Casi un millar de personas se concentra contra las obras

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(07/10/2007)

La iniciativa ciudadana ha conseguido reunir por el momento 900 firmas

Casi un millar de personas acudieron ayer a una concentración en las Arcadas del Ayuntamiento de Sangüesa para reiterar su oposición al recrecimiento del embalse de Yesa. Hasta ahora, las firmas recogidas por la iniciativa Yesa+No, Vida+Sí, organizadora del acto y cuya presentación tuvo lugar el pasado 7 de septiembre en Sangüesa, ascienden a 900.

Bajo el lema: Yesa no, por seguridad, la iniciativa ciudadana pretende conseguir el objetivo de paralizar la nueva presa, "por prudencia y por sentido común", según expresa el colectivo en un comunicado, temor que tiene su fundamento en los informes técnicos emitidos por autoridades en la materia.

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La tierra es sagrada; la economía de mercado, no

Tras pasar el mes de septiembre en Canadá, me reincorporo de nuevo al trabajo y a los temas de nuestro país. Ha sido una experiencia estupenda, por lo bello que es el país y sobre todo por la gente que he tenido la suerte de conocer. He estado principalmente en Manitoba y Ontario, provincias del centro de Canadá.

En Manitoba he participado en reuniones con gente que está trabajando para impedir que el Gobierno construya una serie de presas en el norte de la provincia, y arrase con ellas lo que queda de algunos territorios y reservas indias. Se sienten solos y aislados, pues las campañas de propaganda del gobierno son muy fuertes y se acusa a las comunidades indígenas de estar oponiéndose al progreso y a una fuente de electricidad “limpia”. Las presas son para vender electricidad a EEUU, con unas tarifas que son de las más bajas del mundo, y que no tienen en absoluto en cuenta los costes sociales y ambientales del proyecto.

Estas nuevas presas se añaden a las ya construidas en los años 70. En esa época se hizo un trasvase de más del 75% del agua del río Churchill hasta el río Nelson, para concentrar caudales y producir más electricidad, los dos ríos (que desembocan en la Bahía de Hudson), y el lago Winnipeg, uno de los más grandes del mundo, se convirtieron en tuberías de hormigón, y almacenes de agua, llenos de presas y conectados de forma artificial entre sí, con sus sistemas y funcionamiento naturales totalmente alterados. El sistema de presas y trasvases se hizo contra la voluntad de los nativos dueños de los territorios y reservas anegados por las aguas. No se hicieron estudios ambientales, ya que Manitoba Hydro, la empresa estatal encargada de las obras y de producir electricidad, dijo que “No tenemos tiempo para esperar hasta que los estudios estén completados. Nuestro trabajo es producir electricidad”. Las consecuencias ambientales han sido desastrosas, ya que el régimen natural de las aguas ha sido cambiado según las variaciones en la demanda eléctrica. Los ecosistemas riparios han sido destruidos, los lagos y ríos se desecan o se llenan hasta inundar sus márgenes, al antojo de la compañía. Como consecuencia de lo anterior, los márgenes de los ríos se erosionan y caen dentro de los lagos, islas enteras desaparecen. Los nativos han visto como los restos de sus antepasados emergen entre el barro, tras la erosión de los sitios de enterramiento, que ellos consideran sagrados. La magnitud de la erosión provoca que multitud de árboles caigan en las aguas, y medio sumergidos, provocan numerosos accidentes para los que navegan en botes. En estos accidentes ha muerto gente, pero el presidente de Manitoba Hydro dijo que “este es el coste de hacer negocios”. La economía tradicional nativa, basada en la caza y la pesca, ha sido arrasada por las obras y las presas, contribuyendo al alto desempleo, pobreza, decadencia cultural y ruptura social. Antes de hacer las presas el 80 % de la población nativa vivía de la caza y la pesca. Ahora, el 80 % de la población está desempleada, y el índice de alcoholismo y suicidios es altísimo.

En la actualidad, Manitoba Hydro y el Gobierno planean construir una serie de nuevas presas (hasta 15) en el sistema de los ríos Churchill y Nelson, para producir más electricidad y poder exportarla al país vecino. Pero obviamente, las cosas no son como en los años 70, y las tácticas han cambiado. Para evitar la frontal oposición de las comunidades nativas, se les propone participar ahora como dueños de hasta el 33% de la propiedad de la presa de Wuskwatin, y compartir los beneficios. Para ello deberán aportar a Manitoba Hydro 84 millones de dolares, que la compañía les “presta”. De esa manera, comunidades muy pobres se van a endeudar hasta las cejas durante décadas, y van a ver de nuevo sus tierras inundadas y arrasadas. Esto ha dividido a las comunidades nativas. Unos quieren el dinero, y otros no. Los que se oponen dicen que el gobierno ya les engañó con los Tratados del siglo pasado, por los que se constituyeron las reservas indias. También les engañó con los acuerdos que se firmaron en los años 70, tras la construcción de la primera tanda de presas. Las compensaciones prometidas nunca han llegado y los perjuicios han sido mucho mayores de lo que se anunció. No tienen ningún motivo para creer que ahora vayan a cumplir nuevos tratados, contratos y promesas, y en todo caso ¿tienen precio los ríos, lagos y tierras que ellos consideran sagrados?.

Los Pimicikamak, una de las comunidades nativas más afectadas, han dicho que ya está bien de que los engañen y destruyan sus tierras y medios de vida en nombre de un progreso y un interés general basado en su sufrimiento. El mensaje de los Pimicikamak es que la tierra es sagrada, pero la economía de mercado, no.

De esta manera, con la ayuda de otros grupos, han iniciado una campaña para informar a los consumidores de electricidad en Manitoba y EEUU sobre las violaciones de derechos humanos y devastación ambiental causada por el mega-proyecto hidroeléctrico. Lo tienen difícil, porque las contracampañas informativas del Gobierno son abrumadoras, y el problema apenas se conoce, ni dentro ni fuera del país.

Les estuve contando lo que había pasado también en España en los últimos 50 años, les hablé de las presas construidas, de los pueblos inundados, del trasvase del Tajo, que también se lleva el 75% del agua de uno de los mayores ríos de España porque económicamente rinde más en otra zona del país, les hablé del proyecto de trasvase del Ebro, de cómo grupos de personas afectadas, con el apoyo de la universidad, se agruparon para decir “basta”, les expliqué lo que es la FNCA…. Ellos preguntaban, “entonces ¿lo que nos está pasando a nosotros está pasando también en España?”.

Se mostraron muy interesados en estar en contacto con grupos de afectados en España, y en intercambiar experiencias e información. Obviamente, los países son distintos, pero las raíces del problema, del modelo de desarrollo y progreso que tenemos, que arrasa todo en nombre del beneficio económico y del bien común, son bastante parecidos.

Han hecho un documental, que se llama “Green Green Water” y que explica el viaje de una consumidora de electricidad de EEUU hasta el norte de la Bahía de Hudson, para conocer de cerca los costes reales, ambientales, sociales y personales, de la electricidad que consume. Aunque el gobierno de Canadá, defiende que es electricidad “limpia” y que según el protocolo de Kyoto debería compensársele por producirla, lo cierto es que sus costes e impactos reales hacen que no pueda considerarse así, y en todo caso una parte importante de bosque boreal canadiense (“el pulmón del Norte del planeta”) se ve seriamente afectada por los proyectos hidroeléctricos. Se puede ver un resumen del documental “Green Green Water” y más información sobre el tema, en esta página web www.greengreenwater.com

Como comenta Leandro, en temas de agua, los frentes abiertos son muchos, y en España lo sabemos sobradamente. Sin embargo creo que el estar en contacto unos con otros, e incluso con afectados de otros países, permite que veamos como casi con precisión matemática, determinados factores siempre se repiten, aunque las zonas, los gobiernos y las gentes varíen. Y sobre todo, permite que nos apoyemos unos a otros, y fundamentalmente, que sepamos. El desconocimiento, la desinformación, la manipulación y el “no pasa nada”, son las principales armas que se utilizan para sumir en el ostracismo y la impotencia a quien se atreve a decir que este modelo de progreso, y el precio a pagar por él, no sirve.

Me comprometí con la gente de allí a explicar su problema en España. Para ellos, el que esto se conozca dentro y fuera de su país, es un paso muy importante, y da sentido al esfuerzo que están haciendo.

María Soledad