Claro que sí

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(19/04/2008)

El Independiente por J. L. Trasobares

Pues claro que sí, hijos míos, cómo no voy a estar contra al trasvase barcelonés que nos han endiñado por lo bajini la Generalitat catalana y Rodríguez Zapatero. Ya sé que es para agua de boca y proviene de lo contingentado en otra transferencia previa. Pero…
 
Conste que este trasvase de ahora estaba escrito de antemano. Desde el mismo momento en que UCD y PSOE nos colaron (hace ya unos añitos) el llamado minitrasvase a Tarragona, el riesgo de que alguien pensase en alargar la tubería estaba ahí, omnipresente. Porque eso es lo malo que tienen las transferencias, todas ellas: que no sólo generan unos irreversibles derechos externos sobre el agua (los 120 hectómetros cúbicos de los regantes tarraconenses, por ejemplo), sino que además invitan a ir cada vez más lejos. Si estuviese en activo el Cherta-Calig, ya tendría Camps el agua en casa.
 
De todas formas, decir que no a éste o aquél trasvase no significa hoy gran cosa. Hay en marcha una guerra territorial por el agua que la demagogia política de los últimos decenios y el cambio climático no haran sino enconar. Y ante cada situación cada cual clamará sí o no según esté en Barcelona, en el Delta, en Aragón, en Valencia o en los plásticos de Murcia y Almería. Pero en un horizonte de sequía y desertificación lo que hay que plantearse es un cambio radical en la política de aguas. No vale oponerse al trasvase si luego se da por bueno que los cañones de nieve artificial de las estaciones de esquí perturben muy seriamente el nacimiento de los ríos pirenaicos. No tiene sentido escandalizarse por la imprevisión de Barcelona y su área metropolitana cuando Zaragoza, con tres ríos y un canal, está esperando como agua de mayo (nunca mejor dicho) la que debe venir desde Yesa, allá arriba.
 
Ojo con el agua. El trasvase Tajo-Segura nos indica lo que puede pasar si esto no se racionaliza. Camps y Valcárcel andan encampanados diciendo cada vez mayores barbaridades. Con sus mensajes hidroilógicos estos tipos empiezan a ser más peligrosos para la cohesión de España que todos los independentistas periféricos.