«El agua es un elemento muy movilizador porque se vincula mucho con la vida»

DIARIO DEL ALTO ARAGÓN

(02/06/2011)

Pedro Arrojo, profesor de la Universidad de Zaragoza y coordinador del libro «La rebelión de la montaña»

«El agua es un elemento muy movilizador, no sólo en Aragón, sino en toda España y en el mundo, porque se vincula mucho con la vida». Así comienza a explicar el profesor de la Universidad de Zaragoza Pedro Arrojo la capacidad que ha demostrado el agua para mover a grandes masas de personas haciendo suya una causa que no tenía por qué afectarles de forma directa.

Arrojo, que ha coordinado La rebelión de la montaña, de la colección Nueva Cultura del Agua y que ayer presentó en la Feria del Libro de Huesca, toma como punto de partida dos de las tesis doctorales que ha dirigido, una de ellas leída en la Universidad Autónoma «en la que se abordaba «lo que fueron los casos de Yesa y el Matarraña, dos extremos, porque en uno se alcanzó un acuerdo, y otro de quiebra de diálogo y mala resolución», y una segunda en la que una alumna de la Universidad mexicana de Guadalajara abundaba, entre otros casos, en el de Biscarrués.

«El caso es que las dos tesis eran complementarias y acabé haciendo este librito con la esencia de las contribuciones de ambas tesis. Y lo que viene a hacer es un poco un repaso y un análisis histórico de lo que ha sido este fenómeno, que dio lugar incluso a esa bandera que luego a hecho fortuna a nivel internacional y que nace en Aragón en torno a esa nueva cultura del agua».

Arrojo se refiere a «esa rebelión de pueblos pequeños, de montaña, la mayoría de ellos en el Pirineo aragonés, que pasaron de ser grupos marginales, con muy poca fuerza, muy poca capacidad de presión y de expresión, a convertirse en un movimiento ciudadano de trascendencia internacional».

«Se trata de ver qué pasó y, sobre todo, esa historia y su análisis, cómo consiguen organizar esas manifestaciones que sacaron a las calles a un millón de personas en apenas un año», circunstancia que, a su juicio, responde a varias claves. «Por una parte, la necesidad de un cambio en las políticas hidráulicas que nos venían heredadas de teorías, planteamientos y teorías de hace más de un siglo», dejando atrás los enfoques del regeneracionismo de Costa y apostando por políticas sostenibles para el medio ambiente y eficaces para la economía.

«Y yo creo también que ayudó el hecho de que el movimiento fuera no violento y muy integrador, que se pasara de los afectados, unos pocos pueblos con cientos de vecinos, apenas, a un sentimiento mancomunado de dignidad de la montaña, de dignidad territorial. Entonces los afectados eran miles, con un sentimiento territorial» que reunió «razón y corazón» haciendo crecer con ello la denominada Nueva Cultura del Agua.