¡Déjennos en paz!

Este Aragón no dejará de sorprenderme. De nuevo algunos políticos vuelven a la carga con el proyecto del Embalse de Biscarrués. Pese a que se haya demostrado que no es necesario hacer ningún embalse más en el río Gállego, que basta con modernizar para ahorrar agua, y que, además,si la guardan en Monegros les sobra. Pese a la razón y la lógica de la ciencia algunos insisten en que hay que seguir fastidiando a unos para beneficiar a otros. Pese a todo, así estamos las gentes del Reino de los Mallos que no pedimos nada, ni siquiera que se reinvierta lo que pagamos en impuestos en mejorar nuestro valle. Si quieren continuar pagándoles las infraestructuras a los regantes sigan. Si con el dinero de todos en vez de repartirse equitativamente entre todos, a ellos les ha tocado más ¡adelante!. Aunque alguna vez nos preguntamos que hubiera sido de la montaña si se hubiera invertido lo mismo que en Monegros.

Aceptamos a regañadientes esa situación y solo pedimos que nos dejen en esta tierra, con nuestro desarrollo sostenible basado en el río y en su gran naturaleza.Somos buenos, no pedimos el sacrificio de nadie para vivir mejor, nos lo ganamos honradamente, no a costa del vecino. No somos egoístas, cedemos, pueden llevarse el agua, aunque nos duela ver seco el río.Pero no somos tontos, llévense el agua y guárdenla en su tierra no en nuestra casa.

No nos cuenten cuentos como la Comisión del Agua donde cuando quieren nos pisotean. Mientras en Zaragoza y las ciudades viven en paz y en casi todos los pueblos aragoneses están tranquilos aquí nos están haciendo pasar un infierno.

Solo pedimos justicia porque no viviremos en paz hasta que no creamos en la democracia donde no hay lugar a políticos, como el señor Boné, que considera que hay que hundir a unos para beneficiar a otros pese a todas las alternativas.

Lola Giménez Banzo- Biscarrués

Yesa, divorcio entre Ley y Justicia

Faltaríamos a la verdad si dijéramos que el fallo de la Audiencia de Madrid declarando inocentes a los seis inculpados en el caso Yesa nos ha dejado indiferentes a quienes hemos apoyado -y seguimos apoyando- al Ayuntamiento de Artieda y a la Asociación Río Aragón. También faltaríamos a la verdad si dijéramos que entraba en nuestras previsiones la absolución hacia los que se sentaron en el banquillo.

Han transcurrido varias semanas desde que se tuvo conocimiento de la sentencia y desde entonces, superado el momento inicial del estupor y de la indignación, se abren paso la reflexión y la serenidad. Como alguien bien señaló, esto es una carrera de fondo, una carrera en la que muchos tomaron la salida hace veinte años, recibiendo el testigo de generaciones que ya vivieron y murieron levantando el puño contra el pantano de Yesa.

No está todo perdido. No, rotundamente no. La ley, farragosa incluso para quienes por su profesión están familiarizados con vocablos, protocolos, artículos y demás elementos de togas y señorías, ha resultado absolutamente ajena a la justicia valiente que reclama la historia para, de una vez por todas, sin mediocridades ni paños calientes, terminar con tantos años de dictadura hidráulica. La ley ha ido por un lado. La moral por otro. En medio, los vencedores de siempre intentando pisar a quienes no se van a arrodillar.

Hacia quienes han resultado tan inmaculadamente inocentes y además, gracias a la cancha de que han dispuesto en medios de comunicación -bien al contrario que nosotros-, han suscitado abiertas muestras de adhesión, poco o nada nuevo se puede manifestar. Hacia quienes se han subido al tanque de la opresión, hacia esos indignos elementos que predican el diálogo vendiendo al vecino, sólo recordarles que todos somos minoría en alguna ocasión.

Pero sabemos que estamos en periodo de prórroga en un torneo en el que sí conocíamos la desigualdad de partida: ellos, amparados en la tradición del salvacionismo de una sed política y económicamente rentable; nosotros, con la herencia de demasiadas batallas perdidas -batallas muchas veces de lágrimas, dinamita y patada en la puerta-, pugnando por abrir vías nuevas para el entendimiento mientras los menos íntegros se rendían a las migajas y otros, los más cabales, se reafirmaban como esperanza más incólume de los territorios.

Si una vez agotados los trámites y burocracias, el final definitivo del caso Yesa fuera el que conocemos actualmente, si la ley no fuera capaz de conciliarse con la justicia, los elementos más irresponsables de lo medioambiental dispondrían del botín de un cheque en blanco para proseguir en sus agresiones a la naturaleza y en sus atropellos a la dignidad. Y eso sería irreparablemente mortal para la convivencia, para la democracia.

Por eso se sigue peleando. Por eso cada vez con más convicción. Por eso ha fracasado y seguirá fracasando la Comisión del Agua. Porque si la ley y el consenso se degradan a un laberinto de liturgias para dar visto bueno a la inmoralidad, si quien más poderío tiene es quien más fuerte puede golpear, montarse un trasvase o inundar tierras e ilusiones bajo pretexto de regadío -o de lo que sea-, poco espacio quedará para la justicia en un estado que, ya como caricatura o anhelo fallido, se denominará estado de derecho.

Mª. Victoria Trigo Bello
Asociación Ebro Vivo – Coagret

Tiene gracia la cosa

Nosotros somos los que hemos nacido y crecido bajo la amenaza del Recrecimiento de Yesa. Quizás al principio éramos demasiado pequeños para comprender bien el alcance y las consecuencias de este injusto proyecto pero, sin embargo, allí estábamos para lo que se necesitara, porque para nosotros no hacía falta entenderlo, simplemente al ver a nuestros padres, familia y vecinos luchar con tanto esfuerzo, no dudábamos de que lo hacían por nuestro bien, por conseguir acabar con esta gran injusticia y darnos un futuro mejor.Los años fueron pasando, fuimos creciendo y tuvimos que marchar fuera del pueblo a  estudiar, precisamente para comenzar a labrarnos un futuro que, aunque siguiera bajo la amenaza del Recrecimiento, no imaginábamos en ningún otro lugar que no fuera aquí.Mientras tanto seguíamos apoyando a nuestro pueblo, defendiendo lo que es justo. Manifestaciones, concentraciones, marchas, conciertos, reuniones, huelga de hambre… lo que hiciera falta para demostrar que no iban a poder con nosotros.Ahora que ese futuro ha llegado, la amenaza continua y, por desgracia, ya comprendemos demasiado bien sus posibles consecuencias.A pesar de todo, aquí estamos. Aquí vivimos, trabajamos, estamos construyendo nuestras casas y pretendemos formar una familia.Por no perder todo esto, que tanto nos está costando conseguir y que algunos están empeñados en destruir, seguiremos luchando como hasta ahora, como lo han hecho y siguen haciendo nuestros padres, pero con mucha más fuerza si cabe, puesto que lo que nosotros logremos influirá en el futuro de nuestros hijos y no permitiremos que sea igual o incluso peor que el que nosotros estamos viviendo.Ahora se dice que las víctimas son los seis exculpados pero, ¿realmente están seguros de que es así?Ellos, tras seis años de “sufrimiento”, han sido absueltos. Nosotros, tras más de veinte años de sufrimiento, seguimos estando amenazados.

Los jóvenes de Artieda

ARTIEDA Y SU DEFENSA

Hace unos días conocimos la sentencia absolutoria para los imputados por presuntos delitos cometidos durante la tramitación del proyecto de recrecimiento de Yesa. Como no puede ser de otra forma acatamos esta sentencia, pero con lo que conocemos, tras muchas horas de recopilación de información y consiguiente análisis de la misma, después de tantos años de oposición al recrecimiento y tras lo visto y escuchado en la vista oral no ha quedado, en absoluto, despejada mi convicción sobre las gravísimas y profundas irregularidades de dicho proyecto. En la propia sentencia se dice “no corresponde al Tribunal determinar si el recrecimiento de la Presa de Yesa era o no necesario ni si las características técnicas del Proyecto eran las más adecuadas a las demandas hídricas que se trataba de atender o las más respetuosas con el medio ambiente o con el patrimonio histórico y arqueológico ni, finalmente, si se contemplaron todo los riesgos y las medidas de seguridad que eran exigibles”. El tema sigue abierto, la sentencia recurrida y la vía contencioso-administrativa también tendrá que dictar. Seguimos esperando que se haga JUSTICIA legal e histórica.
Leídas algunas reacciones y muestras de alborozo al hilo de esta sentencia, quisiera hacer algunas consideraciones al respecto.
Me parece lamentable que a alguien que ha asumido la presidencia de la CHE o la dirección general de obras hidráulicas, cargos eminentemente políticos, se les defienda apelando a su perfil técnico para justificar sus actuaciones como meros trasmisores de decisiones políticas superiores. Cuando alguien ocupa un puesto de esa categoría se convierte en elemento clave para impulsar las decisiones políticas en uno u otro sentido. Hay que asumir las responsabilidades de los cargos que se ocupan. Ya me gustaría saber quien las tenía para permitir una catástrofe como la del barranco de Arás que ahora, económicamente porque personalmente ya es imposible, tenemos que pagar a escote.
Por otra parte yo soy el primero que lamenta tener que hacer comparecer en un juzgado a cualquier ciudadano, pero eso no ocurrió por casualidad ni por capricho del ayuntamiento de Artieda o la Asociación Río Aragón. Durante seis años se ha tramitado el sumario, se han ampliado por la fiscalía las iniciales imputaciones y se ha denegado el archivo de la querella solicitada con reiteración por la abogacía del estado. Es decir había indicios más que razonables de lo indicado en la acusación.
Los imputados han estado bien protegidos y defendidos por la administración para la que trabajaban y, entre todos, hemos contribuido a satisfacer el coste de su defensa. El pueblo que tiene amenazado de forma irreversible el 25% de su término municipal y el 50% de su tierra de cultivo ha tenido y  tiene todo el derecho a defenderse y lo hace con sus propios recursos y los de muchos amigos que se han mostrado solidarios con él. Además todos sabemos que la venda que cubre los ojos de la justicia siempre tiende a bajarse en el ojo que mira hacia los intereses de los poderosos mientras se mantiene escayolada en el que mira hacia los más desvalidos. Por desagracia esto no es cosa de hoy.
Finalmente dejar claro que si de sufrimiento hablamos les queda un largo trecho por recorrer. Quienes tuvimos una abuela de Tiermas que vio como su madre, con casi cien años, era obligada a abandonar su casa, un padre que tuvo que apechugar siendo alcalde con los primeros anteproyectos de recrecimiento aguantando las chulerías de la CHE, un hermano que tiene que presidir un ayuntamiento en una etapa tan difícil como ésta para un pueblo que, como todos, lo que querría es dedicar el tiempo a su desarrollo y no a evitar su destrucción, sobrinos que han decidido vivir en Artieda y les han salido los dientes con pancartas de YESA NO o sobrinos nietos nacidos en este mismo entorno, es decir 6 generaciones con la misma losa sobre la cabeza podemos contarles algunas cosas. Como quieran y donde quieran. Porque créannos, no es que nos guste este sarao es que estamos convencidos de la obligación que tenemos de defenderos.

Miguel Solana. Artieda