El cauce del Ebro se ha reducido a menos de la mitad desde 1927

HERALDO DE ARAGÓN

(02/01/2011)

Un estudio comprueba que el cauce del Ebro se ha reducido a menos de la mitad desde 1927

Un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid sobre los cambios que ha experimentado el Ebro en su tramo medio ha puesto de manifiesto que a lo largo del siglo XX la anchura del río se ha reducido, de media, más de un 50%. La expansión de los campos de cultivo, la construcción de motas y otras modificaciones relacionadas con la alteración del régimen de caudales han provocado que el cauce del Ebro haya ido perdiendo más de la mitad de la superficie que ocupaba hace 80 años.

Este fenómeno tiene evidentes implicaciones en los efectos y en la gestión de las avenidas, pero a la transformación que ha sufrido el tramo medio del Ebro han contribuido otros muchos procesos hidrológicos y geomorfológicos que también han sido analizados en este estudio. Su autor, el investigador del Cedex (Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas) Fernando Magdaleno, ha constatado la desaparición de unos 90 kilómetros de orilla -ahora las riberas son mucho menos sinuosas-; la reducción en más de un 50% del espacio que puede inundarse libremente en caso de crecida; y la cada vez mayor fragmentación de las manchas de vegetación -la superficie de bosques de ribera ha caído un 35%-.

En el origen de muchas de esas modificaciones está la alteración del régimen hidrológico. El estudio ha comprobado que la construcción de embalses ha atenuado en gran medida los estiajes naturales del río al incrementar notablemente los caudales de verano: en agosto y septiembre el Ebro baja con más del doble de agua de la llevaba cuando no estaba regulado.

La investigación ha sido dirigida por el catedrático de Hidrología José Anastasio Fernández Yuste, y ha contado con dos fuentes de información principales: las series históricas de caudal de la estación de aforos de Zaragoza y las imágenes aéreas del tramo medio del Ebro que la Confederación captó en 1927, 1957 y 2003. Las series históricas han permitido contrastar los caudales que llevaba el Ebro entre 1913 y 1945, cuando apenas existían embalses, con los del periodo 1959-2004, época en la que el río ya estaba regulado. La comparación ha puesto de manifiesto que la construcción de pantanos ha provocado una cierta reducción en la magnitud y la frecuencia de las avenidas. Sin embargo, esa disminución es «mucho menos acusada» que el aumento que se ha producido en el caudal medio de los meses de verano.

Así, se ha constatado que, debido a la regulación, durante el periodo 1959-2004 el Ebro presentó en agosto un 137% más de caudal que en el periodo 1913-1945: de 24 /s se pasó a 57 m /s. En septiembre, el aumento fue del 104%: de 35 /s se pasó a 73 m /s. «El Ebro es un río mediterráneo con grandes diferencias de caudal entre la primavera o el invierno y el verano -recuerda Fernando Magdaleno-. Al llevar más agua en los meses estivales, su régimen hidrológico se ha homogeneizado, y eso ha propiciado una serie de cambios geomorfológicos y ecológicos que ha su vez han favorecido la ocupación de sus márgenes por parte del hombre». De forma resumida, esas transformaciones han consistido en una reducción de la variabilidad física y ecológica de un río que cada vez es más igual: sus ecosistemas y sus formas se están simplificando, y además es menos dinámico -el cauce se mueve cada vez menos-.

Para cuantificar la magnitud de los cambios, el autor del estudio se ha valido de las fotografías aéreas tomadas por la CHE en 1927 entre Rincón de Soto (La Rioja) y La Zaida (Zaragoza). En aquel tiempo el hombre ya había ocupado buena parte de la llanura aluvial del Ebro, pero aún existían importantes áreas en las que el Ebro fluía libre y los hábitats fluviales subsistían en estado casi natural.

A partir de las imágenes de principios del siglo XX, y comparándolas con otras posteriores, Magdaleno ha calculado cuánto espacio le ha ganado el hombre al río. Su conclusión es que tanto la anchura del cauce como el territorio fluvial del Ebro -lo que se puede inundar sin obstáculos- se han reducido más de un 50%.

La sinuosidad de las riberas también se ha visto «intensamente» menguada, de forma que, en un tramo lineal de 250 kilómetros, Magdaleno calcula que se han perdido unos 90 kilómetros de orilla entre ambas márgenes. «Antes las orillas tenían entrantes, salientes, meandros antiguos, zonas encharcadas… pero el hombre las ha modificado haciendo que sean rectilíneas y simples -explica este investigador del Cedex-. Al hacerlo, ha aumentado la presión sobre los ecosistemas acuáticos, porque la actividad humana va en aumento y las orillas, en retroceso».

En cuanto a la vegetación, el estudio ha comprobado que lo que a principios del siglo XX era una estructura «en mosaico» con distintas manchas verdes diseminadas a lo largo de una franja formada por el territorio fluvial se ha convertido en una estructura «lineal» en la que la vegetación forma una estrecha hilera junto al eje del río. La superficie de los bosques de ribera se ha reducido un 35%; el tamaño medio de los fragmentos de vegetación ha caído a la mitad; se han perdido los sotos de mayor calidad ecológica; y las manchas verdes cada vez están más aisladas entre sí. Por último, la investigación ha analizado los parámetros que definen la forma de los meandros del Ebro: amplitud, radio de curvatura, longitud de onda… Su conclusión es que no han variado, algo que para el investigador del Cedex no es contradictorio. «El Ebro ha pasado de un equilibro dinámico a un equilibro estático -sostiene-. Su actividad ya no provoca cambios en su fisionomía, sino que contribuye a mantenerlo tal cual está ahora».

Para Magdaleno, todos estos procesos han contribuido a crear un río totalmente distinto. «El Ebro ya no es el que era. Nos hemos atrevido a colonizar zonas en las que antes no entrábamos y volver a la anterior situación tendría un enorme coste político, económico y social -dice-. Aún hay zonas que se pueden recuperar, pero hace falta actuar pensando en el medio y el largo plazo».