El dragado del Ebro en Zaragoza: hacia la destrucción del río

HERALDO DE ARAGÓN

(09/08/2007)

No se debe permitir el dragado propuesto para ir en barca por un trocito del Ebro en Zaragoza. Como científicos que conocemos e investigamos nuestros ríos y como expertos en restauración fluvial no admitimos que los ríos se sigan destrozando. El Ebro no es ni debe ser un canal de navegación.

El dragado propuesto ahora, desde el Puente de Piedra hasta el embarcadero de la Expo en Ranillas, demuestra claramente la insostenibilidad del azud y de las embarcaciones previstas. El azud, muy negativo para el río, era y es prescindible, y si se quería ir por el río se tenía que haber pensado en embarcaciones de poco calado. El dragado de 8.500 m3 provocará alteraciones geomorfológicas en el cauce. El canal que se cree, de 15 m de ancho y 1,2 m de profundidad, habrá que mantenerlo con continuos dragados, ya que cada crecida o episodio qe aguas altas volverá a colocar las gravas en su sitio.

Será también insostenible económicamente. En fin, una chapuza más que sumar a las eliminaciones abusivas de vegetación natural, a las erosiones y sedi­mentaciones provocadas por la mal planificada construcción del puente del Tercer Milenio, a los múltiples destrozos justificados por las prisas para llegar a tiempo al evento.

Los científicos lo dijimos y lo decimos claro. Y las autoridades y políticos responsables no deberían admitido. El azud y el dragado van a suponer el mal estado ecológico del Ebro a su paso por Zaragoza. En Europa estas cosas van en la dirección opuesta y aquí no se deberían permitir estas actuaciones insostenibles, que incumplen la Directiva del Agua y son contrarias a los objetivos del PORN del Ebro y del Plan de Conservación de la 'Margaritifera auricularia'. Muchos seres vivos van a ser afectados negativamente y otros, invasores y perjudiciales para la salud humana, se verán favorecidos a causa de estas actuaciones.

El Ebro en su conjunto y en buen estado de conservación es un patrimonio natural que debemos defender y conservar, porque cumple funciones y nos da servicios mucho más valiosos que la limitada navegación por un tramo de pocos kilómetros. Se debe dar ejemplo y contemplar el río en su unidad de cuenca y no permitir que la excusa de las prisas o la corta perspectiva sirvan de mal ejemplo de gestión fluvial.

El Gobierno de Aragón, en su escasa competencia en estos asuntos, ha informado favorablemente la solicitud nada documentada de dragado. Y con esto se invalida a sí mismo para tener mayores competencias. La Confederación Hidrográfica del Ebro también ha dado el visto bueno, no haciendo valer su autoridad en el dominio público hidráulico en el sentido de protegerlo y dar ejemplo para el resto de la cuenca. Aquí no valen intereses políticos o de imagen. O se sigue el camino marcado por la Directiva Marco del Agua y los criterios de gestión unitaria de la cuenca o se queda inhabilitado técnica y moralmente para cualquier propuesta, incluido el Plan de Cuenca.

La Expo 2008 podría haber sido el estímulo del primer gran proyecto de restauración fluvial en Europa. Sin embargo, las escolleras, presas y dragados del Ebro harán que se inaugure bajo el lema "Cómo utilizar el agua para el desarrollo insostenible". Una gran oportunidad perdida. Esperemos que pronto aprendamos a valorar y respetar nuestros ríos y comencemos a restaurarlos.

Alfredo Ollero Ojeda, de la Universidad de Zaragoza; Francisco Comín Sebastián, del Instituto Pirenaico de Ecología CSIC; y Diego García de Jalón Lastra y Marta González del Tánago del Río, de la Universidad Politécnica de Madrid