La culpa que el agua no se lleva

EL PAÍS

(22/02/2012)

La Confederación Hidrográfica Miño-Sil abre un expediente sancionador a un pueblo por rescatar el campanario de una capilla durante el vaciado de Belesar

Lo más prudente en Reiriz es permanecer callado. Mejor no dar muchas pistas mientras no se sepa lo que va a pasar. Y, sobre todo, lo más importante, no señalar a nadie. Porque si es que al final hay culpa, que tampoco está claro, aquí mejor será que sean todos culpables. Todos a una, salvo la persona que levantó la liebre; el tercero que se quejó a las autoridades y, según los vecinos de esta parroquia de O Saviñao, mandó a pique el sueño recién emergido de todo el pueblo.

Ahora el agua del embalse de Belesar ha vuelto a borrarlo todo excepto los recuerdos, revividos con el drenaje por obras de este verano, y un proceso administrativo que puede desembocar en multa. Fenosa ahogó en 1963, en este extremo del pantano, aldeas, caminos, puentes, bodegas, viñedos, labradíos abrigados, excepcionales, y el final de un río, el Pez, cargadísimo de truchas. Entre la primavera y el verano pasados, por primera vez en 48 años, el nivel descendió tanto que la gente pudo volver caminando sobre seco a sus casas, y se las encontró enlamadas, invadidas de caparazones de cangrejo, pero intactas. Entre tanto escenario del pasado milagrosamente conservado, volvió a tomar el sol la capilla de la aldea de Portomeñe, y aquel campanario sin campana, pero muy «feito», que muchos mayores todavía sabían dibujar pasadas casi cinco décadas desde su hundimiento.

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