presentamos un libro con el contenido doctrinal de esa nueva hidrología.

 

5. Que nuestra posturas ante el conflicto están hoy abaladas por el testimonio de varias decenas de equipos de universidades españolas, europeas y americanas a los que hemos tenido ocasión de acompañar, para analizar con ellos la naturaleza integral del problema y del conflicto, percibiéndolo desde la proximidad del territorio y de sus gentes, … y desde la vivencia del río.

 

6. Que habiendo tenido oportunidad de llevar a la zona a eminentes intelectuales, a gentes de la ecología científica, a personas galardonadas con premios internacionales de medio ambiente y a relevantes políticos, podemos afirmar que su opinión unánime es que el destino del tramo de río Gallego que nos ocupa y del espacio que preside, es ser precisamente lo que ahora es. En esos términos precisos se expresó en su día doña Loyola de Palacio tras una interesante vivencia en la zona, en un loable intento de acercarse a la complejidad del problema. “Estas aguas donde mejor están ahora, es donde están, siendo río, generando todo lo que yo he visto y sentido estos días. Lo digo yo, que he sido ministra de Agricultura”.

 

7. Que en ese mismo sentido se expresó en su día un grupo de expertos latinoamericanos de catorce países diferentes que tuvieron la deferencia de visitar pausadamente la zona, y trasmitirnos después sus impresiones en una emotiva carta, que adjuntamos, publicada en su día en el libro “Los espejos del agua”[1].

 

8. Que cualquier especialista en paisaje, cualquier botánico, geomorfólogo, geógrafo o zoólogo, sabe del singular valor de este espacio, empezando por el llorado Félix Rodríguez de la Fuente, que instaló aquí un singular observatorio de la vida de los buitres. Así lo confirma cada año la asistencia de universidades españolas y francesas que vienen con sus alumnos a hacer diversas prácticas de campo de geología, geomorfología, botánica, etc. Cualquier historiador es consciente del valor de esta comarca tiene en el sentimiento de identidad aragonesa. Así lo prueba el hecho de que durante muchos años la estampa de la Galliguera, presidida por la grandiosidad de los mallos de Agüero y Riglos, fuera la carta de ajuste de los telediarios regionales.

 

9. Que el río, el paisaje y los elementos culturales de la comarca afectada constituyen una unidad indivisible de elementos estéticos, emocionales y culturales, que en estos tiempos de destrucción y desarraigo debe ser considerado un patrimonio de Aragón a preservar; de un Aragón desgraciadamente inmerso en un grave proceso de despersonalización y despatrimonialización de su territorio que vienen soportando con alarmante indolencia.

 

10. Que la gran singularidad añadida a toda esta realidad social, es la oferta lúdica de aguas bravas del río en su estado actual, que ha desencadenado no sólo una economía comarcal muy relevante, sino todo un mundo de ilusiones colectivas de futuro y un orgullo, que han convertido a la zona en un foco de atracción para una juventud dinámica y culta, que desde hace unos años ha empezado a asentar en ella su vida y su futuro. El espacio afectado por los proyectos de regulación genera hoy la atracción de más de 50.000 servicios de bajadas que pasan por las empresas del sector. Se estima que cada euro que queda en esas empresas son tres o cuatro euros más que se mueven en el conjunto de la comarca, que de una manera u otra dejan en ella los visitantes.

 

11. Que el auténtico “polígono turístico” que se ha generado al día de hoy en esta comarca, centrado en el valor lúdico del río y que es motivo de orgullo para Aragón y que supone una importante oferta de calidad de vida, ha sido conseguido sin el menor apoyo de la Administración, sin la menor inversión pública en infraestructuras básicas de acceso o acondicionamiento. Cualquier promoción oficial de la actividad y de la comarca que divulgara este sentido, supondría multiplicar de forma inmediata por tres la afluencia de gente. No estamos ante un planteamiento hipotético de un posible futuro, ante ninguna fantasía, sino ante una auténtica realidad; un claro ejemplo de ese “Aragón, agua y futuro”. Al tratarse de un autentico patrimonio colectivo no sólo de Aragón, sino de todo el país, el que esta en juego, entendemos que el colectivo de afectados por su destrucción, somos todos, incluidas las generaciones venideras

 

 12. Que cualquier inundación que subiera la lamina de agua en el cauce por arriba de la ubicación del actual puente de Santa Eulalia, supondría la ruina de todo ese potencial de bienestar, de ilusiones y de economía, en nada compensable con las vagas alternativas propuestas de un embalse de cola ni de rescatar el tramo comprendido entre la presa de La Peña y la central de Carcavilla.

 

13. Que, en otro orden de cosas, hay que destacar que el río Gállego es uno de los ríos más disfuncionados y regulados de Aragón y de la cuenca del Ebro; que ha pagado con creces su parte alícuota al progreso, que no necesita de ningún incremento adicional de su capacidad de regulación, sino de protección y defensa. Es un ríos que sufre ya los efectos de una gran disfunción, que en su curso bajo se ha traducido en un conjunto de impactos hidrogeomorfológicos y ecológicos graves, que han deteriorado de forma alarmante ese buen estado ecológico que nos exige la DMA, entre otras razones por la ausencia de las crecidas e inundaciones ordinarias, hoy prácticamente desaparecidas, que han hecho del Gallego un río casi muerto, un cadáver hidrológico. Los proyectos de regadío que todavía se ciernen en base a nuevas explotaciones del río que recogen algunas de las propuestas presentadas, serían la puntilla a esa situación agónica.

 

14. Que la justificación de un nuevo embalse como medio para “frenar las avenidas del Gállego” no es sostenible, porque, de hecho, desde que existe la red de embalses, incluido el de La Sotonera, las avenidas catastróficas ya no se producen, incluso no llegan a afectar a la llanura de inundación, ya que la dinámica del río ha quedado de hecho constreñida a su propio cauce.

 

15. Que la justificación de un nuevo embalse esgrimida ahora con la pretensión de laminar avenidas, nos parece un golpe de oportunismo social, un deseo de justificar ante los ciudadanos una obra desde un falso alarmismo, ante el que se sabe que la opinión pública es fácilmente motivable. En cualquier caso, tenemos que decir que una justificación así debería ir acompañada de un diagnóstico previo sólido de la situación, que como mínimo incluyera un inventario de las avenidas históricas registradas, de la cartografía de los espacios inundados, y de los daños ocasionados desde que han sido construidos los grande embalses de la cuenca,… no sea que cuesten más las cintas que el manto. En cualquier caso toda actividad y ocupación del terreno asentada sobre la zona potencialmente inundable es un riesgo que no se puede evitar ni con una razonable implantación de una red de embalses, sino desde una ordenación del uso de ese territorio. La experiencia así ampliamente lo confirma. Una lucha contra las avenidas requeriría una delimitación previa del dominio público hidráulico y del espacio potencialmente inundable, de la magnitud y procedencia espacial de los caudales responsables de esas inundaciones, de un mínimo inventario de actividades ubicadas en esos dominios, y de su situación legal.

 

16. Que dicho lo anterior, cualquier medida debería pasar antes por la alternativa de aplicar la ley y la reordenación de las actividades ubicadas en lo espacios potencialmente inundables, acompañada en su caso de las pertinentes medidas de defensa, estrategias de seguros, etc.

 

17. Que hay en la cuenca del Gállego infraestructura hidráulica suficiente y de normativa legal suficiente, como para hacer frente de forma razonable a los problemas de unas supuestas inundaciones.

 

18. Que la experiencia muestra de forma reiterada que las pretendidas justificaciones de los embalses con fines de laminación de avenidas, suelen ser pronto olvidadas, de forma que acaban siendo piezas supeditadas al incremento de los recursos disponibles, sea para generar electricidad y/o para ampliar las dotaciones de regadío.

 

19. Que nos sorprende el hecho de que entre las “propuestas complementarias” o compensatorias no figure ninguna en relación con la restauración o renaturalización del río, que un día no muy lejano fue hermoso hasta las mismas puertas de Zaragoza.

 

20. Que nuestra propuesta es la del máximo respeto al río, al entorno y a las personas afectadas, evitando toda obra hidráulica que pueda mermar su enorme potencial de valores, simbolismo, ilusiones, derechos legítimos y sentimientos de sus habitantes. Está fundamentada en la evidencia de que, en el peor de los casos, tal como muestra la documentación generada en el estudio del problema, existen numerosas y evidentes soluciones a las aspiraciones de los regantes que reclaman nuevas aguas del Gállego fuera de la propia cuenca, así como al pretendido problema de las inundaciones; son soluciones que no pasan por la construcción de ningún gran embalse en la zona. La simple integración del potencial de aguas subterráneas del bajo Gallego es en sí misma herramienta muy poderosa, que en ese sentido puede llegar a dar mucho juego

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 21. Que, en cualquier caso, queremos manifestar que apoyamos la propuesta de que si fuera obligada la detracción de aguas del Gallego para atender las demandas de los regantes -realidad difícil de justificar con argumentos de sostenibilidad económica social y medioambiental-, su almacenamiento debería hacerse en el propio territorio de quien demanda esas aguas. Sin entrar a valorar la justificación de la necesidad social de esos caudales esa solución sería, sin duda, la más ecuánime, la humanamente más justa y respetuosa con el amplio abanico de ciudadanos afectados. Un elemental análisis cálculo coste/beneficio mostraría, sin embargo, la irracionalidad económica de un proyecto así, que pretendería desvestir un santo para vestir otro; destruiría un evidente potencial económico no hipotético sino real, que no ha exigido ni exigirá inversiones públicas relevantes. Todo ello para favorecer un proyecto cuyo futuro es más que dudoso, que de entrada exige cuantiosas inversiones, sin unos beneficiarios concretos cuya posición social podamos valorar.

 

22. Que esperamos que la Consejería de Medio Ambiente y el Ministerio de Medio Ambiente sepan hacer honor a su nombre, que las supone instituciones creadas para la salvaguarda de los valores ligados al medioambiente.

 

23. Que hemos expresado muchas veces la paradoja de que si la gente afectada ahora por la degradación de su espacio en la Galliguera y por la ruina de sus legitimas aspiraciones de futuro, en vez de ser gente autóctona del territorio, fuesen emigrantes de segunda generación, el proyecto ni siquiera sería planteado, pues tanto el gobierno autónomo como el central correrían el riesgo de ser inmediatamente acusados de xenófobos.

 

24. Que, finalmente, queremos manifestar que no existe en nuestra opinión razón objetiva de necesidad de nadie que pueda justificar la destrucción de un espacio y unos valores como los que los proyectos de regulación propuestos ocasionarían, ni con los daños morales y quiebras morales que habrían de infringir a las personas afectadas, en especial a las que viven en el territorio y desean continuar en él. Si no implantamos una ética en nuestras conductas y aspiraciones, corremos el riesgo de hacer de la convivencia una verdadera jungla humana, es decir, una convivencia regida por la ley del más fuerte.

 

25. Que nuestra postura está planteada desde el firme convencimiento, avalado en este caso por nuestro saber profesional, de que existen soluciones alternativas a los problemas razonablemente planteados que no exigen la construcción de una nueva presa en el río Gallego, y menos en la Galliguera.

 

 

 

Francisco Javier MARTÍNEZ GIL y Alfredo OLLERO OJEDA.


[1] MARTINEZ GIL, F.J. (2003): “Los espejos del agua”. Ediciones del Genal págs 66 y 67. Málaga

Voto particular de la Universidad de Zaragoza al PIHA en la Comisión del Agua

 

 

 

EXPLICACIÓN DEL VOTO PARTICULAR NEGATIVO AL PUNTO 3 DEL ORDEN DEL DÍA DE LA REUNIÓN DEL PLENO DE LA COMISIÓN DEL AGUA EN RELACIÓN CON EL PLAN DE INFRAESTRUCTURAS HIDRÁULICAS DE ARAGÓN

QUE HACEN LOS ABAJO FIRMANTES EN CALIDAD DE REPRESENTANTES DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA EN DICHA COMISIÓN 

UN AGRADECIMIENTO PREVIO

 

Es deber elemental de cortesía comenzar la explicación de este voto particular expresando nuestro agradecimiento a quienes en su día asumieron la ingente y nada fácil tarea de recoger los grandes problemas del agua en nuestra Comunidad, tratando de poner de acuerdo a las partes implicadas en los diferentes conflictos sociales que este tipo de problemas suelen conllevar, comprometiéndose a redactar un documento final que, a modo de propuesta fuese un proyecto de Plan de Infraestructuras Hidráulicas para Aragón (PIHA), sometido hoy a nuestra consideración. Es de agradecer el tono de respeto habido en todas las reuniones de trabajo

 

Es igualmente obligado reconocer lo mucho que se ha avanzado en el conocimiento de las diferentes formas de percibir los problemas del agua por cada uno de los colectivos representados en la Comisión. Ese avance ha sido posible gracias a un largo proceso de dialogo, a todas luces enriquecedor. Gracias a ese proceso sabemos hoy mejor que antes cuál es la verdadera dimensión de cada conflicto, cuáles las alternativas y propuestas, cuáles las aspiraciones de cada colectivo, y bajo qué argumentos sociales, económicos, medioambientales y éticos se sustentan, en una compleja realidad en la que, por su propia naturaleza, se mezclan intereses frente a valores, aspiraciones legítimas frente a derechos, intereses minoritarios organizados frente a intereses colectivos no organizados.

 

Pese a todo, no cabe duda de que el conjunto de documentos que conforman este PIHA , constituye un valioso cuerpo de información de gran utilidad para quien, en su día, tenga la responsabilidad última de tomar las pertinentes decisiones.

 

 

UNAS BASES ÉTICAS AUSENTES

 

 Dicho lo anterior, manifestamos nuestro voto negativo al referido Plan de Infraestructuras Hidráulicas de Aragón por entender que un plan de obras no puede ser en sí mismo un fin, sino un medio para la consecución de unos objetivos previamente definidos sobre las bases de unos principios sociales, económicos, medioambientales, culturales, humanos y éticos, que al día de hoy no han sido aún definidos, que harían que los conflictos fuesen menores y de otra naturaleza.

 

La tecnología hidráulica desarrollada en las últimas en materia de construcción obras de almacenamiento y conducción, ha permitido el afloramiento de unas apetencias ilimitadas por el agua, en especial cuando esas obras son ejecutadas con cargo al Estado, que ha hecho surgir una auténtica obsesión por el derecho al reparto del agua entre los sectores interesados en su beneficio y explotación, generando apetencias que no tienen límite de satisfacción posible si no es desde unos principios éticos y desde una racionalidad económica y medioambiental

 

A escala estatal, esa realidad es precisamente la que mantiene la disputa interminable de los trasvases de unas cuencas a otras; que a escala de Aragón es la causa del viejo enfrentamiento entre regantes e hidroeléctricos por un lado, y las gentes de los territorios desposeídos y afectados por otra.

 

Esa apetencia insaciable por el agua no tendrá límite de satisfacción posible si no es desde el respeto a una serie de derechos de las personas y de los territorios, desde el reconocimiento de que en cada territorio existen una serie de valores naturales que no deben ser destruidos, no sólo ecosistémicos, tal y como reconoce y obliga la Directiva Marco, sino también estéticos y emocionales, que forman parte de la propia identidad de los territorios y de la vinculación de las personas con ellos. En este sentido la Nueva Cultura del Agua va todavía más lejos que la Directiva Marco al incluir el derecho a la preservación de esos valores

 

Por otra parte no debemos olvidar a la hora de trazar un PIHA que la Directiva Marco del Agua hace preceptivo que el análisis de los problemas y alternativas propuestas sea contemplado siempre desde la unidad demarcación hidrológica, como una unidad funcional, que incluye la cuenca hidrográfica es decir la zona litoral afectada por la llegada de aguas dulces al mar.

 

En todo conflicto hay, por definición, unos actores sociales; la solución no implica la necesidad de llegar a arreglos entre las partes en los que cada una de ellas deba ceder en sus aspiraciones en beneficio de las otras, dado que los intereses en juego no siempre están igualmente legitimados. Hay conflictos en lo que una de las partes es el “invasor” y la otra el “invadido”. Hay intereses que por su propia naturaleza no pueden generar derechos, ni obligar a la parte afectada a ceder en sus posturas en aras de una solución intermedia en la que no haya vencedores ni vencidos.

 

Ocurre también que en los conflictos del agua siempre hay grandes intereses sociales que, pese a ser mayoritarios, no están organizados y, por tanto, reconocidos sus actores a la hora de buscar o pactar las soluciones justas. ¿Quién defiende, por ejemplo, a las decenas de miles de usuarios lúdicos de las aguas bravas de un tramo de río amenazado de destrucción, como pueda ser el caso de proyecto de embalse de Biscarrués? ¿Quién defiende los derechos de las generaciones venideras si no son reconocidas como actoras de los conflictos?

 

En muchos de los conflictos del agua, como en todos los conflictos medioambientales, es frecuente el enfrentamiento entre intereses materiales y valores trascendentes, de forma que estamos obligados a reconocer que hay derechos que por su propia naturaleza no son votables, frente a los cuales no es válida la razón de la mayoría. La grandeza de la democracia está, precisamente, en la garantía de esos derechos. En ese sentido, la decisión de no inundar un pueblo no puede ser considerada como un gesto de generosidad o una cesión en los derechos legítimos de ninguna de las partes, porque estamos ante un derecho consustancial del ser humano.

 

Ocurre también que hay personas y sectores importantes de la sociedad que todavía permanecen anclados un mundo de inercias culturales y en el disfrute de unos privilegios adquiridos, hoy obsoletos e injustos; son sectores que no llegan a entender que los ríos no son sólo un bien natural a explotar, sino que allí donde están cumplen unas funciones de naturaleza y de vida, formando parte de un orden natural, que no es prudente, sabio ni moral transgredir más allá de un determinado nivel; un nivel que en la mayoría de los ríos aragoneses hemos sobrepasado ampliamente.

 

La toma de conciencia de la gravedad de esa trasgresión es, precisamente, la razón que inspira la filosofía hidrológica de un documento de la envergadura de la Directiva Marco del Agua, a aplicar a escala de todo continente, pues de otro modo estaríamos abocados al holocausto hidrológico total de Europa.

 

Si difícil es para muchos sectores sociales aceptar que los ríos cumplen esas funciones de naturaleza que deben ser respetadas dentro de unos límites, resulta casi imposible que acepten y entiendan que los ríos son también sentimientos, patrimonios de naturaleza, de historia y memoria de los pueblos ribereños; que forman parte de un potencial de emociones lúdicas, de belleza, y de espiritualidad. No llegan a entender que los ríos son elementos consustanciales de los territorios, de forma que su destrucción no es sólo una cuestión física; es también una auténtica amputación espiritual. La pérdida del poder evocador de un río es la destrucción de un sentimiento de arraigo, al que todo ser humano tiene derecho.

 

En este sentido, el PIHA sometido a la consideración de los miembros de la Comisión del Agua no recoge ninguna reflexión; la filosofía sutil que lo inspira sigue siendo la del aprovechamiento y el reparto del agua en beneficio de unos sectores productivos determinados, sectores que de hecho son ya los auténticos dueños de los ríos que discurren por la Comunidad.

 

Hay ríos, cabeceras o tramos -hoy auténticos restos de un naufragio hidrológico general-, cuyo destino no debería ser hoy ya otro que el de continuar siendo ríos; es decir, un legado al que tienen derecho las generaciones presentes y venideras: son ríos que en sí mismos representan valores de belleza, patrimonios de memoria, de historia e identidad del territorio aragonés, que no pueden ser destruidos ni mermados, ni pueden objeto de mercado. En este sentido el PIHA no recoge ninguna reflexión ni compromiso concreto alguno; es como si la explotación del agua en aras de un pretendido interés general y de unos viejos derechos históricos en buena obsoletos, lo legitimara todo.

 

Hay que recordar que no es función de la Comisión del Agua tomar decisiones, ni aprobar por mayoría alguna ninguna propuesta, sino simplemente constatarlas y emitir los juicios pertinentes ante quienes en su momento tengan que tomar las decisiones oportunas; su naturaleza es simplemente consultiva, de forma que ninguna postura puede ser legítimamente anulada ni impuesta por una simple razón de mayoría de votos.

 

En resumen, lo que queremos decir es que antes de elaborar ningún plan hidrológico, y por supuesto mucho antes de elaborar un simple plan de obras hidráulicas, estamos obligados establecer unos principios rectores, una ética hidrológica, una especie de reglas morales del juego que descarten determinadas aspiraciones, determinados intereses y, en definitiva, la posibilidad de determinado tipo de conflictos.

 

Una vez establecidas esas reglas es cuando procede pasar a definir los problemas, siempre desde un ineludible proceso de participación social. En la definición de los problemas es obligado el rigor científico /técnico sea hidrológico, económico, o medioambiental, expresado a través de una mínima situación de consenso entre los expertos, más allá de los intereses y visiones parciales de las partes. Los problemas, así definidos, deben ser luego tipificados por su relevancia y su urgencia. Hay problemas sobre los que es posible el consenso inmediato, cuya solución no debería ser demorada, y problemas que requerirán más debate y maduración.

 

Es aquí, en esta fase del proceso planificador, cuando se puede proceder al análisis de alternativas, que deberán ser preceptivamente elásticas; es decir, deben contemplar la reversibilidad, de modo que no acaben siendo hipotecas vitalicias sobre los territorios afectados ni derechos eternos una vez que hayan pasado las circunstancias que obligaron a adoptarlas. Es justamente en este momento del proceso planificador cuando tiene sentido hablar de un plan de infraestructuras hidráulicas, y no antes.

Acuerdo Comisión del Agua 20J

El acuerdo sometido a votación es el siguiente:

1.    Visto el Documento de Conclusiones, elaborado por la Ponencia de Obras del Pacto del Agua.

2.    Vista la propuesta de redacción del punto “2 frenar las avenidas del Gállego” del documento de conclusiones de la Ponencia de Obras del Pacto del Agua que recoge la información facilitada por el Presidente de la Ponencia corregida técnicamente tras el proceso de interlocución celebrado por el Presidente del Instituto Aragonés del Agua del 10 al 17 de julio de 2006.

3.    Vistas las  propuestas complementarias incorporadas tras el proceso de interlocución llevado a cabo por el Presidente del Instituto Aragonés del Agua del 10 al 17 de julio de 2006.

4.    Vistos los informes elaborados por el Instituto Aragonés del Agua que recogen las diferentes posiciones manifestadas por los miembros de la Comisión del Agua en el proceso de interlocución, incluidas las propuestas relativas a la no realización de ninguna pieza de regulación en el cauce del Gállego.

El Pleno de la Comisión del Agua de Aragón, acuerda:

“Elevar el Documento en su conjunto, que comprende las conclusiones de los trabajos desarrollados por la Ponencia de Obras, la redacción del punto 2, las aportaciones complementarias incorporadas a lo largo del proceso de interlocución y los informes del Instituto Aragónes del Agua, a las Instituciones y Órganos competentes para que , bajo los principios de coordinación y colaboración, aborden sin dilación la solución definitiva y la ejecución de los compromisos derivados de la misma, en el ejercicio de sus competencias”

Comisión del Agua

Alegaciones a las Bases de la Política del Agua

Presentadas por COAGRET: pdfAlegaciones de COAGRET a las Bases de la Política del Agua de Aragón242.54 KB
Presentadas a nivel individual: pdfAlegaciones a las Bases de la Política del Agua de Aragón56.28 KB

Comisión del Agua del 20J 

Acuerdo alcanzado sobre Biscarrués

El acuerdo NO decide realizar el embalse. Acuerdo Comisión del Agua 20J  

Votos particulares de la Universidad de Zaragoza

Voto particular de la Universidad de Zaragoza al PIHA en la Comisión del Agua
Voto particular de la Universidad de Zaragoza a la regulación del Gállego en la Comisión del Agua  

Cartas de COAGRET

Carta al Consejero el 21 de Julio de 2006
Carta al Presidente de Aragón del 21 de Julio de 2006
Carta al Justicia de Aragón del 24 de Julio de 2006  

Alegaciones al proceso de información pública de las Bases de la Política del Agua

pdfAlegaciones de COAGRET al proceso de información pública de Bases de la Política del Agua de Aragón39.48 KB

Estudio de garantías sobre Biscarrués encargado por la ISM. 

pdfEstudio de garantías sobre Biscarrués1.96 MB

Propuesta de COAGRET al Consejero Alfredo Boné

Carta a Alfredo Boné de día 17 de Julio de 2006  

Bases de la política del Agua de Aragón.

pdfPropuesta resolución al documento de las Bases del Agua de la política del Agua de Aragón (EbroVivo)99.65 KB

pdfDocumento ponencia de las Bases de la política del Agua de Aragón449.51 KB