La utopía del agua

LA VERDAD DE MURCIA
CÉSAR OLIVA (10/07/2005)
Yo no tengo fincas que regar. Tampoco estoy metido en proyecto urbanístico alguno. Ignoro lo que es un campo de golf. Además: de estas tres carencias creo que participa mi familia entera. Es decir, mi contacto con el agua es sólo el de la ducha diaria (doble, en verano), el de las faenas de casa que por veces me toca cumplir, y poco más. Sin embargo, es un problema que, como al resto de los murcianos, me toca muy de cerca. Demasiado.

Por mi profesión tengo que moverme mucho de aquí para allá. Es la razón por la que detecto, desde la perspectiva de la distancia, casos y cosas que merecen una reflexión. Sobre todo porque, últimamente, tengo que sufrir en mis carnes cuestiones que no me son del todo propias, como la del agua. Y me sucede con colegas de Aragón o Castilla-La Mancha, claro. Por eso me pregunto, ¿qué necesidad tengo yo, vamos a ver, de oír sin parar cuestiones relativas al trasvase de no sé qué río? ¿Qué más me da a mí que sean sesenta que cien los metros cúbicos que bajen del Tajo, siempre que no me quiten mi agua para ducha y para lavar los platos? Pues, Señor, ésta es la cuestión.

Y la cuestión en la que estoy metido, como cualquier murciano de a pie, es una verdadera guerra que ni me va ni me viene; por la que he de dar explicaciones en Zaragoza o en Almagro sobre algo de lo que no sé lo suficiente para opinar. ¿Qué necesidad tengo yo de escuchar un día sí y otro también a unos que la culpa es de los otros, y a los otros que la culpa es de los unos? ¿Qué necesidad tengo de pelearme con mis vecinos manchegos o con los aragoneses que nos dieron hasta sus jotas para hermanarnos más si cabe? ¿Por qué se ha creado esta guerra absurda entre regiones siempre amigas? ¿Cuándo se va a acabar este coñazo?

Porque la cosa no parece que tenga fin. No. No lo parece. Por eso, cuando la gota ha colmado el vaso (valga la paradoja en la sequía en la que estamos), he comprendido que el problema está ¿en que no se quiere solucionar el problema! Veamos si no.

Si se solucionara, ¿cuál iba a ser en Murcia el gran tema de discusión y debate entre los dos partidos mayoritarios? A ninguno se le escapa que el PP ha encontrado en el tema del agua su mejor bandera para liderar a los murcianos. Nadie niega que el agua sea una necesidad para huertas y campos; nadie niega que, si no tenemos agua, hay que traerla de donde sea; nadie permanece impasible ante eso de «agua para todos», que, por cierto, habría que darle matrícula de honor a quien se haya inventado el slogan. ¿Cómo va a desengancharse del problema del agua quienes han doblado en votos a sus rivales, precisamente por reivindicar algo absolutamente reinvindicable por todos?

En la cera de enfrente, los socialistas no saben cómo salir del atolladero.

Su única dama anda dando vueltas por el tablero, perseguida por las diez de su contrincante, que juega con aquélla como el gato con el ratón.

Francamente, no ha habido un discurso razonable de la izquierda frente al tema del agua. No lo ha habido. No han sabido contar por qué no al trasvase del Ebro, por qué son mejores las desaladoras que lo otro, por qué no se dijo nada del Júcar, qué pasa ahora con el Tajo, qué influencia tiene el desarrollismo de adosados y dúplex, qué se erosiona del medio ambiente, etc., etc. Al menos, a la ciudadanía de a pie, como la mía. Podrá uno tener más simpatía por unos que por otros. Pero el tema está perdido. Y está perdido porque, como los otros, se han empeñado en hacer una guerra. Guerra en la que, como estamos viendo, intervienen «potencias extranjeras», como Zaragoza, Toledo y la Moncloa. ¿Qué disparate! ¿Alguien no se da cuenta de todo esto?

Es evidente que esta guerra favorece ahora al PP, pero, si las cosas van por el camino que van (elecciones generales, Euskadi, Galicia ) algo tendrán que hacer para que su estrategia evolucione hacia algo positivo. No se puede estar eternamente enojado, ni eternamente perdiendo. Porque en medio estamos nosotros. Los que miramos a un lado a otro como si fuera un partido de tenis entre Federer y Nadal. Los que cada día nos sorprendemos por la dialéctica que manejan unos y otros. Los que cada día nos da más vergüenza leer y escuchar cantidad de improperios, insultos y palabras en boca de gentes que nos representan. Francamente, a mí me da vergüenza. Los murcianos no nos merecemos que nuestros políticos (y llego a los más altos

escaños) digan las cosas que dicen. Unos, desde la seguridad de los votos; otros, desde el cabreo de no tenerlos.

Por eso, como ni tengo fincas, ni estoy metido en proyecto urbanístico alguno, ni me gusta el golf, a mi me gustaría que fueran los técnicos, los especialistas, los que digan cómo solucionar el tema del agua, y que los políticos (unos y otros; los de esta región y los de aquélla) se callen por unos días hasta que nos digan qué hay que hacer. Y cuando lo digan, todos juntos detrás. Parece una utopía, pero, a veces, habría que moverse a base de utopías.