RECRECER LA SEQUÍA

Resultan incongruentes los anuncios del Ministerio de Medio Ambiente invitando a ahorrar agua, tan incongruentes como las reiteradas alusiones y letanías referidas a la sequía que nos asedian desde los medios de comunicación. ¿Cómo entender que por un lado se reincida una y otra vez con imágenes y palabras en el bajo nivel de las reservas hídricas y por otro no se promuevan campañas para reducir drásticamente la demanda?. ¿Dónde están las medidas para frenar el crecimiento urbanístico en el litoral de esas cuencas calificadas como "estructuralmente deficitarias"?. Del mismo modo, y en coherencia con el interrogante anterior, ¿cómo atender futuras necesidades de agua para usos agrícolas en hectáreas que antes de nacer ya tienen sed?.

Aragón no debería reproducir el modelo playero de crear sed para reclamar agua. Aragón tendría que replantearse qué tipo de progreso necesita. El Gobierno de Aragón bien podría, después de haber encabezado tantas movilizaciones contra el trasvase del Ebro -ese dragón muerto al que se quiere resucitar desde la incombustible cruzada en favor de la solidaridad interterritorial-, haber aprendido a evitar en casa propia lo que ha condenado en la ajena.

Lamentablemente, la mayor parte de nuestros políticos siguen apostando por recrecer la sequía, con una Comisión del Agua de fuerzas desiguales que es un escenario desde el que se promueve que la sociedad equipare erróneamente lo que es una decisión sometida a voto -ganan los que son más, pierden los que son menos- con lo que es una decisión consensuada en la que todas las alternativas hubieran sido debidamente expuestas y debatidas. Así salió lo de la cota media de Yesa. Así quieren seguir con el caso Biscarrués.

¿Hemos de resignarnos a soñar con parques temáticos de verduras y golf mientras aniquilamos las posibilidades que aún queden en nuestros ríos?. La lógica dice que no, pero el aragonesismo más inamovible sumado a la apisonadora de la inercia, nos condena a naufragar en los malos apaños de pretender compensar lo incompensable, con tal añadir más hormigón al agua. Claro que, para descargar conciencias y seguir solicitando subvenciones para afrontar la recrecida sequía, siempre se podrá echar la culpa a esa puñetera lluvia que cada vez se resiste más a visitarnos o, dicho de otro modo, a ese cambio climático que un mal día se inventaron los ecologistas y ahora resulta que existe de verdad.

De momento, para lo que pueda suceder y por el patrio interés general -¡qué gran anestesia social esto del interés general!-, ya que el Pirineo es más chato de lo deseable, que nos pongan cuarto y mitad de pantano, por lo menos… pero lejos de nuestro territorio.

Y mientras unos idolatran a Fluvi y otros agitan banderas amarillas de tórridas sequías -la actual más la venidera-, los anuncios del Ministerio de Medio Ambiente siguen pregonando sus mensajes vacíos, tan pomposos como incapaces de cubrir abismos entre dichos y hechos porque, total, sólo sirven para pasar página o cambiar de canal o emisora.

 

Mª. Victoria Trigo Bello