Presa del Vajont, 1963. Testimonio de una tragedia

(Texto obtenido de www.riogallego.org)
Esa tarde había futbol en la tele. Algunas personas se reunieron en las casas para verlo y otros se acercaron de pueblos vecinos para conpartir la pasión que en Italia se vive por ese deporte.

Un pescador que fue a pescar por los alrededores, saltó una grieta para llegar al río y al regresar no pudo saltarla, bajo sus pies se abría un agujero increible. Al llegar a casa le dijo a su mujer que algo se estaba moviendo en el monte TOC y que al día siguiente se marchaban a casa de unos familiares. Nunca pudieron irse.

A las 22’30 h de ese día, aquella grieta se abrió desplazando miles de toneladas de tierra hasta caer sobre el embalse lleno, lo que provocó que unos 100 millones de M3 de agua saliesen despedidos, al ocupar la tierra el espacio de esta.

La mitad salió hacia la parte alta y la otra mitad hacia abajo. Debido a la orografía del terreno y la estrechez de la foz, provocó que el agua saliese con más fuerza hacia el valle, llegando al pueblo que se ubicaba debajo, Longarone. La fuerza del agua, provocó un agujero de más de 30 metros de profundidad, se llevó por delante todo lo que encontró a su paso y a casi 2000 personas.

Nadie supo que ocurría, todos dormían a esa hora o disfrutaban de una noche de fútbol con los amigos. Hubo algunos supervivientes que sin saberlo se salvaron y como un milagro aparecieron encima de una loma o al lado de un animal, nadie recuerda nada más. Todo fue borrado de ese pueblo y de la vida de aquellos vecinos.

Este testimonio fue recogido de boca de uno de los supervivientes de esta catástrofe que por aquel tiempo se encontraba trabajando en Cataluña y que todavía no se cree lo ocurrido.

Las imágenes que se muestran en el enlace, fueron tomadas en el Cementerio que en Longarone se ha dedicado a los muertos de aquel día. Algunas son del encuentro Internacional de Nabateros (cada Asociación aportó un puñado de tierra, símbolo de la solidaridad y unión de todos los pueblos y ríos) otras del archivo gráfico expuesto en la entrada de este mismo lugar.

Esperemos que nunca más tengamos que arrepentirnos de otra desgracia como esa y que las laderas de Peña Ruaba (en nuestro caso) no se empapen de tristeza, porque el agua nunca llegue allí.

(Puedes obtener las imágenes en www.riogallego.org)

Congreso tramita propuesta de Coagret

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
(27/06/2005)
Iniciativa para evitar inundaciones de pueblos
El presidente de la Comisión de Peticiones del Congreso ha trasladado a los portavoces parlamentarios de la Comisión de Justicia y al Ministerio de Presidencia una propuesta de Coagret, la Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases, para modificar la Ley de Aguas y la Ley de Expropiación con el fin de evitar la inundación de pueblos por pantanos.

Coagret pide cambiar las dos leyes para que garanticen el derecho a la libertad de reisidencia, reconocido en el artículo 19.1 de la Constitución, de forma que ninguna obra pública pueda ocasionar la supresión de tal derecho al suponer la desaparición de núcleos. La construcción de pantanos ha provocado casi 10.000 desplazados en Aragón.

Un grupo de voluntarios se acerca a conocer la situación del río Gállego

EL DIARIO DEL ALTO ARAGÓN
(26/06/2005)
HUESCA.- La Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos organizó ayer una excursión guiada por la zona de la Galliguera. La visita se enmarca en el Proyecto "VoluntaRíos", en el que participan 21 asociaciones de Aragón que se encargan de vigilar y mantener la conservación de los ríos y ecosistemas de sus zonas respectivas.

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Economía y Agua

EL PAÍS  (16-06-2005)

Andrés García Reche es profesor titular de Economía Aplicada de la Universitat de València
Después de dedicar bastantes años de mi vida a la Economía, creánme si les digo que no he visto jamás ciencia tan inútil como ésta. No sólo porque, a la vista está, se muestra frecuentemente incapacitada para hacer predicciones que se cumplan; no sólo porque los economistas teóricos de profesión se muestran cada vez más obsesionados por la belleza formal de los modelos que por la explicación de los hechos (que es para lo que aquella fue inventada); no sólo porque muy frecuentemente parece que la economía real funciona de manera autónoma al margen de lo que opinen o hagan quienes se supone que son los entendidos en la materia, sino porque, lo que es aún más grave, éstos se abstienen frecuentemente de dar su opinión sobre determinadas materias muy sensibles para el ciudadano por temor a que se les tache de ideólogos al servicio de unos u otros intereses políticos. Y yo me pregunto ¿para qué sirve una ciencia si no es para solucionar problemas, o, cuando menos, para ayudar a comprenderlos?

Vean, si no, el polémico asunto del agua. ¿No tienen la impresión de que todo el mundo opina de ello salvo los economistas? ¿Cómo es posible que un problema de tamaña trascendencia acabe siendo relegado al exclusivo terreno de la ingeniería, bajo la forma de trasvases, desaladoras u otros artificios mecánicos?

Pues bien, haciendo gala de un optimismo antropológico digno de mejor causa, y puesto que no siento obligación alguna de expresar opiniones políticamente correctas, les diré que en este asunto, como en muchos otros, existe una explicación razonable desde el punto de vista económico. Y no sólo eso, también existe una solución económica. Otra cuestión muy diferente es si dicha solución puede considerarse políticamente asumible o no; lo cual, por otra parte, en modo alguno elimina la necesidad de plantearla.

Para empezar parece claro que nadie con un mínimo de sentido común puede afirmar a estas alturas que el agua no es, como tantos otros bienes que consideramos necesarios, un bien económico (es decir escaso y además sujeto a costes de producción y distribución como cualquier otro bien). Entonces ¿cómo es que todo el mundo habla de déficit del líquido elemento? Cuando vamos al mercado a comprar ropa, zapatos, gasolina o alimentos nunca notamos un déficit de nada, sencillamente encontramos un precio en los escaparates y en las estanterías y, de acuerdo con ello, decidimos si compramos o no. Hay una explicación económica para ello: el precio de mercado tiende a equilibrar ambas partes del mercado haciendo desaparecer el exceso de demanda sobre la oferta disponible.

Naturalmente que uno desearía más zapatos de los que tiene, o acceder a cierto tipo de alimentos más apetecibles que otros, pero su coste de adquisición (dada su renta disponible) les persuade de manera incontestable. Y lógicamente a nadie se le ocurre manifestarse por ello exigiendo "zapatos para todos" o maldiciendo a quienes suministran el pescado a precio distinto de 0. No lo hacen porque es de sentido común que las cosas que cuestan de producir, o que son escasas, deben tener un precio.

El hecho es que los excesos de demanda (el llamado impropiamente déficit) sobre la oferta disponible sólo ocurren cuando el precio está por debajo del que los economistas consideran que es el de equilibrio (justamente aquél que evita que se produzca exceso de demanda o de oferta), y esto sólo puede ocurrir cuando el precio no lo fija el mercado, sino alguna instancia ajena al mismo (el Estado generalmente) basándose en consideraciones de índole política o social. Entonces sí, entonces la demanda es mucho mayor que la oferta y es cuando puede hablarse con propiedad de escasez del bien en cuestión. Esto es precisamente lo que pasa con el agua (y pasaría con los pisos, la carne, el café o los coches si su precio fuera demasiado bajo).

Todo parece, tener, pues, una explicación sencilla. El problema es que existe un segundo frente argumental muy extendido, basado en la consideración de que, si bien esta ley del mercado puede considerarse en general razonable, no debería aplicarse en el caso del agua puesto que en este caso se trata de un bien necesario. Nadie discute desde luego que así sea, pero en cierto modo también lo es el pan, el pollo o los huevos, y a nadie se le ocurriría decir, por ejemplo, en el caso de que el Estado fijara un precio máximo para la docena de huevos por debajo del de mercado, que la Comunidad Valenciana tiene un enorme déficit de huevos (con perdón); aunque, efectivamente, lo tuviera.

Lo que la Economía explica, y el sentido común corrobora, es que la gente tiene una renta limitada y de acuerdo con ello, y a la vista del panel de precios, elige cuál es la composición de su cesta de la compra. Si un bien es muy necesario (su oferta es muy rígida al precio) y tiene además pocas alternativas de sustitución (como ocurre con el agua), entonces se verá obligada a restringir la demanda de otros bienes más prescindibles, gastando una mayor parte de su renta en aquél, o, alternativamente, reducir su consumo (ahorrar), si se trata de hogares, o, en fin, utilizar tecnologías menos intensivas en dicho bien, en el caso de que se trate de una actividad productiva.

Conclusión: el agua debe tener un precio que incluya el factor escasez, el fondo de garantía del abastecimiento futuro y el coste real de su producción y distribución. Si se consigue aumentar su oferta porque llueve más o porque alguien aporta nuevos caudales sin efectos negativos irreversibles para el medio ambiente, tanto mejor para todos, pero, mientras tanto, acostumbrémonos a que estamos ante un problema de precio y no de déficit. El que quiera llenar piscinas, regar campos de golf, urbanizar toda la costa, ducharse durante media hora o cultivar papayas, que lo haga al precio de mercado; y si le resulta caro, que se acostumbre a ahorrar, producir bienes de mayor valor, o utilizar tecnologías menos intensivas en este input. Y si después consideramos (como lo hacemos todos) que el consumo mínimo de los hogares, o de ciertas actividades agrícolas, debe de estar garantizado, llévese el asunto al terreno político y trasládese su coste a los presupuestos del Estado, haciendo visible así para todo el mundo cuál es el precio de nuestra solidaridad o de nuestra adscripción ideológica en su caso; pero, por favor, dejemos al mercado en paz, que nunca estuvo para eso.

Mientras esto no ocurra y la única perspectiva con la que se afronte el problema sea la de conseguir más agua (oferta) al coste que sea, la pregunta seguirá siendo ¿hasta cuándo? ¿cuánta agua será necesaria para saciar el déficit casi ilimitado provocado por precios tan inadecuados? Me temo que no hay respuesta para ello. Y, lo que es peor, a nadie parece importarle.

La Coordinadora critica las declaraciones de Cajal sobre el embalse

EL DIARIO DEL ALTO ARAGÓN

(17/06/2005)
Presentan el VoluntaRíos para el Gállego

HUESCA.- La Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos arremetió ayer contra las últimas declaraciones realizadas por el director del Instituto Aragonés del Agua (IAA), Alfredo Cajal, en torno al embalse de Biscarrués, en las que se postuló a favor de su construcción e indicó que, si se hiciera el Canal de La Hoya, podría servir para llenar el pantano de Montearagón (infraestructura prevista para dotar de recursos hídricos a la capital oscense). Para el presidente de la Coordinadora, Jesús Estachod, "nos están engañando si la estrategia es unir el abastecimiento de agua a Huesca con el pantano de Biscarrués porque es imposible, ni está el proyecto, ni dan las cotas". Considera que "el PAR, en este caso el señor Cajal, pretende buscar apoyos en la masa de Huesca para impulsar el pantano de Biscarrués, pantano con el que se pretende destruir una zona muy turística para potenciar unos regadíos totalmente cuestionados".

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