Voto particular de la Universidad de Zaragoza al PIHA en la Comisión del Agua

 

 

OTROS PLANES PRIORITARIOS PREVIOS A UN PIHA

 

Sin negar la conveniencia o necesidad de un plan de infraestructuras hidráulicas que contemple las legítimas aspiraciones de algunos sectores sociales de Aragón, hay otros planes en relación con el agua que en estos momentos deberían ser prioritarios para nuestra Comunidad, y no lo son; tales como:

 

1.       Un plan de reconversión del regadío que ajuste la actividad del sector y sus aspiraciones a las nuevas realidades sociales, políticas y económicas, que no son las de hace un siglo, ni siquiera las de hace diez años; una reconversión que sea capaz de cerrar de una vez por todas el eterno debate del agua y el regadío en Aragón, que nos permita emplear las energías y saberes hidrológicos que hay en Aragón de forma más positiva, en vez de es de consumirlos un debate negativo, desfasado, y estéril, como es el de los derechos sobre unos planteamientos hechos en la realidad del año 1915 o la legitimación actual de los acuerdos del Pacto del Agua

 

2. Un plan de revisión de las concesiones y del uso que de los ríos y sus aguas se hace en Aragón, que permita a la sociedad aragonesa tomar conciencia clara quién es en realidad el dueño del agua de Aragón, quien se reparte los beneficios de su uso y a qué coste social, económico y medioambiental.

 

3. Un plan de optimización del uso de las infraestructuras hidráulicas disponibles, que en estos momentos configuran un extraordinario bien patrimonial capaz de dar mucho juego.

 

4. Un plan de uso conjunto de aguas superficiales y subterráneas, que permita preservar las aguas de mejor calidad y las más protegidas frente a la amenaza creciente de la contaminación, para los usos más nobles, como puede ser la ingesta, y para actuar en los episodios de sequía. Algunos de los conflictos más relevantes tendrían solución simplemente integrando la gestión de las aguas subterráneas, que siempre suele una solución barata y rápida. La propia Naturaleza tiene infraestructuras que ofrece mucho juego, que deberían ser integradas de forma concreta y real en un PIHA como el que hoy se somete a votación.

 

5. Un plan de sequía, estructurado en un conjunto de planes menores, planteados por unidades de explotación, elaborado por las propias comunidades de usuarios, capaz de hacer frente a los eventuales y cada vez más frecuentes episodios de sequía. Debe ser un plan que contemple el más amplio abanico de alternativas y estrategias posibles para hacer frente a esas situaciones, tan reiteradas.

 

6. Un plan de equipamiento hidrométrico y de control de la calidad de las aguas, que incluya la instalación de las oportunas redes de observación propias de la Comunidad, necesarias para obtener datos relevantes a la escala de los problemas que nos preocupan; en este sentido las políticas de Comunidades vecinas de Navarra y Cataluña, donde el agua tiene menos presencia social y mediática, son un modelo a copiar en Aragón.

 

7. Un plan de creación de plantillas de técnicos del agua del Gobierno de Aragón. No deja de ser paradójico que siendo el agua el pretendido futuro de Aragón, el Gobierno de la Comunidad no tenga ni un sólo hidrogeólogo, hidrólogo, biólogo, geógrafo, economista o jurista dedicado a estas cuestiones.

 

8. Un plan general de protección y restauración de ríos y riberas. Resulta lamentable que no existan iniciativas en el sentido de elaborar un amplio plan de riberas del valle del Ebro, capaz de recuperar un paisaje excepcional de bosques riparios, hoy casi desaparecido o muy mermado, hasta transformarlo en un espectacular parque natural y una auténtica reserva de la biosfera,; un plan así que debería empezar por un programa nuevo de motas de defensa que resultase efectivo y respetuoso, destruyendo muchas de las actuales

 

9. Un plan de ríos, cabeceras y tramos a catalogar como “escénicos”, es decir, intocables; como espacios patrimoniales de Aragón, a preservar como se preserva un castillo o una catedral.

 

10. Un plan de pedagogía social capaz de explicar a los aragoneses los principios de la Nueva Cultura del Agua, que nos permita liberarnos de un discurso desfasado, de unos tópicos y de unas inercias culturales que hoy en día son un auténtico lastre, una rémora que impide la emergencia de una inteligencia hidrológica colectiva en Aragón, un bien hacer hidrológico que hoy no existe, como prueba la vacuidad del popular mensaje hidrológico del Gobierno de la Comunidad, el “Aragón, agua y futuro”, capaz de movilizar a las masas en las grande manifestaciones ¿Agua para quién, y para qué? ¿De qué tipo de futuro estamos hablando?

 

Dicho esto, sin desmerecer el trabajo que ha hecho la Ponencia, dando las gracias sinceras a quienes han trabajado en su elaboración, es nuestro deber dejar constancia de que el PIHA sometido a votación es para nosotros un documento anticuado y desfasado; está basado en un discurso obsoleto del agua, en un afán desmesurado por su reparto a favor de unos sectores muy concretos, insensible a los valores medioambientales y humanos en juego. Es un evidente “más de lo mismo”, que nos lleva a caminar en dirección contraria a los principios de la Directiva Marco del Agua.

 

Es un plan continuista y errado; ha sido elaborado y bajo los mismos principios que han sido la causa de la esterilidad de una larga lista de iniciativas anteriores semejantes a la presente, como la de las 800.000 ha de regadío para Aragón en los tiempos del PSOE de Santiago Marraco, la del Gran Canal de la Margen Derecha, con el que tanta bandera política hizo el PAR de Hipólito Gómez de las Roces, proyectos redentores como el Pacto del Agua de Aragón, el famoso PEBEA (llamado a ser la General Motors Verde de Aragón) del Consejero Lasa,… y un largo listado proyectos vacíos de rigor, que nos han mostrado reiteradamente que no podemos seguir planificando desde la alegría, la inercia emocional, el electoralismo y los tópicos; sin un mínimo de rigor y de consenso científico/técnico. No se pueden gobernar las cosas del agua a impulso de los juegos políticos del momento, ni de populismos. No se puede seguir planificando desde la presión de los intereses organizados tradicionales.

 

Todo lo hasta aquí expuesto son principios que podemos expresar también en nombre de muchos científicos europeos, colegas nuestros, que se sorprenden de que en Aragón, en el año 2006, en plena elaboración de los nuevos planes hidrológicos que nos exige la Directiva Marco, se siga planteando la construcción de nuevos grande embalses y la ampliación de los regadíos, algo que está ya totalmente descartado en la mayoría de países desarrollados.

 

 

CONSIDERACIÓN FINAL

No podemos olvidar que la gestión del agua corresponde al Estado, a través de los planteamientos que puedan hacerse en los nuevos planes de cuenca tras un proceso ampliamente participativo. Por ello, el plan de infraestructuras hidráulica que desde Aragón ahora se pueda elaborar, no puede pretender escapar a esa regla del juego, de forma que nunca podrá tener más valor que el de una consideración o aspiración hecha al Ministerio de Medio Ambiente para su consideración a la hora de confeccionar los planes de cuenca.

 

 En este sentido no deja de sorprendernos el voto afirmativo a este PIHA de los representantes de propias Confederaciones Hidrográficas en esta Comisión, que parecen ser más la voz de unas políticas desfasadas de un Ministerio de Agricultura, que la del Ministerio de Medio Ambiente.

 

No podemos olvidar nunca que el objetivo fundamental de los planes de la Directiva Marco es la mejora de la calidad de los ecosistemas acuáticos. Las grandes obras hidráulicas, en especial las presas levantadas en el eje del cauce principal de un río, son un paso atrás en la consecución de ese objetivo; tanto más si su destino es la ampliación de los regadíos.

 

El regadío, aparte de detraer el agua de los cauces, conlleva un aumento de la salinidad general de las aguas circulantes, y, sobre todo, un incremento de los niveles de eutrofización, que es uno de los grandes problemas contra los que estamos obligados a luchar. Hoy, la ampliación de esos regadíos no tiene una justificación clara; no parece que hay una proporción razonable entre su coste económico, medioambiental y humano, el pretendido beneficio general y la realidad cada menos cuestionada del cambio climático, que exigiría una reducción de la superficie actualmente regada, la que tenga menos justificación.

 

Un país o una cuenca hidrográfica de hidrología dominantemente mediterránea que utiliza ya el 85% de sus recursos de agua disponibles en un uso consuntivo como es el regadío, y que pretende superar la cifra del 90%, como es el caso de la cuenca del Ebro, son un país y una cuenca asentados por principio en la disfunción hidrológica; están condenados a no tener ríos, sino simples cadáveres hidrológicos; a estar instalados en el riesgo permanente de desabastecimiento, en la sequía estructural crónica. Pese a todo, el aumento del regadío es el camino por el que pretende llevarnos este PIHA.

 

Nos resulta incomprensible la actitud de despreocupación o de minimización de los problemas medioambientales que un plan como el PIHA generaría, de instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente y la Consejería homónima, que parecen más preocupadas en las políticas del reparto del agua que en la defensa de esos valores y los compromisos con la Directiva Marco. Son políticas incapaces de llegar a instaurar un día una deseable y obligada nueva cultura del agua, una ética hidrológica nueva que permita que en Aragón siga habiendo ríos, y no cadáveres hidrológicos y problemas crónicos del agua.

 

 

 

Francisco Javier MARTÍNEZ GIL y Alfredo OLLERO OJEDA