COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases

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Tag:nueva cultura del agua
Las III Jornadas "Por un Tajo Vivo" han reunido el pasado fin de semana en Buendía (Cuenca) a más de 200 personas, en representación de 25 colectivos ciudadanos y ecologistas de España y Portugal, para analizar los efectos que el Trasvase Tajo Segura está teniendo sobre la gestión del Tajo y proponer alternativas racionales y sostenibles para la elaboración del plan de cuenca.

Las jornadas fueron inauguradas el sábado 16 por el Alcalde de Buendía, D. Vicente Obispo; el Presidente de la Asociación de Municipios Ribereños de Entrepeñas y Buendía, D. Julián Rebollo; Dña. Nuria Hernández-Mora en representación de la Red Ciudadana por una Nueva Cultura del Agua en el Tajo/Tejo y sus ríos (www.redtajo.esLink) y la Fundación Nueva Cultura del Agua (www.fnca.euLink); D. Marino Martínez Guijarro, Diputado de Medio Ambiente de la Diputación de Cuenca; y la presidenta de la Diputación de Guadalajara, Dña María Antonia Pérez de León. Todos coincidieron en la necesidad de revisar las reglas de explotación del trasvase Tajo Segura, de manera que sea posible alcanzar los objetivos de conservación del río Tajo que exige la Directiva Marco del Agua, atender a todas las demandas de la cuenca del Tajo, incluidos un régimen de caudales ecológicos, antes de plantear el trasvase de aguas al Segura, y exigir transparencia en el proceso de elaboración del nuevo plan de cuenca que sustituirá al plan hidrológico vigente en el Tajo.

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Durante el próximo fin de semana (15, 16 y 17de mayo), tendrán lugar en la localidad conquense de Buendía las III Jornadas "Por un Tajo Vivo", organizadas por la Red Ciudadana por una Nueva Cultura del Agua en el Tajo/Tejo y sus ríos (www.redtajo.esLink) y la Mancomunidad de Municipios ribereños de Entrepeñas y Buendía, y que este año coincidirán con la celebración de la asamblea y entrega anual de premios de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

En estas jornadas se tratarán, desde la óptica de los colectivos que forman parte de la Red ciudadana del Tajo, los problemas que aquejan al río, así como el posicionamiento de los mismos en el momento actual del proceso de planificación hidrológica. Nos encontramos en plena recta final de la elaboración del Plan de cuenca del Tajo por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, cuyo borrador será presentado a consulta pública antes de septiembre de este año. En este contexto preocupa especialmente la tramitación y posible aprobación de concesiones de agua del Tajo para los regantes del Tajo-Segura al margen del proceso de planificación en marcha, y que en efecto garantizarían la continuidad del trasvase independientemente de la disponibilidad de agua en el Tajo y de la dificultad de cumplir con las exigencias ambientales de la Directiva Marco del Agua con los escasos caudales existentes.

 

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Xúquer Viu demana l’aplicació estricta de la Directiva Marc de l’Aigua i el compliment de la Llei d’Aigües

Fa falta voluntat política per a recuperar i protegir els nostres rius, aqüífers, fonts, brolladors i aiguamolls

Xúquer Viu fa una crida al conjunt d’administracions per a que abandonen polèmiques estèrils i se centren en la gestió racional i en la protecció dels nostres recursos hídrics

Estem assistint a una nova fase de l’anomenada guerra de l’aigua. Una nova polèmica estèril completament impregnada d’interessos polítics i electoralistes.

La proposta d’establir en l’Estatut de Castella la Manxa una reserva hidràulica de 6.000 hm3 és tan inacceptable com la disposició transitòria de l’Estatut d’Aragó que estableix una reserva d’aigua per a “ús exclusiu dels aragonesos” de 6.550 hm3 o com l’article 17 del nostre Estatut que reclama el dret de l’aigua de conques “excedentàries”.

L’aigua no és propietat de cap persona, ni de cap administració. L’aigua és un patrimoni col·lectiu amb importantíssims valors ambientals, econòmics i socials que ha de ser gestionat de manera conjunta per la societat, amb criteris de racionalitat i sostenibilitat. L’aigua és un element inseparable del territori i de l’ecosistema que origina i pel que flueix, i per això ni sobra ni falta, ni entén de fronteres administratives.

Cap administració pot arrogar-se reserves d’aigua en exclusiva per als seus habitants al marge de la planificació hidrològica. La proposta de la Junta de Comunitats de Castella-La Manxa és contrària a la Directiva Marc de l’Aigua i a la Llei d’Aigües i com a tal no hauria d’aprovar-se, com no haurien d’haver-se aprovat els articles corresponents dels Estatuts d’Autonomia valencià i aragonès. Per què es va consentir des de l’administració estatal?

Mentre els grans partits de les distintes autonomies pugnen pel control de l’aigua fora de qualsevol racionalitat, els nostres rius, aqüifers, zones humides, fonts i brolladors es deterioren de manera progressiva en quantitat i qualitat.

El nou Pla de Conca del Xúquer que hauria d’haver-se aprovat a finals de 2009, porta 2 anys de retràs i, encara que recentment s’han reanudat els treballs després d’un any i mig, molt possiblement, fins a la pròxima legislatura (2012 o 2013) no estarà aprovat.

Aquesta hauria de ser la prioritat de les nostres administracions per damunt d’enfrontaments estèrils que en res contribueixen a una gestió sostenible i racional de l’aigua.

Des de fa dos anys el procés de planificació al Xúquer es troba paralitzat per la manca de delimitació de l’àmbit territorial al qual afecta. Tant la manca de transparència i el retard acumulat pel Ministeri de Medi Ambient i Medi Rural i Marí en realitzar la delimitació de les conques hidrogràfiques, com l’actitud del Govern de la Generalitat Valenciana i la Junta de Comunitats de Castella-La Manxa, entrebanquen el procés d’elaboració del Nou Pla de Conca del Xúquer d’acord amb allò establert per la Directiva Marc de l’Aigua. Aquesta situació resulta perjudicial tant per als rius, l’Albufera i els aqüífers com per la societat al seu conjunt, doncs crea un ambient d’inseguretat jurídica i manca de governabilitat.

I ara la polèmica de la reserva de 6.000 hm3 per a Castella la Manxa, quan ha de ser en el marc dels plans de conca i d’acord amb els principis de protecció ambiental i prevenció del deteriorament establerts per la Directiva Marc de l’Aigua on s’han de fixar tant el règim de cabals ecològics de les masses d’aigua com les assignacions per als diferents usos.

En aquest sentit, Xúquer Viu fa una crida al Govern d'Espanya, a la Generalitat Valenciana i a la Junta de Comunitats de Castella-La Manxa per a que exerciten de manera urgent la responsabilitat pública que tenen encomanada i resolguen aquest assumpte atenint-se a la Directiva Marco de l'Aigua i a la Llei d’Aigües.

 
Después de Ciudad de México 2006, que fue un momento importante de un trabajo continuo del movimiento global por la defensa del agua, ahora nos hemos reunido en Estambul para movilizarnos contra el 5to Foro Mundial del Agua. Estamos aquí para deslegitimar el falso y empresarial Foro Mundial del Agua y para dar voz a la perspectiva positiva del movimiento global en defensa del agua.

Dado que estamos en Turquía, no podemos ignorar que este país nos muestra un claro ejemplo de los impactos devastadores de las políticas de manejo de agua destructivas. El gobierno de Turquía ha empujado tanto por la privatización de servicios de agua como de cuencas y tiene planes de represar todos los ríos en el país. Cuatro casos específicos de represas riesgosas y destructivas en Turquía incluyen: Ilisu, Yusufeli, Munzur y Yortanli. Por diez años, las personas afectadas se han opuesto a estos proyectos. Particularmente la represa Ilisu es parte de un proyecto de riego y producción de energía conocido como los Proyectos del Sureste de Anatolia (GAP). La represa Ilisu, uno de los proyectos de represa más criticados en el mundo, es particularmente complejo y conflictivo por sus implicaciones políticas internacionales en el Medio Oriente. La represa está ubicada en un área kurda donde de manera cotidiana se violan los derechos humanos por el tema kurdo irresuelto. El gobierno turco está usando el GAP para impactar negativamente el modo de vida de las personas kurdas y suprimir sus derechos culturales y políticos.

Nuestro movimiento está aquí para ofrecer soluciones a la crisis del agua y a demandar que sea la Asamblea General de la ONU quien organice el siguiente foro global del agua. La participación de importantes oficiales y representantes de las Naciones Unidas en nuestra reunión es evidencia de que algo ha cambiado. Hay una transformación simbólica y tangible de la legitimidad: del foro oficial organizado por los intereses privados y el Consejo Mundial del Agua al People’s Water Forum organizado por la sociedad civil del mundo incluyendo: agricultores, indígenas, activistas, movimientos sociales, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y redes que luchan alrededor del mundo en defensa del agua, el territorio y los comunes.

Llamamos a las Naciones Unidas y los Estados miembro a aceptar su obligación como la entidad global para reunir foros multilaterales y a comprometerse formalmente a llamar a un foro de agua que esté ligado a obligaciones de Estado y que rinda cuentas a la comunidad global.

Llamamos a todas las organizaciones y gobiernos al interior del 5to Foro Mundial del Agua a comprometerse a que éste sea el último foro controlado por las corporaciones. El mundo necesita lanzar un foro de agua legítimo, que rinda cuentas, transparente y democrático que emerja de un proceso de la ONU apoyado por los Estados miembro.

Confirmamos una vez más la ilegitimidad del Foro Mundial del Agua; denunciamos la declaración ministerial porque no reconoce el derecho humano universal ni la excluye de los acuerdos comerciales. Además, el borrador de la resolución ignora el fracaso de la privatización para garantizar el acceso al agua a todos y todas y no considera las recomendaciones positivas a la Resolución Parlamentaria Europea aunque sea insuficiente. Finalmente, este documento promueve el uso del agua para producir energía con represas hidroeléctricas y el incremento de la producción de combustibles agrícolas, las cuales causan mayor inequidad e injusticia.

Reafirmamos y fortalecemos todos los principios y compromisos expresados en la declaración de la Ciudad de México 2006: afirmamos el agua como un elemento básico de toda la vida en el planeta, como un derecho fundamental e inalienable; insistimos que la solidaridad entre las generaciones presentes y futuras debe garantizarse; rechazamos todas las formas de privatización y declaramos que el manejo y control del agua debe ser público, social, cooperativo, participativo, equitativo y sin ánimo de lucro; llamamos al manejo democrático y sustentable de los ecosistemas y a preservar la integridad del ciclo del agua a través de la protección y manejo adecuado de las cuencas y el ambiente.

Nos oponemos al modelo económico y financiero dominante que prescribe la privatización, comercialización y corporatización de los servicios de agua y saneamiento. Nos enfrentaremos a este tipo de reformas destructivas y no participativas del sector público, habiendo constatado sus funestas consecuencias como resultado de prácticas rígidas de recuperación de costos y el uso de medidores de prepago.

Desde 2006, en México, el movimiento global en defensa del agua ha continuado resistiendo el control corporativo del agua para el lucro. Algunos de nuestros logros incluyen: recuperar empresas públicas que habían sido privatizadas, promover e implementar asocios público–públicos; disminuir ganancias de las empresas embotelladoras de agua; reunirnos para celebrar acciones colectivas y simultáneas durante Octubre Azul y la Semana de Acción Global Celebramos nuestros logros particularmente por el reconocimiento del derecho humano al agua en varias constituciones y leyes.

Al mismo tiempo necesitamos atender la crisis económica y ecológica. ¡No pagaremos su crisis! No rescataremos este modelo equivocado e insustentable que ha transformado el gasto privado irresponsable en una enorme deuda pública, que ha transformado el agua y los comunes en mercancía, que ha transformado toda la naturaleza en una fuente de materia prima y en un tiradero al aire libre.

La interdependencia básica entre el agua y el clima ha sido reconocida por la comunidad científica y está subrayada por el Panel Intercontinental del Cambio Climático. Por esto, no debemos aceptar respuestas al caos climático en el sector energético que siga la misma lógica que causó la crisis desde el inicio. Ésta es una lógica que pone en riesgo la cantidad y calidad del agua y la vida que está basada en represas, plantas nucleares y plantaciones de agrocombustibles. En diciembre de 2009 llevaremos nuestras preocupaciones y propuestas a la Conferencia de las Naciones Unidas de Cambio Climático en Copenhague.

El modelo dominante de agricultura intensiva industrial contamina y destruye los recursos de agua, empobrece los suelos agrícolas y devasta la soberanía alimentaria. Esto tiene un impacto en la vida y la salud pública. Desde la rica experiencia del Foro Social Mundial en Belem nos comprometemos a fortalecer nuestras alianzas estratégicas entre el movimiento del agua y aquéllos de la tierra, territorio, alimentación y clima.

También nos comprometemos a seguir construyendo redes y alianzas sociales, e involucrar tanto a autoridades locales como parlamentarias que estén decididas a defender el agua como bien común y a reafirmar el derecho al agua de todos los humanos y la naturaleza. También animamos a todos los sistemas de agua públicos a reunirse estableciendo asociaciones nacionales y regionales.

¡Festejamos nuestros logros y nuestra colaboración a través de países y continentes!

Estambul, marzo de 2009.
 

José Santamarta (*)
World Watch. España, noviembre del 2005.

«El agua calienta más que el fuego y emborracha más que el vino.»
-Manuel Lorenzo Pardo. Alicante (España), 1933.-
España acaba de pasar por la peor sequía del último siglo. ¿Cambio climático, episodio natural? Probablemente sería pronto para decirlo, pero lo cierto es que el último año hidrometeorológico, que abarca desde el 1 de septiembre de 2004 hasta el 31 de agosto de 2005, pasará a la historia por haber sido el más seco en España desde que se inicia el cálculo de volúmenes de precipitaciones en 1947.

La precipitación media en España ha sido de tan sólo 411 mm, un 40% menos que el valor medio normal, afectando a todas las regiones, excepto a Canarias. El mayor déficit de precipitaciones se registró en Extremadura, Andalucía, Castilla-la Mancha, Madrid, Cataluña y el sur de Castilla y León, en donde no llegaron ni al 50% de los valores normales, y en numerosas zonas apenas se llegó al 35% de los valores medios. En el resto de España el déficit fue importante, excepto en la vertiente cantábrica, sur de Galicia, La Rioja, Navarra, este de Aragón, centro y norte de Valencia, sur de Murcia y este de Almería, aunque sin llegar a los valores normales. Pero tan importante como el déficit global, fue el reparto a lo largo del año, pues en el último año todos los meses fueron secos o muy secos, excepto octubre de 2004. Y a medida que pasaron los meses, las reservas acumuladas en los embalses han ido descendiendo hasta el 40%: en septiembre almacenaban sólo 22.037 Hm3, frente a los 31.552 Hm3 de hace un año. Las lluvias de otoño es probable que pongan fin a esta situación extrema, pero la sequía volverá, porque es un fenómeno cíclico, que se verá agravado por el cambio climático.

Otro factor a destacar es que la situación pudiera agravarse aún más, pues históricamente las sequías en España duran de 4 a 5 años, y de ahí la importancia de aplicar políticas de ahorro y eficiencia en todos los usos, desde los regadíos, que representan cerca del 80% del consumo, a los usos urbanos.

¿De quién es el agua?

El agua, como recuerda la ministra Cristina Narbona, es un bien público y es de todos, y por eso no tiene precio, es un derecho humano básico. Cuando hablamos del precio del agua nos referimos a los importantes costes que supone captar, almacenar, distribuir y depurar el agua una vez utilizada, sin contaminar y degradar los ríos, el litoral o los acuíferos. La Directiva Marco de la Unión Europea nos obligará a repercutir todos los costes en los usuarios finales.

Otra cosa bien diferente es quien gestiona el agua y el debate suscitado con los nuevos borradores de los Estatutos de Autonomía, como el de la Comunidad Valenciana y Cataluña, entre otros. Nuestro ordenamiento jurídico es meridianamente claro al respecto: en los ríos que discurren por varias autonomías existe la Unidad de Cuenca, y es el Gobierno quién gestiona las cuencas que discurren por varias regiones, a través de las Confederaciones Hidrográficas.

Ningún territorio puede "blindar" un río que discurre por varias Comunidades Autónomas, y aún menos puede reclamar o exigir el trasvase desde otra cuenca, como pretenden dos de las regiones gobernadas por el PP, Murcia y la Comunidad Valenciana. La competencia sobre los trasvases corresponde al gobierno, que se guía por criterios de solidaridad y responsabilidad. Por eso se suspendió el trasvase del Ebro, y tarde o temprano habrá que reconsiderar el trasvase del Tajo, como reclaman todos los partidos y fuerzas regionales de Castilla-La Mancha, una vez que se solucionen las carencias de las áreas receptoras con desalinizadoras, reutilización de aguas residuales y mejora de la eficiencia, proceso que durará unos cuantos años.

El agua es de todos, pero tiene muchos usos, desde los más prioritarios, como el abastecimiento de boca o urbano, que apenas representa un 15%, el abastecimiento industrial (un 7%) y el riego de la agricultura (cerca del 78%). El Ministerio de Medio Ambiente trata de poner orden y frenar el descontrol, como el ocasionado por los numerosos pozos ilegales (se habla de medio millón, pero es difícil saber la cifra exacta), que sobreexplotan los acuíferos, y detraen para un uso particular un recurso que es de todos. Conocer bien quién consume el agua es clave para una buena gestión.

El nacionalismo hidráulico del PP

El PP y algunos de los gobiernos de las Comunidades Autónomas donde gobierna (Murcia, Comunidad Valenciana, Madrid) están utilizando la sequía contra el gobierno, al que no perdonan la derogación del trasvase del Ebro, y sobre todo haber perdido las elecciones y el gobierno. Nadie tiene la culpa, políticamente, de que no llueva, pero el PP allá donde gobierna no ha adoptado medidas para afrontar la sequía, y se ha lanzado a una campaña demagógica y permanente contra el gobierno socialista, con la esperanza de obtener réditos electorales en las próximas confrontaciones.

Los trasvases son objeto de debate y de confrontación, entre partidos políticos y regiones, como sucedió con el trasvase del Ebro, ocurre con cada nuevo trasvase del Tajo e incluso con el previsto del Júcar al Vinalopó, que enfrenta a Valencia con Alicante.

El PP de Murcia y Comunidad Valencia han encontrado la piedra filosofal, la seña de identidad que sirve de bandera contra la izquierda y el gobierno: el nacionalismo hidráulico, la demagogia del "agua para todos", y la reivindicación del trasvase del Ebro, o de trasvases imposibles desde los embalses vacíos de la cabecera del Tajo (Entrepeñas, y Buendía). Hoy es el Ebro, luego será el Tajo medio, posteriormente el Ródano, pero ni con el Amazonas tendrían bastante. Más regadíos y, sobre todo, campos de golf y centenares de miles de nuevas viviendas para todos los europeos que tengan con que pagarlas, a costa de la destrucción del litoral y de todo tipo de ecosistemas. Uno de los intelectuales orgánicos, y desde luego el más inteligente, es el periodista de La Verdad de Murcia (del grupo Vocento) Manuel Buitrago. Lo que él dice un día, al día siguiente lo repiten como papagayos todos los responsables regionales del PP. Buitrago les ilustra y les da la sofisticación y la gracia que no tienen. Lástima que una persona tan inteligente y tan lúcida como Buitrago esté al servicio del "agua para todos los campos de golf".

El discurso, a fuerza de machacón, ha calado hondo, sobre todo en Murcia, donde existe la extendida ideal de que "les queremos robar el agua", aunque en ninguna otra región el gobierno ha invertido tanto para subsanar una demanda voraz, alimentada por nuevos regadíos, legales o ilegales, urbanizaciones y campos de golf, y todo ello en la región más árida de Europa, en ese Levante que va de Alicante a Almería.

Hablan de una agricultura sin subvenciones, pero se olvidan de decir que sin las barreras arancelarias no podrían competir en el mercado europeo, sin olvidar el enorme impacto del consumo de agua, la destrucción de hábitats, la contaminación por nitratos y por plaguicidas. Y en algún momento deberán pagar el "precio real" del agua subvencionada que consumen, como establece la Directiva Marco de la Unión Europea.

Pero aún más deplorable es la creación de decenas de nuevos campos de golf, siempre ligados a grandes complejos residenciales, con su correspondiente demanda de agua, en la región más árida de Europa. ¿Qué no hay agua? Pues se trae de donde sea, y si las cabeceras del Tajo están secas, pues se recurre al Tajo medio, y cuándo el PP vuelva al gobierno, se hará por Cañetes el trasvase del Ebro, cueste lo que cueste, y cuando el Ebro se acabe, el del Tajo Medio, el Duero, el Guadiana, y se acabará interconectando todas las cuencas, para llevar el agua de la España húmeda a la seca.

Los nacionalistas hidráulicos no entienden de ecología, ni de economía, ni falta que hace. Lo suyo es la demagogia y la movilización permanente, el crear unas nuevas señas de identidad hidráulicas, que hagan olvidar todos sus fracasos, y su política real, la especulación urbanística y el enriquecimiento de unos pocos promotores, y utilizar a los agricultores de carne de cañón, imbuyendo en la población un sentimiento de agravio y victimismo.

Es curioso que el presidente de los "regantes" del Vinalopó, Andrés Martínez, sea el promotor de un campo de golf y 1.500 viviendas en Villena. No hace falta ser tan listo como Francisco Camps para intuir para qué quiere el trasvase del Júcar al Vinalopó por Cortes de Pallás, y porqué le indigna tanto a él, y al PP, el cambio del trazado. Dicen que el agua en Cullera está contaminada y no sirve para las promociones golfistas del presidente de los regantes del green.

Gestión de la demanda contra aumento de la oferta

Como tantas cosas básicas, sólo percibimos la importancia del agua cuando nos falta, o nos afecta una sequía como la que hemos sufrido en 2005. La política de aguas es uno de los temas de mayor confrontación, como muestran las polémicas en torno al trasvase del Ebro, del Tajo-Segura o del Júcar-Vinalopó, o la construcción de algunos embalses, como Castrovido en Burgos, o Biscarrués en Aragón, o Riaño e Itoiz en un pasado reciente.

Todos utilizamos el agua, ya sea para abastecimiento urbano, regadíos, usos industriales o incluso campos de golf, y todos queremos pagar lo menos posible. Las necesidades son infinitas, pero el recurso es escaso. ¿Cuánta agua es suficiente? ¿Quién pone límites y raciona la escasez? ¿Quién paga el abastecimiento y la depuración?

¿Y cuánto tiempo podremos aguantar la demagogia de Andrés del Campo, presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore), que se opone a algo tan elemental como pagar el precio del agua que consumen? Los bajos precios del agua para los regadíos incentivan el despilfarro, impiden la modernización y son una subvención encubierta, que pagan todos los ciudadanos, al financiar con dinero público los embalses y las conducciones, por no hablar de otras externalidades, como la contaminación difusa por nitratos y plaguicidas, o el coste de oportunidad del agua, que si se emplea en un uso, no puede utilizarse en otro. Los agricultores, por supuesto, atraviesan una difícil situación y hay que garantizarles un nivel de vida digno por su actividad, una de las más nobles que existen (producir los alimentos que consumimos), pero ello no tiene por qué significar necesariamente garantizarles el agua a un precio muy por debajo de su coste. Los regadíos consumen casi el 80% del agua en España, y representan un porcentaje ínfimo del PIB y de la población ocupada.

La sequía acentúa la necesidad de una nueva política del agua, que garantice más equidad, más eficiencia y más sostenibilidad, aprovechando las mejores tecnologías disponibles, y que combata el despilfarro, la insuficiencia de recursos y la contaminación del agua.

La nueva política del agua incluye la gestión de la demanda, frente al enfoque tradicional basado sólo en la oferta de nuevas infraestructuras hidráulicas, como embalses y trasvases que, si son necesarias, deberán ejecutarse analizando sus costes, viabilidad e impacto sobre el medio ambiente.

La desalinización y la reutilización de las aguas previamente depuradas, son algunas de las tecnologías a potenciar cada vez más, teniendo en cuenta los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad de recursos hídricos continentales; pero también es prioritario optimizar el uso del agua, mediante la modernización de los regadíos, la mejora de la calidad del agua y el fomento de la eficiencia en el uso de los actuales sistemas hídricos superficiales y subterráneos, reduciendo las importantes pérdidas en las redes de distribución.

Hacer más con menos

En tiempos de escasez hay que hacer más con menos, y eso es precisamente lo que se llama eficiencia, que debería ser el norte de la política de aguas, llueva o no llueva. La nueva Directiva Marco de la Unión Europea nos obligará también a mejorar la calidad, sin olvidar el importante papel del agua en la conservación de ecosistemas. La repercusión de los costes de las infraestructuras en los usuarios, aunque no agrade a los afectados, sobre todo a los regantes, acostumbrados a que el Estado (es decir, todos) corriese con los gastos e inversiones, servirá sin duda para consumir agua con más eficiencia.

La política del Gobierno y del ministerio de Medio Ambiente (el Programa A.G.U.A.) trata de resolver los problemas del agua de España, proporcionando agua antes, más barata que con el trasvase del Ebro, con menos perjuicio para el medio ambiente y de más calidad, que con las alternativas anteriores del PHN del PP, o las del propio PHN del PSOE de 1996. El Programa A.G.U.A. no plantea conflictos irresolubles entre Comunidades Autónomas, a diferencia de los trasvases entre Cuencas, y se adapta a la nueva legislación de la Unión Europea, y muy especialmente la Directiva Marco 2000/60.

Hoy conviene resolver con sensatez, sin tanta crispación, los problemas relacionados con el agua y la sequía actual, ya sean de cantidad o de calidad. La auténtica sequía de ideas es la del nacionalismo hidráulico del PP murciano y valenciano, aferrado al trasvase del Ebro como a una tabla de salvación, si no hidráulica, al menos electoral (o eso piensan). La prioridad debe ser aumentar la eficiencia en todos los usos (o lo que es lo mismo, proporcionar los mismos servicios con menos consumo de agua), reducir las pérdidas en las redes de distribución, mejorar la depuración de las aguas residuales y reutilizarlas para ciertos usos (regadíos, baldeo de calles, campos de golf, jardines públicos), instalar la veintena de grandes desalinizadoras previstas, aprovechar con moderación las aguas subterráneas, ir aplicando una política de precios que evite el despilfarro y repercuta los costes en los usuarios e implantar nuevos modelos de gestión, incluidos los bancos públicos de agua, dando prioridad al abastecimiento de la población.

Claro que los del PP quieren ahora aprovechar los bancos públicos de agua para intentar volver a colar el trasvase del Ebro, y seguir con la crispación, mientras ponen todo tipo de zancadillas a las desalinizadoras ¡por razones ambientales! Precisamente ellos, los nuevos Atilas del hormigón y del green del golf, que por donde gobiernan sólo crece el ladrillo y el único verde es el del green (la presidenta Aguirre juega todos los días, antes de conceder alguna televisión digital a sus amigos de la ultraderecha). Ahora resulta que se han vuelto ecologistas y han descubierto el impacto ambiental de la salmuera y el boro, o que el nuevo trazado del trasvase Júcar-Vinalopó atraviesa varias "zonas protegidas", ellos, a quienes no les tiembla el pulso para recalificar como urbana cualquier zona, con tal de construir una nueva urbanización con su correspondiente campo de golf, que tanto ayuda a la revalorización y da valor añadido a sus proyectos especulativos.

El cuento chino de Mariano

Según Mariano Rajoy "la desalinización es un cuento chino. Si volvemos a ganar, el trasvase del Ebro se va a construir porque la opción de las desalinizadoras no tiene ningún sentido. Contaminan y ademán tampoco se van a hacer". El "cuento chino" de Mariano son las 750 plantas desalinizadoras existentes en España que aportan 400 hectómetros cúbicos al año, abasteciendo a una población de dos millones y medio de personas, y para el año 2007 podrán resolver los déficits hídricos de Murcia, Alicante, Almería, Málaga y Baleares, e incluso Barcelona.

La contraposición con las supuestas prestaciones de un hipotético trasvase del Ebro, son evidentes a cualquier observador imparcial, e incluso la prensa internacional, desde Le Monde a The Economist, han criticado con dureza al derogado trasvase, sólo defendido por el PP y algunos medios afines. Con independencia de su inviabilidad económica y ambiental, el agua trasvasada cada año dependería de las precipitaciones y la situación existente en la cuenca del Ebro a lo largo de ese año, lo que hubiera constituido un riesgo para todos los usuarios del trasvase, aún mayor para los usuarios situados al final, es decir, fundamentalmente para Almería y Murcia.

En las cifras anteriores se incluyen tanto la desalinización de aguas salobres (agua subterránea salinizada, ya sea de acuíferos costeros en contacto directo con el mar o de acuíferos aislados) como de aguas marinas. La mitad corresponde a aguas marinas y la otra a aguas salobres, aunque el número de plantas para desalinizar agua de mar es menor que el de salobre, pues éstas son de menor capacidad.

Las desalinizadoras dan de beber a 121 millones de personas en el mundo, a un coste que hoy no supera los 40 céntimos de euro por metro cúbico. Con un periodo de amortización de 15 años y subiendo el agua hasta una cota de 100 metros, el metro cúbico de agua desalinizada cuesta 0,45 euros como mucho. Según el CEDEX el 40% es gasto energético, otro 40% la obra, y el 20%, personal y reparaciones. Un precio bastante inferior a los 91 céntimos de euro por metro cúbico del trasvase del Ebro, y que seguirá descendiendo en los próximos años.

España es de los países con mejores tecnologías de desalinización, lo que nos sitúa en un lugar privilegiado en un sector en rápida expansión, al igual que sucede con la energía eólica y la solar fotovoltaica. De hecho exportamos la tecnología a países tan variados como Argelia o Estados Unidos. Las desalinizadoras crearán empleo y tejido empresarial, generarán innovación tecnológica y exportaciones, y aún pueden reducirse mucho sus costes. Las desalinizadoras son el futuro, y quien más desarrolle esta tecnología, tendrá una importante ventaja comparativa en un mundo donde crecen las demandas de agua y la mayor parte de la población vive en zonas costeras.

¿Cuánto consumen las desalinizadoras?

El presidente del Gobierno de la Región de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, afirmó en declaraciones a Antena 3 que una desalinizadora emplea una cantidad de energía "mucho mayor que un trasvase, 6,6 kilovatios/hora por metro cúbico, frente a los 4,5 kilovatios/hora de un trasvase".

Como el consumo real de las desalinizadoras no supera los 3,5 kWh por metro cúbico, si los datos del presidente de la región murciana sobre el trasvase son ciertos, entonces las desalinizadoras consumen un 22% menos que el trasvase.

El conseller de Territorio y Vivienda del Gobierno valenciano, Rafael Blasco, afirmó que "para desalinizar los 650 hectómetros cúbicos de agua que propone Narbona se necesitan entre 650 y 700 millones de kilovatios hora, lo que dispararía el consumo energético en la Comunidad Valenciana". Según las cifras del conseller harían falta más de 10 kWh por metro cúbico. Es probable que el conseller tenga los datos algo anticuados, o se haya equivocado de década. Pero para quien pasó de la extrema izquierda del FRAP al PSOE, y acabó en el PP, por ahora, las cifras son tan volubles como la ideología, depende de donde se esté, o eso debe pensar. El mismo Blasco que quiere poner cien nuevos campos de golf en la Comunidad Valenciana, con sus correspondientes miles de complejos residenciales, y si no hay agua, se trasvasa, que para eso está la solidaridad, para hacer ricos a unos cuántos promotores amigos y compadres del green.

Hay cuatro consumos energéticos básicos asociados a la desalinización del agua de mar: el bombeo de la toma hasta el depósito de entrada, el proceso de desalinización en sí (ósmosis inversa con bombas de alta presión y recuperación de energía), el bombeo del agua producida hasta la balsa de salida y la elevación del agua desde la balsa de salida hasta los puntos de consumo. Respecto a la desalinización de agua de mar con la tecnología de ósmosis inversa con recuperación de energía en la salmuera de rechazo, sin incluir el bombeo, la cifra del consumo específico a considerar es de 3,5 kWh/m3, y gracias a las innovaciones tecnológicas que están surgiendo, se prevé que se reduzca a 2,7 kWh/m3. De hecho las plantas de última generación consumen menos de 3 kWh/m3.

Pero la FAES da otras cifras. El consumo energético de las desalinizadoras por ósmosis inversa es de 4 kilovatios hora por metro cúbico, frente a los 2 kWh del trasvase del Ebro, según un informe de la Universidad de Murcia encargado por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), vinculada al PP y presidida por Aznar. Los datos de FAES son erróneos: el trasvase del Ebro consumiría 3,26 kWh/m3.

Sería de desear que los responsables del PP en Murcia, Comunidad Valenciana y Madrid se pusieran de acuerdo en alguna cifra, porque cada uno ofrece las suyas, a cual más variada, desde 4 kWh a más de 10 kWh por metro cúbico desalinizado, y lo mismo ocurre con los datos del trasvase. Quizás, con las prisas en cuestionar la alternativa del gobierno, no han tenido tiempo de estudiar los consumos reales. Ni falta que les hace.

El trasvase, realmente, consumiría un 30 por ciento más de electricidad que las desalinizadoras, puesto que habría que llevar el agua desde el Ebro hasta Almería a través de 11 bombeos que elevarían el agua hasta más de 1.000 metros sobre el nivel del mar. Según el Ministerio de Medio Ambiente, las desalinizadoras contempladas en el Plan de Actuaciones Urgentes consumirían 2.173 GWh/año (2.484 GWh si se incluye también el bombeo del agua hasta los puntos de consumo), frente a los 3.423 GWh anuales del trasvase del Ebro.

¿Cuánto dióxido de carbono emiten las desalinizadoras?

El conseller de Territorio y Vivienda del Gobierno valenciano, Rafael Blasco, aseguró que el Plan de Desalinizadoras del Ministerio de Medio Ambiente "supondrá un incremento de 4 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera al año, lo que resulta totalmente incompatible con el Protocolo de Kioto". "Las industrias eléctricas no solo no podrán cumplir con la reducción de un 3% que les impone el Gobierno del PSOE, sino que aumentarán su volumen de emisiones en un 5% cuando empiecen a funcionar las nuevas desalinizadoras", especificó el conseller un exmarxista-leninista-pensamiento de Mao Zedong (otro amante de los trasvases). "Si se realiza un segundo plan de desalinizadoras para cubrir las necesidades de agua de la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería, fijadas en 1.000 hectómetros cúbicos, la emisión de CO2 aumentaría hasta los 5,5 millones de toneladas", según Blasco.

Pero según la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), vinculada al PP, la producción de 600 hectómetros cúbicos de agua por desalinización supondría un consumo energético de 2.400 gigavatios hora (GWh), "lo que produciría un aumento del dióxido de carbono (CO2) vertido a la atmósfera". El informe señala que las desalinizadoras "contribuirían a incrementar el efecto invernadero con 2,4 millones de toneladas de CO2".

Según otro informe del Instituto Universitario de Geografía de Alicante, entidad al servicio de la agitación del nacionalismo hidráulico valenciano, "supondría incrementar en 3,2 millones de toneladas la emisión de CO2, lo que alejaría aún más a España de cumplir con el protocolo de Kioto, que estableció para nuestro país el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 15% por debajo de los niveles de 1990".

¿En qué quedamos? ¿Son 2,4 millones, 3,2 millones, 4 millones o 5,5 millones de toneladas de CO2? Según el ministerio de Medio Ambiente y nuestros propios cálculos, esas emisiones quedarán reducidas, en el peor de los casos, a 873.000 toneladas de CO2 de las desalinizadoras y 998.500 toneladas de CO2 si se incluye también el bombeo, apenas el 0,25% de las emisiones actuales en España de gases de invernadero, dado que actualmente se emiten 402 gramos de CO2 por kWh, con el "mix" de generación actual. Si se instalan 1.000 MW eólicos adicionales, para compensar el consumo eléctrico de las desalinizadoras y el bombeo, las emisiones de gases de invernadero serán nulas. De hecho, el Plan de Energías Renovables ha elevado las previsiones de eólica para el año 2011 de 13.000 MW a 20.000 MW, en función de los estudios de la integración en la red eléctrica de distribución. El trasvase del Ebro habría emitido 1.376.000 toneladas de dióxido de carbono, bastante más que las desalinizadoras.

Los análisis de FAES-PP, como los realizados por los gobiernos autonómicos valenciano y murciano, pretenden cuestionar al "corazón" de dos políticas claves del Ministerio de Medio Ambiente, pero a partir de datos cuanto menos discutibles, y probablemente erróneos.

Curioso que el PP haga estos análisis, cuando en los ocho años de gobierno hubo un gran aumento de las emisiones de CO2 en España, nada menos que un 36%. ¡Y ahora les preocupa el 0,2%! El abandono del trasvase del Ebro fue la alternativa más sensata, y las desalinizadoras proporcionarán agua de mayor calidad, más barata, con mayor seguridad y mucho antes que con el trasvase del Ebro.

Golf + urbanizaciones = trasvase del Ebro

Un campo de golf de 18 hoyos necesita entre 45 y 80 hectáreas. Cuando el campo de golf se asocia a una urbanización residencial, el consumo de agua para el llenado de piscinas privadas y el riego de jardines particulares se dispara, algo especialmente grave en una zona tan árida como el sureste peninsular. Y dado el elevado consumo de suelo, se suelen ubicar en zonas naturales escasamente urbanizadas o en zonas agrícolas. De hecho, los regantes son sólo una excusa, y la carne de cañón para las manifestaciones en Murcia o Alicante. Quedaría más feo una manifestación de promotores y especuladores en sus automóviles de lujo, con Camps, Valcárcel y Mariano en la cabeza, Buitrago de cronista oficial, y con pancartas que rezasen "Agua para Todos los Campos de Golf".

Los campos de golf van asociados generalmente a operaciones inmobiliarias, que son las que les dan su rentabilidad financiera. Para instalar un campo de golf hay que talar los árboles y matorrales, con pérdida de la diversidad biológica, aunque eso no preocupa a los ecologistas del PP. A ellos sólo les quita el sueño la salmuera. Además, el suelo del terreno original se sustituye por una capa de grava destinada a favorecer el drenaje, lo que incrementa las escorrentías y reduce la capacidad de retención de agua del subsuelo, aumentando el consumo de agua: entre 360.000 y 500.000 metros cúbicos por año para un campo de 18 hoyos, en competencia directa con otros usos (agrícolas, urbanos y los de la propia naturaleza), más los de la urbanización asociada, aún mucho más elevados.

Pero tan importante como el elevadísimo consumo de agua, es el empleo intensivo de fertilizantes químicos y plaguicidas tóxicos. Los greens son monocultivos homogéneos, y su mantenimiento requiere el uso de herbicidas e insecticidas, que ocasionan una importante contaminación. Claro que para Blasco y sus correligionarios del PP los campos de golf mejoran el medio ambiente, pues sustituyen terrenos áridos por extensas zonas verdes, en urbanizaciones cerradas ajenas a su entorno geográfico y social, con un impacto casi nulo en las zonas aledañas, pues todo se compra dentro del complejo. Lo que sí hay que pagar y externalizar son la recogida de residuos, el abastecimiento y el saneamiento de agua, cuya prestación puede acabar suponiendo una pesada carga para los Ayuntamientos. Beneficios privados, gastos públicos, esa es la máxima del nacionalismo hidráulico.

 


El programa A.G.U.A. versus el trasvase del Ebro

1. Más agua: 1.063 hectómetros cúbicos de agua, frente a los 1.048 hectómetros cúbicos del trasvase.
2. Más calidad: la contaminación del embalse de Flix pone de manifiesto los problemas de calidad del agua del Ebro en su tramo inferior, que es de dónde partiría el trasvase. El agua procedente de las desalinizadoras tiene una calidad óptima.
3. Más barato: 3.900 millones de euros del programa A.G.U.A., frente a los 4.200 millones de euros del trasvase.
4. Menos consumo de electricidad: 2.484 GWh del programa A.G.U.A., frente a 3.423 GWh del trasvase del Ebro.
5. Menos emisiones: 998.000 toneladas de CO2 de A.G.U.A., incluido el bombeo (el 0,2% de las emisiones españolas de gases de invernadero), mientras que el trasvase emitiría 1.376.000 toneladas, sin utilizar energías renovables en ambas alternativas y con el mix de generación eléctrica actual.
6. Menos ocupación de espacio: 2.252 hectáreas en el caso del trasvase, mientras que las desalinizadoras afectan apenas a 55,89 hectáreas
7. Menor impacto ambiental: con la tecnología actual de difusores y emisarios, la salmuera no tiene prácticamente ningún impacto ambiental sobre las fanerógamas marinas (Posidonia oceanica) y, en general, sobre el Mediterráneo. El movimiento de tierras de las desalinizadoras previstas asciende a 482.517 metros cúbicos, frente a 28,5 millones de metros cúbicos del trasvase. El trasvase del Ebro habría tenido igualmente un gran impacto sobre numerosos espacios protegidos.
8. El agua llegará antes, y ya en el año 2007 se producirán las primeras aportaciones importantes.
9. Sin conflictos entre Comunidades Autónomas.
10. Mayor seguridad, al no sufrir las variaciones del ciclo hidrológico y el impacto del cambio climático sobre el trasvase.
11. El programa A.G.U.A. concede mayor prioridad al ahorro, a la eficiencia y a la gestión sostenible de la demanda que el PHN.
12. Adaptación a la legislación de la Unión Europea, y muy especialmente a la Directiva Marco 2000/60.

Referencias

Rico Amorós, Antonio M.; Olcina Cantos, Jorge; Paños Callado, Vicente; Baños Castiñeira, Carlos. Depuración, desalinización y reutilización de aguas en España (estudio regional). Barcelona: Oikos-Tau, 1998.
II Congreso Nacional Aedyr. La Desalinización y Reutilización del Siglo XXI. Alicante, 21-22 de noviembre de 2001.[En CD-Rom]
López Geta, J.A.; Mejías Moreno, M.. Las aguas salobres. Una alternativa al abastecimiento en regiones semiáridas. Los acuíferos costeros y las desalinizadoras. Almería, 2000.
http://www.igme.es/internet/web_aguas/igme/publica/art_2linea_5.htmLink
Ministerio de Medio Ambiente, Programa A.G.U.A. (Actuaciones para la Gestión y Utilización del Agua). Madrid, 2004. www.mma.esLink
Ministerio de Medio Ambiente, "Memoria ambiental comparativa entre las actuaciones urgentes en las cuencas del mediterráneo y la alternativa al proyecto de transferencias autorizadas por el articulo 13 de la ley 10/2001, de 5 de julio, del plan hidrológico nacional. Madrid, 2004.
Libro Blanco del Agua. Ministerio de Medio Ambiente, Madrid, 2000.

(*) José Santamarta es director de la edición española de la revista World Watch.

 
Acte sencer (inclús les intervencions del públic) organitzat per la Plataforma en Defensa de l'Ebre consistent en un debat, en una taula redona sobre lo cabdal mínim del riu. Intervencions de l'A.C.A, la C.H.E., l'I.R.T.A., la P.D.E.

Introducció Susanna Abella, P.D.E:

1- http://www.youtube.com/watch?v=AS-T-yJoJdk&feature=channel_pageLink

Representat de l'A.C.A:

2- http://www.youtube.com/watch?v=ujifEw0YQ6U&feature=channel_pageLink

Continuació de discurs del representant de l'A.C.A i intervenció del representant de la C.H.E:

3- http://www.youtube.com/watch?v=NIsrGPntKqA&feature=channel_pageLink

4- http://www.youtube.com/watch?v=W-2XJTyysh8&feature=channel_pageLink

Continuació del discurs del representant de la C.H.E. i intervenció de Rafa Sánchez:

5- http://www.youtube.com/watch?v=rjXBvfFTgKI&feature=channel_pageLink

6- http://www.youtube.com/watch?v=2JsJC4KUnQ8&feature=channel_pageLink

7- http://www.youtube.com/watch?v=twfEnhpy8ec&feature=channel_pageLink

Intervenció del representant de l'I.R.T.A:

8- http://www.youtube.com/watch?v=101OcMuNPco&feature=channel_pageLink

9- http://www.youtube.com/watch?v=j2eTbEyQG6c&feature=channel_pageLink

Intervenció de Manolo Tomàs de la Plataforma en Defensa de l'Ebre:

10- http://www.youtube.com/watch?v=hrShaRya3t0&feature=channel_pageLink

Continuació de la intervenció de Manolo Tomàs i intervencions del públic i explicacions des de la taula:

11- http://www.youtube.com/watch?v=19awWejXHps&feature=channel_pageLink

12- http://www.youtube.com/watch?v=z0hJ-b6K4LA&feature=channel_pageLink

13- http://www.youtube.com/watch?v=Ab-Rru5BQgo&feature=channel_pageLink

14- http://www.youtube.com/watch?v=ft6DU4UGXR0&feature=channel_pageLink
 
EN DEFENSA DE UN MUNDO DE VALORES

FRENTE AL VANDALISMO DE LOS TIEMPOS DISFRAZADO DE PROGRESO

A mis queridos amigos de Portugal.

Ya de regreso en casa, con la mente todavía llena de bellas imágenes de ese regalo de la naturaleza y de la vida que es el Tua, pero con el corazón encogido de pensar que ese río que hemos contemplado y disfrutado desde Mirandella hasta su confluencia en el Duero, un día pueda ser destruido desde la coartada del progreso y en nombre de un pretendido interés general.

Quedan pocos lugares donde el paisaje, la cultura, la intervención humana y el río estén tan bellamente integrados. Por eso, el destino de ese río tan profundamente hermoso es ser lo que ahora es: río; pues aún siendo río, podría llegar convertirse en el motor de un nuevo e interesante modelo de desarrollo económico respetuoso y sostenible de la región, si hubiera más sabiduría y voluntad política para que así fuera, que codicia patológica.

Como padre que soy del concepto -hoy ya mundialmente extendido-, de la Nueva Cultura del Agua, me siento en la obligación moral de recordar a los responsable del ingrato proyecto de represamiento del Tua, que en estos momentos, cuando ya tanto hemos destruido, degradar un río de las características del Tua, convirtiéndolo en un cementerio de aguas muertas, en un gran almacén de agua de para la generación de electricidad, es mucho más que una simple degradación física, química o biológica de sus aguas; es un atentado, una auténtica amputación que se haría a la vinculación emocional del ser humano con su territorio; sería una hipoteca para siempre, que significaría la destrucción y venta de un espacio portugués muy singular, con su historia y su cultura; un triste y lamentable punto final para un territorio histórico y unas gentes que merecen otro destino.

Los ríos como el Tua son parte consustancial de los territorios por los que nacen y pasan; son propia historia y su alma; son su voz y su memoria, la esencia de su identidad; destruirlos es una falta de respeto a quienes lo hicieron habitable, lo amaron, defendieron y trataron de hacerlo grande.

Entiendo que el Tua, integrado en su paisaje geológico, con ese trazado de ferrocarril histórico tan singular que le acompaña, con sus cultivos aterrazados, es un patrimonio de memoria e identidad de todo Portugal, a la vez que un patrimonio de naturaleza y cultura a escala europea. Confío y deseo que en la Unión Europea así se entienda, y que nunca lleguen a dar luz verde al proyecto. Con su destrucción, Portugal, la península Ibérica y Europa, espiritualmente se empobrecerían un poco más en nombre de la paradoja del progreso.

Personalmente, siento el represamiento del río Tua como una operación mercantil profundamente inmoral, promovida desde los poderosos intereses organizados del sector hidroeléctrico y de la construcción, en connivencia con los poderes políticos, que no saben de gentes ni de patrias sino de dineros, plusvalías poderes y votos. Es un hurto que se haría a las generaciones venideras, un atentado contra sus derechos. Es un acto de vandalismo que jamás debería contar con las bendiciones de las instituciones medioambientales portuguesas, ni de la Unión Europea.

Quien no se ha detenido a contemplar ese río, ni el escenario cultural y humano por el que discurre; quien no la ha recorrido sobre una canoa, quien no ha sentido su fluir,… quien sólo lo ha visto a través de los mapas, de los cuadros con datos de caudales, de los hidrogramas y las cotas,…no podrá entender jamás el alcance físico y metafísico del atropello proyectado.

No hay razón de necesidad de nadie ni de progreso alguno que justifique semejante barbarie. Y digo “barbarie” porque considero que en estos tiempos en los que tanto hemos destruido ya, el proyecto de represamiento del Tua es un acto vandálico, dicho sea con perdón de los vándalos.

Me parece evidente que a los impulsores del proyecto no les motiva del desarrollo de las gentes de esos territorios, sino el gran beneficio a perpetuidad que piensan obtener de la operación. Con el coste económico requerido se podrían hacer otras muchas cosas de gran interés para el verdadero desarrollo de la comarca, conservando su identidad y su valor patrimonial. Un simple concurso de ideas mostraría esa posibilidad.

Sería bueno que los alcaldes y autoridades del valle del Tua pudieran dar un paseo por zonas como el río Sella en Asturias, Murillo de Río Gállego en Zaragoza, los barrancos de la Sierra de Guara en Huesca, el Noguera Pallaresa en Lérida, o las gargantas del Ardech en Francia, para darse cuenta del valor que tiene hoy en día un río de las características del Tua como motor de desarrollo económico de una región, que ahora se pretende aniquilar desde el espejismo de un falso desarrrollo

No vale la excusa la necesidad de generar energía para el desarrollo país, porque mientras no diseñemos un modelo obligado de desarrollo verdaderamente sostenible, toda la energía que se pueda ofrecer será siempre poca; no habrá nunca límite de satisfacción posible. Estamos abocados al holocausto hidrológico del país, a cuya consumación caminamos. Cuando nos demos cuenta de esa realidad, ya será tarde; los ríos tendrán sus dueños.

Lo que aportaría la producción hidroeléctrica de una presa en el Tua al total del consumo energético de Portugal es absolutamente irrelevante; bastante menor que el ahorro que se podría obtener de unas buenas campañas de educación y concienciación del uso responsable de la energía que actualmente se consume y el país dispone.

Cuando lo que está en juego es la destrucción de un patrimonio de naturaleza y cultura, los afectados somos todos. Todos somos usuarios de la belleza natural, y todos la necesitamos. Los ríos no saben de fronteras administrativas; en ese sentido, puedo decir que me considero un afectado por la destrucción del Tua. Las acciones humanas tienen el riesgo de pasar del uso al abuso; la destrucción del Tua sería un caso de abuso; una violación del domicilio público de las gentes, aunque ellas ahora no se den cuenta del alcance de lo que se proyecta hacer con su territorio, porque no ha habido un proceso público, transparente y plural de información.

Si a los portugueses se les pudiera explicar lo que es este río y lo que significa su pérdida en términos de despersonalización, liquidación y desguace de su país, y de lo que se podría hacer con la inversión económica requerida aplicada al verdadero desarrollo del territorio, no dudo de que se opondrían radicalmente a este ingrato proyecto, y entenderían conmigo que estamos ante un acto más del neovandalismo de los tiempos modernos disfrazado de progreso

Sólo la hipocresía de los intereses organizados (económicos, políticos, etc) es capaz de relacionar este proyecto con el interés general de las gentes del territorio, con su desarrollo económico y con la creación de puestos de trabajo; basta revisar la historia de las comarcas y valles que han pasado por ese proceso para darse de cuenta de qué destino le aguarda: un neofeudalismo, eldel poder hidroeléctrico. Sólo la presión de los grandes intereses, en connivencia con el poder político, podrán hacer que un proyecto de la codicia humana organizada -como entiendo que es el del Tua-, pueda tener una evaluación de impacto ambiental positiva. Sería lamentable, un golpe mortal a la credibilidad en las instituciones responsables de defender el valor del medio natural frente al abuso de los poderes y las coyunturas.

Quedan ya pocos ríos que conserven un mínimo de capacidad de evocación de la belleza y la armonía de lo natural como el Tua. Lo que va quedando de ellos, tanto en Portugal como en España, son auténticos cadáveres hidrológicos del progreso en panorama de privatizaciones fácticas. Ha llegado el tiempo de los ríos; el tiempo de decir basta ya de tanta destrucción en nombre de la mentira del progreso. Lo poco que queda de los ríos ibéricos es ya valor patrimonial, por consiguiente no tiene precio de mercado. Justamente por esa razón hablamos de sostenibilidad. Hablamos pero no la practicamos; seguimos en la huida hacia delante, porque de momento para algunos sectores el mal hacer colectivo es negocio.

El destino del Tua es ser lo que ahora es: simplemente río y patrimonio. Sus gentes merecen el derecho a seguir viviendo en ese valle, pero la solución no pasa por la destrucción del río, sino más bien por su conservación.

¡Larga vida al Tua!

Javier Martínez Gil
Miembro fundador de Coagret y de la Fundación Nueva Cultura del Agua
Decano de los catedráticos de Hidrogeología en España
Universidad de Zaragoza

 
Tras pasar el mes de septiembre en Canadá, me reincorporo de nuevo al trabajo y a los temas de nuestro país. Ha sido una experiencia estupenda, por lo bello que es el país y sobre todo por la gente que he tenido la suerte de conocer. He estado principalmente en Manitoba y Ontario, provincias del centro de Canadá.

En Manitoba he participado en reuniones con gente que está trabajando para impedir que el Gobierno construya una serie de presas en el norte de la provincia, y arrase con ellas lo que queda de algunos territorios y reservas indias. Se sienten solos y aislados, pues las campañas de propaganda del gobierno son muy fuertes y se acusa a las comunidades indígenas de estar oponiéndose al progreso y a una fuente de electricidad “limpia”. Las presas son para vender electricidad a EEUU, con unas tarifas que son de las más bajas del mundo, y que no tienen en absoluto en cuenta los costes sociales y ambientales del proyecto.

Estas nuevas presas se añaden a las ya construidas en los años 70. En esa época se hizo un trasvase de más del 75% del agua del río Churchill hasta el río Nelson, para concentrar caudales y producir más electricidad, los dos ríos (que desembocan en la Bahía de Hudson), y el lago Winnipeg, uno de los más grandes del mundo, se convirtieron en tuberías de hormigón, y almacenes de agua, llenos de presas y conectados de forma artificial entre sí, con sus sistemas y funcionamiento naturales totalmente alterados. El sistema de presas y trasvases se hizo contra la voluntad de los nativos dueños de los territorios y reservas anegados por las aguas. No se hicieron estudios ambientales, ya que Manitoba Hydro, la empresa estatal encargada de las obras y de producir electricidad, dijo que “No tenemos tiempo para esperar hasta que los estudios estén completados. Nuestro trabajo es producir electricidad”. Las consecuencias ambientales han sido desastrosas, ya que el régimen natural de las aguas ha sido cambiado según las variaciones en la demanda eléctrica. Los ecosistemas riparios han sido destruidos, los lagos y ríos se desecan o se llenan hasta inundar sus márgenes, al antojo de la compañía. Como consecuencia de lo anterior, los márgenes de los ríos se erosionan y caen dentro de los lagos, islas enteras desaparecen. Los nativos han visto como los restos de sus antepasados emergen entre el barro, tras la erosión de los sitios de enterramiento, que ellos consideran sagrados. La magnitud de la erosión provoca que multitud de árboles caigan en las aguas, y medio sumergidos, provocan numerosos accidentes para los que navegan en botes. En estos accidentes ha muerto gente, pero el presidente de Manitoba Hydro dijo que “este es el coste de hacer negocios”. La economía tradicional nativa, basada en la caza y la pesca, ha sido arrasada por las obras y las presas, contribuyendo al alto desempleo, pobreza, decadencia cultural y ruptura social. Antes de hacer las presas el 80 % de la población nativa vivía de la caza y la pesca. Ahora, el 80 % de la población está desempleada, y el índice de alcoholismo y suicidios es altísimo.

En la actualidad, Manitoba Hydro y el Gobierno planean construir una serie de nuevas presas (hasta 15) en el sistema de los ríos Churchill y Nelson, para producir más electricidad y poder exportarla al país vecino. Pero obviamente, las cosas no son como en los años 70, y las tácticas han cambiado. Para evitar la frontal oposición de las comunidades nativas, se les propone participar ahora como dueños de hasta el 33% de la propiedad de la presa de Wuskwatin, y compartir los beneficios. Para ello deberán aportar a Manitoba Hydro 84 millones de dolares, que la compañía les “presta”. De esa manera, comunidades muy pobres se van a endeudar hasta las cejas durante décadas, y van a ver de nuevo sus tierras inundadas y arrasadas. Esto ha dividido a las comunidades nativas. Unos quieren el dinero, y otros no. Los que se oponen dicen que el gobierno ya les engañó con los Tratados del siglo pasado, por los que se constituyeron las reservas indias. También les engañó con los acuerdos que se firmaron en los años 70, tras la construcción de la primera tanda de presas. Las compensaciones prometidas nunca han llegado y los perjuicios han sido mucho mayores de lo que se anunció. No tienen ningún motivo para creer que ahora vayan a cumplir nuevos tratados, contratos y promesas, y en todo caso ¿tienen precio los ríos, lagos y tierras que ellos consideran sagrados?.

Los Pimicikamak, una de las comunidades nativas más afectadas, han dicho que ya está bien de que los engañen y destruyan sus tierras y medios de vida en nombre de un progreso y un interés general basado en su sufrimiento. El mensaje de los Pimicikamak es que la tierra es sagrada, pero la economía de mercado, no.

De esta manera, con la ayuda de otros grupos, han iniciado una campaña para informar a los consumidores de electricidad en Manitoba y EEUU sobre las violaciones de derechos humanos y devastación ambiental causada por el mega-proyecto hidroeléctrico. Lo tienen difícil, porque las contracampañas informativas del Gobierno son abrumadoras, y el problema apenas se conoce, ni dentro ni fuera del país.

Les estuve contando lo que había pasado también en España en los últimos 50 años, les hablé de las presas construidas, de los pueblos inundados, del trasvase del Tajo, que también se lleva el 75% del agua de uno de los mayores ríos de España porque económicamente rinde más en otra zona del país, les hablé del proyecto de trasvase del Ebro, de cómo grupos de personas afectadas, con el apoyo de la universidad, se agruparon para decir “basta”, les expliqué lo que es la FNCA…. Ellos preguntaban, “entonces ¿lo que nos está pasando a nosotros está pasando también en España?”.

Se mostraron muy interesados en estar en contacto con grupos de afectados en España, y en intercambiar experiencias e información. Obviamente, los países son distintos, pero las raíces del problema, del modelo de desarrollo y progreso que tenemos, que arrasa todo en nombre del beneficio económico y del bien común, son bastante parecidos.

Han hecho un documental, que se llama “Green Green Water” y que explica el viaje de una consumidora de electricidad de EEUU hasta el norte de la Bahía de Hudson, para conocer de cerca los costes reales, ambientales, sociales y personales, de la electricidad que consume. Aunque el gobierno de Canadá, defiende que es electricidad “limpia” y que según el protocolo de Kyoto debería compensársele por producirla, lo cierto es que sus costes e impactos reales hacen que no pueda considerarse así, y en todo caso una parte importante de bosque boreal canadiense (“el pulmón del Norte del planeta”) se ve seriamente afectada por los proyectos hidroeléctricos. Se puede ver un resumen del documental “Green Green Water” y más información sobre el tema, en esta página web www.greengreenwater.comLink

Como comenta Leandro, en temas de agua, los frentes abiertos son muchos, y en España lo sabemos sobradamente. Sin embargo creo que el estar en contacto unos con otros, e incluso con afectados de otros países, permite que veamos como casi con precisión matemática, determinados factores siempre se repiten, aunque las zonas, los gobiernos y las gentes varíen. Y sobre todo, permite que nos apoyemos unos a otros, y fundamentalmente, que sepamos. El desconocimiento, la desinformación, la manipulación y el “no pasa nada”, son las principales armas que se utilizan para sumir en el ostracismo y la impotencia a quien se atreve a decir que este modelo de progreso, y el precio a pagar por él, no sirve.

Me comprometí con la gente de allí a explicar su problema en España. Para ellos, el que esto se conozca dentro y fuera de su país, es un paso muy importante, y da sentido al esfuerzo que están haciendo.

María Soledad

 

De Javier Martinez Gil:

Antes de hablar de la polémica surgida en torno al trasvase del Segre a Barcelona, es decir, de la cuenca del Ebro a las cuencas interiores de Cataluña, conviene recordar algunas datos de la situación general de la cuenca cedente, y del mundo desaforado de apetencias que sobre ella en este momento recaen.
 
Las más de 300.000 ha que suman los proyectos de nuevos regadíos que, de una otra forma, están en vías de ejecución en la cuenca del Ebro (Burgos, Álava, La Rioja, Navarra Aragón y Cataluña), equivalen a una detracción al río del orden de tres trasvases como el derogado de 1.050 hm3, cuyos efectos, poco a poco, a modo de una lenta agonía fluvial, nos irán llegando en los próximos años, en los que veremos un Ebro con su régimen de caudales todavía más desregulado, a base de tanta regulación, con mucha menos agua y con menos dilución de su carga contaminante, aquella que las depuradoras no eliminarán ni las buenas prácticas apenas conseguirán atenuar.
 
Los 6.500 hm3/año a los que Aragón tiene derecho por la Ley del PHN en concepto de "reserva estratégica”, que en principio parece que podría usar a su albedrío, equivalen a seis nuevos trasvases como el derogado, a costa de los caudales circulantes por el Ebro a su entrada en Cataluña.
 
Por otra parte, de acuerdo con las aspiraciones razonadas y fijadas por el Parlamento de Cataluña, las aportaciones mínimas del Ebro en la desembocadura, siempre que el año hidrológico lo permita, deberán ser de 12.500 hm3/año (12 trasvases equivalentes) y, en cualquier caso, como mínimo, en un año de sequía, de 7.500 hm3/año (7 trasvases equivalentes). Estamos hablando, por tanto, del equivalente a 3 + 6 + 1 (el trasvase del PP) + 12 = a 22 trasvases en año hidrológico ordinario; es decir de 22. 000 hm3/año de caudales que se supone deberán estar garantizados. En el caso de un año seco serían: 3 + 6 + 1 + 7 = 17.000 hm3 que, por supuesto, no los da el río, ni siquiera son almacenables a expensas de los años medios ni de los lluviosos. ¿Dónde está toda esa agua? Alguien debe pensar que el Ebro es el
Amazonas.
 
En este contexto de apetencias y compromisos ha sido reconocido hace unos meses por vía de su Estatuto de Autonomía, el derecho de la Comunidad Valenciana a los caudales “sobrantes” de "otras" cuencas; es decir, del Ebro. ¿De qué caudales sobrantes estamos hablando? Si tuviera gracia podríamos decir que se trata de un chiste. Pero ni es un chiste ni tiene gracia; es una tomadura de pelo a la inteligencia hidrológica, al discurso medioambiental y a los compromisos del país con la Directiva Marco. Es una expresión de nuestra esquizofrenia hidrológica y de los juegos que la alimentan.
 
* * *
Llevamos décadas planificando la gestión del agua de esa manera, al tuntún, cometiendo errores garrafales; diseñando proyectos y aprobándolos luego por ley; creando expectativas no se pueden cumplir, pero que generan deudas históricas, malestares sociales y, en definitiva, un clima de desgobierno y de improvisación y urgencia continuos.
 
Dando un salto atrás podríamos referir, entre otras realidades, lo que en política de regadíos en Aragón se llama la “Ley del 15”, convertida hoy en una pretendida deuda histórica, exigida alegremente la realización de la parte inconclusa, proyectada con los criterios, realidades y populismos de hace un siglo, que en este momento son absolutamente implanteables desde el punto de vista social, económico, medioambiental y desde las afecciones a terceros, y a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, con la excusa de esa deuda ha sido
elaborado el Pacto del Agua de Aragón y, con ello, condicionado el bien hacer hidrológico de casi toda la cuenca aguas a bajo de esa Comunidad.
 
Podríamos referir el sistema concesional vigente en la explotación hidroeléctrica, que afecta a los grandes ríos de toda la cuenca, hecho a partir de la primera década del siglo XX bajo criterios y formas políticas y de administrar los patrimonios públicos, propios de entonces, que fueron excesivamente generosos, y que devinieron en los grandes lobies hidroeléctricos que hoy conocemos, que al cabo de los años vemos las disfunciones que han generado en casi todas las cuencas tributarias de cierta relevancia: Zadorra, Aragón, Gállego, Cinca, Ésera, Noguera Ribagorzana, Noguera Pallaresa, Segre, etc., por no citar más que la cuenca del Ebro; sus aguas y sus ríos han sido convertidos fácticamente en cotos privados, en patrimonios del poderoso sector hidroeléctrico y de unas cuantas grandes sindicatos de regantes.
 
Hoy, todo eso exige una profunda revisión; mientras, no tiene sentido hablar de planificación hidrológica.
 
Centrándonos en tiempos más recientes podríamos referir, entre otros, el trasvase entonces “necesario” y “urgente” de los años 70 del Ebro a Barcelona, el de los 1400 hm3/año, que “de no hacerse traerá consecuencias apocalípticas para el devenir inmediato de la ciudad y del desarrollo económico del país”, según decían los planificadores de entonces. Hay que referir también el trasvase de 750 hm3 del Ebro a Sagunto, con las mismas predicciones agoreras, proyectado en aquellos años. Ninguna de esas obras se hicieron, y el país siguió creciendo de forma espectacular.
 
Es inexcusable referir en esta mirada hacia atrás el trasvase del Tajo al Segura, que hoy apenas logra transferir la tercera parte de lo previsto y de la capacidad de la obra; un proyecto que generó expectativas no cumplidas y un gran aumento de la apetencia (“demanda”) por el agua. Hoy los problemas allí generados por aquellas políticas de la oferta son más graves que los que había antes del trasvase, y la apetencia -la mal llamada “demanda”-, es también mayor.
 
Luego vino el “mini” trasvase a Tarragona (¡ojo con el eufemismo del “mini”, una expresión de auténtico diseño; estamos hablando de un río de caudal constante de 4 m3/s!), del que acabó sobrando el 50% del volumen trasvasado; la entidad concesionaria no ha sabido qué negocio montar con ese sobrante. Tal habría que haber revisado a su tiempo esa concesión.
 
Después vendría la “extrema urgencia” de las obras de Real Decreto de la Sequía de mayo de 1992, aprobadas sin el menor informe, ni debate social y técnico, económico y medioambiental previos; algo absolutamente bananero, pero que incluyó todas las obras estratégicas del Pirineo antes siquiera de empezar el gran debate democrático del agua que nos anunció el gobierno socialista de entonces. Con los mismos planteamientos bananeros conocería la luz un mes después el plan de presas del Pacto del Agua de Aragón, que contemplaba la construcción de 32 nuevos grandes embalses urgentes para las necesidades “exclusivas” de la Comunidad, sin especificarlas ni justificarlas. De acuerdo con lo entonces planificado, deberían estar acabadas sus presas en el 2002; afortunadamente apenas han sido hechas dos pequeñas cosas, que ni siquiera están en servicio, cuando han pasado quince años desde su precipitada aprobación. Al cabo de los años, el Pacto fue incluido de manera especialmente destacada en la Ley del Plan Hidrológico Nacional.
 
Podríamos referir también en este repaso al pasado de nuestras grandes políticas, la vergüenza y el fracaso del proyecto de transporte de agua del Ebro en barco a Palma de Mallorca, que con la historia aquella de las pinturas de los tanques acabó siendo un auténtico esperpento hidrológico, con el que alguien debió de hacer su agosto.
 
Mención especial merece el Anteproyecto del Plan Hidrológico Nacional, con su fantasía hidráulica de conectar bidireccionalmente entre sí todas las grandes cuencas de la Península, a través de una gigantesca operación de fontanería a escala de país, entonces llamado sistema hidrológico integrado para el equilibrio hidrológico nacional, el SHIENA. En el caso de no ser ejecutado con urgencia el plan, auguraban sus defensores y diseñadores enormes catástrofes a diez años vista, para el 2002, y una Apocalipsis para el 2012. Requería aquel proyecto, elaborado entre 1991 y 1992, de un gran trasvase del Ebro de 2.000 hm3/año, con más de 800 hm3 para Barcelona. Fue presentado como la solución definitiva, como la manera de “acabar de una vez por todas con los problemas del agua en toda España”. Era obvia su ingenuidad. Toda la dignidad de aquel megaproyecto terminó como el rosario de la aurora. Hoy nadie se acuerda de él, ni sabemos quienes fueron sus autores, para no encargarles ningún proyecto planificador más; por supuesto, que sus planteamientos nadie los defiende hoy, incluso nos parecen un esperpento hidráulico y, desde luego, ecológico. Nada de aquello se hizo, y no pasó nada.
 
Es más, luego vendría el Plan Hidrológico Nacional del Partido Popular, con sus afanes trasvasistas, pero más moderados, pero también “muy necesarios y urgentes”, presentados como “la única alternativa” al problema del agua en España. Su quinta esencia era el trasvase de 1050 hm3 de aguas del Ebro. En diferentes ocasiones el ministro de medio ambiente de turno, Jaume MATAS, dijo públicamente que sin el trasvase del Ebro no era posible un plan hidrológico nacional; lo mismo que había dicho años atrás en multitud de foros el ministro BORRELL respecto a aquella fantasía de su APHN y sus trasvases del Ebro: “Dadme un acuerdo entre aragoneses respecto al Ebro y con lo que sobre arreglaremos el problema del agua en España”. El asalto al Ebro, desde 1942 es una obsesión.
 
Los volúmenes necesarios a trasvasar del Ebro a Barcelona han ido sufriendo sucesivas reducciones en los diferentes proyectos, desde los 1.400 hm3/año de principios de los setenta hasta los 0 hm3 de la legislatura anterior, o a los 45 hm3/año coyunturales de ahora, a realizar desde el Segre o desde la conexión con el minitrasvase, cuando en ese tiempo la ciudad ha crecido, al igual que la economía y la población.
 
En todo este contexto de diagnósticos y proyectos desacertados, es obligado referir los Planes Hidrológicos de Cuenca, aprobados en 1998 por el Gobierno, y luego por Ley junto al Pacto del Agua de Aragón, que incluye esa reserva estratégica de 6.500 hm3 anuales para la Comunidad, una cantidad establecida en un proceso técnico de auténtico chiste, que no merece la pena reproducir aquí.
 
De aquellos planes de cuenca, que tanto esfuerzo y dineros costaron, realizados sin otro criterio que el de la oferta, se dijo que habían sido aprobados por razones políticas, como un acto puramente simbólico, pero que luego “habrán de pasar por el cedazo del Plan Hidrológico Nacional, de forma que sólo algo o nada de lo que estos planes contienen habrá de ser incluido en ese Plan”. Después, se ha dicho también que los nuevos planes a los que nos obliga la Directiva Marco, “en poco o en nada se han de parecer a los ahora aprobados”. Lo paradójico es que nadie osa proponer la consiguiente moratoria, que es lo que procede, al manos las de las obras más conflictivas, que siempre acaban siendo las del Ebro.
 
La razón de esa fijación en el Ebro está, por un lado, en que es el gran río totalmente patrio, los demás hay que pactar con Portugal, y por otro, que en su cuenca está la reserva de agua más segura del país: el Pirineo. Dentro de esa dinámica de los errores planificadores y planificaciones frustradas, hay que referir, también la derogación por parte del gobierno socialista de lo que desde 1992 venia siendo considerado como la quinta esencia del PHN, los trasvases del Ebro a las zonas del Levante, Murcia y el sureste peninsular. En el 2004 se considera que esos trasvases no son necesarios, porque la demanda habría de ser atendida a través den un plan supermillonario de desaladoras, que de momento no está teniendo el ritmo de ejecución anunciado ni los resultados apetecidos, hasta el punto de que cuando gane el PP las elecciones, ha dicho que volverá a poner en marcha su proyecto del gran trasvase del Ebro. En ese momento tendremos los dos proyectos ejecutados, el de los trasvases y el de las desaladoras. No importa, ¡paga el Rey!
 
Entretanto, alguien seguirá haciendo su agosto, por aquello de “A río revuelto, ganancia de…constructores” dice el eminente Profesor LLAMAS.
 
Con independencia de que algún día, próximo o lejano, el PP vuelva a tener las responsabilidades de gobierno, el gobierno socialista de ZAPATERO ya ha puesto en marcha otro “mini” trasvase del Ebro, el Xerta a Castellón. Muchos temen que esto es el comienzo de una dinámica imparable, que a base de muchos pocos se irá llevando el Ebro, haciendo de él un nuevo Júcar, un Segura o un Tajo.
 
Mientras los científicos seguimos hablando del respeto a los ecosistemas, del ahorro, de la reconversión del regadío, de la gestión conjunta de las aguas superficiales y subterráneas, de las políticas de permutas, de la Directiva Marco, de la participación social, de la revisión de las concesiones, de los bancos de agua,… y de la Nueva Cultura del Agua, quienes al final toman las decisiones van a su bola; sus lógicas nada tienen que ver con las nuestras, ni su sentido del bien hacer tampoco; utilizan el agua, los ríos, los valores  medioambientales y los agravios humanos a su antojo, al servicio de lo que ellos mismos definen como los “juegos políticos”, que no son sino juegos de intereses, en los que el agua y los ríos son moneda de cambio de un oscuro mundo de poderes. Incluso puede que hasta honestamente estén convencidos de que no se puede desaprovechar el agua de ningún río, dejándola que “se pierda en el mar”, y que
sus intereses son los del país, los que al país convienen.
 
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Esta es nuestra historia planificadora. Todo esa larga lista de realidades mayores (obviamos las menores) ha generado un merecido clima de frivolidad y consiguiente falta de credibilidad. Es probable que el planteamiento que ahora se hace, de trasvasar agua desde el Segre a Barcelona o llevarla desde el minitrasvase a Tarragona, escape a toda esa dinámica del mal hacer, la improvisación y las malas predicciones. Es verdad que Barcelona y Cataluña empiezan a ser de momento aparente ejemplo del camino que tienen que llevar
las cosas del agua en las ciudades, y que la propuesta de ahora sea la última de las grandes improvisaciones a costa de un Ebro ya muy explotado; pero no es menos verdad que el agua es poder, es dinero y es juego, y que donde se dice “digo” acaba casi siempre siendo “diego”; de forma que lo que hoy es “coyuntura” y medida pasajera, existe el riesgo de que mañana acabe siendo norma y medida irreversible, porque llegado el momento, si conviene a los juegos del poder, la ley se cambia, se apaña o se permite su vulneración desde las estrategias de los hechos consumados.
 
¿Qué credibilidad merecen ahora nuestros planificadores en este nuevo proyecto de la improvisación, de la urgencia y la coyuntura? ¿Es que las gentes de la Plataforma de la Defensa del Ebro pueden creer que el nuevo trasvase va a ser acaso una excepción a esta historia de malos haceres sistemáticos, algo que supere aquella chapuza inversora que fueron las medidas de urgencia de la “metasequía” (¡otro bonito eufemismo hidrológico de diseño!) de la etapa socialista del APHN, que en su momento supuso más de setenta mil millones de pesetas, que en su mayor parte no sirvieron para NADA?
 
En el caso del Ebro fueron más de 2.500 millones de pesetas absolutamente tirados (bombeo del Jalón a la Tranquera, y bombeo del Matarraña al embalse de Pena), invertidos en proyectos que nunca han llegado a funcionar,… Por supuesto, nunca han sido pedidas las pertinentes responsabilidades. El desastre ya había sido anunciado. En el caso del Matarraña se llegó a ejecutar incluso recurriendo a la violencia y a la intimidación de las gentes con la presencia de dos compañías especiales de las fuerzas de orden público. De nada sirvieron las razones científicas y técnicas.
 
¿Acaso no era previsible una situación de sequía para Barcelona como la actual? ¿Porqué el plan previsto de desalación de agua de mar lleva el retraso que lleva? ¿A quién hay que pedir responsabilidades? ¿Quién tiene que pagar los platos rotos de esta falta de previsión? ¿Ha sido una falta reprevisión, o una coyuntura deseada, la oportunidad de sacar del armario un proyecto técnico que ya estaba en los cajones hacía tiempo?
 
No cabe duda de que la imagen de una Barcelona moderna, pionera en tantas cosas, después de los últimos “caos” habidos (apagones, túneles, obras del AVE, y algunos más) ahora con unas semanas o meses de posibles restricciones de agua, empezaría a deteriorarse; no tanto la imagen de la ciudad ni la de los ciudadanos, sino la de sus gestores, y eso es lo que ellos no quieren asumir, incluso a costa de lo que sea, de un nuevo gran embalse, de un trasvase o de unas decenas de kilómetros de tubería, para una obra que a lo mejor ni se llega a usar. El ciudadano tampoco es insensible a esa nueva imagen de una ciudad con restricciones horarias en el suministro de agua; lo que el quiere es agua y punto. De forma que el proyecto hasta puede tener su parte de coartada, porque no cabe duda de que detrás hay un complejo mundo de intereses.
 
Los juegos políticos y los arreglos parlamentarios, empujados por un mundo oculto de poderosos intereses económicos, nos han llevado y nos siguen llevando, a situaciones como éstas, de la urgencia, de los hechos consumados. Y es que cuando el agua y los ríos son convertidos en mercancías, en chalaneos y apaños, se pierde hasta el sentido común y, por supuesto, la vergüenza.
 
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En una sociedad atrapada en las lógicas de un lenguaje hidrológico orwelliano, como la nuestra, es difícil -por no decir imposible-, que el sentido común aflore. Me refiero a mi sentido común, el de la Nueva Cultura del Agua, porque cada cual tiene derecho a tener su propio sentido común.
 
El sentido común al que yo apelo, admite y entiende que los ríos son elementos consustanciales de los territorios por los que circulan; son parte integrante y significativa de su esencia, porque ellos mismos son el territorio. Están donde están y en la forma que están, porque son el resultado de un equilibrio natural planetario, muy complejo; el mismo que establece las características y distribución del mosaico de climas del planeta, la flora y la fauna; los ríos cumplen con su presencia unas funciones de vida y naturaleza, y generan nuevas relaciones de equilibrio allí donde están.
 
Ese sentido común de la Nueva Cultura del Agua nos lleva a entender también -¡como no¡-, que necesitamos las aguas y la fuerza motriz de los ríos para mantener los sistemas productivos y las formas de vida y de confort que hemos ido creando, pese a que en estos momentos todo el uso del agua esté necesitado de un relevante reajuste.
 
Igualmente, ese mismo sentido común nos lleva a entender que los ríos son patrimonios de memoria, de historia y de identidad, además de oferta lúdica y de bienestar natural; son sentimientos profundos para las gentes ribereñas; son una parte significativa y entrañable de su propia historia. Un río degradado, no respetado, pierde todo ese carácter simbólico, dando paso a la despersonalización del territorio, primero, y al desarraigo de las gentes después, que es el final de su historia.
 
Siempre que detraemos agua de un río, cortamos su flujo natural o su continuidad espacial mediante una presa que lo compartimenta, en mayor o menor medida lo estamos disfuncionando y degradando. Con el agua ocurre –al igual que con todo-, que en el punto medio está la virtud; es decir, en el saber discernir entre el uso y el abuso; en el arte de ponderar los ríos como valor de naturaleza que son, pero también como recurso y como valor metafísico. La virtud está en saber ponderar esas tres realidades; esa la esencia de la Nueva
Cultura del Agua.
 
Cuando reducimos el agua y los ríos a una simple mercancía y a un oscuro objeto de la apetencia y de los juegos económicos y políticos, en cultura del pelotazo y oportunismo, entramos inevitablemente en la desmesura hidrológica, que es donde estamos instalados desde hace ya unas décadas, sea con gobiernos PPs, con PSOEs o CiUs; con unos y otros ministros, con unos y otros consejeros del medio ambiente. Cambian las formas, las palabras los discursos, las declaraciones de intenciones, las buenas formas, los inventos de ocasión,
etc.,… para que nada cambie. ¿Por qué no cambian las políticas del agua? ¡Eh ahí la pregunta del millón!
 
Estamos en una situación en la que se nos ha acostumbrado a llamar “caudal ecológico” -como sinónimo de caudal de respeto a la vida y a las funciones de los ríos-, al 10% de su aportación anual; lo cual es una barbaridad, un vandalismo (con perdón de los vándalos), sobre todo porque permite llamar “aportación sobrante” al 90% restante, dando pie a que alguien pueda afirmar que estamos desaprovechando el Ebro, desperdiciando sus aguas, dejándolas que se “pierdan inútilmente en el mar”. Es obvio que lejos de ser un caudal que garantiza la vida de los ríos, el llamado caudal ecológico es un auténtico “caudal de muerte”; es fluviovadalismo de diseño, cosmetizado de vida y respeto.
 
Con el agua ocurre como con todo. Allí donde la vida está basada en la codicia, en el afán desmesurado de poder, en la fuerza del autoritarismo, en el dominio de las pretendidas mayorías, y en la percepción de la naturaleza como un campo de negocios y experiencias, acabamos llamando “progreso” a lo que en realidad no es sino un “darle fuego a todo”; que es lo que ocurre cuando se pierde el respeto a los territorios, a la naturaleza y a las gentes.
 
Estamos sumidos en una auténtica esquizofrenia, no sólo hidrológica, sino de la vida en general. Hemos perdido el "seny". Estamos ciegos. Como dice Rafael SANCHEZ FERLOSIO: "Mientras los dioses no cambien,... nada cambiará". “Y vendrán más años malos, y nos harán más ciegos, y vendrán más años ciegos y nos harán más malos…”. Hoy los dioses son el poder, la ostentación, el dinero, el afán de poseer, los protagonismos personales, etc. Esa es la causa de nuestra ceguera. Todo lo demás son sus manifestaciones.
 
 
* * *
 
 
Ahora, con la llamada “sequía de Barcelona”, con la alarma social que suscitan los medios y la oposición política, está ocurriendo que en vez de hablar de la causa, de la razón que nos lleva a estas temidas situaciones de abastecimiento restringido (que no de “desabastecimiento”, ojo con el lenguaje, no dramaticemos), parece que ya sólo queda tiempo para hablar de cómo corregir los efectos; no se permite “perderlo” en reflexionar, en hacer examen de conciencia, en airear las vergüenzas, en si procede o no pagar las consecuencias,… Es tiempo de actuar, se nos dice.
 
Hoy parece que pensar no es práctico, y muchos menos filosofar; es decir, analizar el sentido de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad; lo práctico es resolver los problemas de cada día sobre la marcha, a través de las políticas del parcheo y coyunturalidad; es decir, seguir soltando hilo a la cometa del despropósito, de la improvisación y del alegre manejo del dinero público. Por eso mis reflexiones pueden parecer inoportunas, porque no resuelven el problema.
 
Para los responsables del mal hacer y la improvisación, nunca pasa nada, porque siempre hay alguien que paga sus platos rotos. Y así nunca aprendemos. No aprendemos, porque no interesa aprender; nadie que está detrás de los negocios del agua y la política es tonto, sino espabilado. La sociedad necesita agua, y punto; con eso se nos calla. Da igual a costa de qué o de quien, incluidos los agravios a las personas y los territorios.
 
¿Porqué no aprovechamos la coyuntura para hablar a fondo, de quienes han permitido que ocurra lo que está ocurriendo o lo que puede ocurrir, lo que ya ha ocurrido antes, y volverá a ocurrir siempre, cada vez que llegan las sequías, es decir, “cada dos por tres”?
 
Hoy -tal vez más que nunca-, el mal hacer forma parte del gran negocio organizado de los poderosos. No es exactamente el caso de Barcelona, pero en general se siguen fomentando las formas caprichosas e innecesarias de uso del agua, sabiendo que nuestro clima es como es; con sus años y series de años de lluvias parcas, y que de vez en cuando ocurren estas cosas, y todavía peores que pueden ocurrir; es decir, situaciones de un año, de dos, incluso de tres o más seguidos, en los que llueva menos de lo normal. ¿Alguien acaso cree que las sucesivas sequías, incluida la que actualmente amenaza a las formas habituales y caprichosas de uso del agua en nuestras ciudades como si fuera un bien libre, han sido fenómenos absolutamente imprevisibles? Personalmente creo que para determinados sectores económicos y políticos, más que imprevisibles la sequías son un fenómeno “deseable”, para poder resucitar con ellas viejos proyectos, sobre los que pivotan grandes y complejos intereses.
 
No se entiende porqué seguimos diciendo que el agua es un bien escaso, y que el cambio climático todavía la va a hacer más escasa, y a la vez impulsamos nuevas formas de consumo masivo, como nuestros grandes proyectos de nuevos regadíos, sea en La Rioja, Navarra, Aragón o Cataluña, ¿Por qué se le concede a Aragón gratuitamente esa friolera de los 6.500 hm3/año en concepto de “reserva estratégica”, sin justificación previa y sin criterio social, hidrológico, medioambiental alguno? ¿Qué hay detrás de esa gratuidad o deferencia? ¿Qué juego es este, que obscuros intereses organizados se nos ocultan?
 
En cierto modo lo de llevar ahora 45 hm3 más a Barcelona es apenas relevante en relación en relación a lo que viene detrás. En circunstancias como la de la “sequía” que se cierne en estos meses sobre Cataluña en general, y sobre la gran Barcelona en particular, los afectados tendrían que empezar a asumir las consecuencias durante el tiempo que dure la “coyuntura”, reduciendo su consumo de agua, “despilfarrandola” menos; las consecuencias, más allá de que resulten vergonzosas para sus gestores, son perfectamente asumibles: ni la ciudad ni la actividad ciudadana se van a hundir.
 
Barcelona no sería la primera ciudad que durante semanas y a veces meses, incluso algún año, ha tenido que vivir en situación de restricción horaria del abastecimiento. Cádiz, Sevilla, Granada, o ciudades del norte como La Coruña, Oviedo o Bilbao, lo han vivido. Por supuesto es una incomodidad no deseable, porque la disponibilidad ilimitada de agua domiciliaria la hemos asumido como una de las grandes conquistas irrenunciables de las sociedades del bienestar. Pero no conviene dramatizar, y menos en una sociedad que está obligada a poner en marcha eso que se llama el desarrollo sostenible, que significa un cambio de muchos hábitos. Podemos habituarnos a consumir bastante menos de lo que consumimos; claro, que para quien vive del negocio del agua ese panorama no le interesa.
 
He dicho “despilfarro” porque en realidad el agua urbana la despilfarramos, en Barcelona y en todas nuestras ciudades; lo hacemos de manera tan inconsciente, que cuando se nos acaba la oportunidad del despilfarro decimos que estamos padeciendo una “sequía”. ¿Cómo no va a ser un despilfarro consumir dentro de cada una de nuestras casas 110 litros cada persona y cada día, o dedicar más del 80% de nuestras disponibilidades de agua a un uso consuntivo en un país de hidroclimatología mediterránea, como es la agricultura? ¿Cómo no va a ser un despilfarro utilizar 40 litros diarios de agua potabilizada para algo tan simple como evacuar nuestro pis diario a la red de alcantarillado, para luego ser depurados? ¿Cómo no va a ser un despilfarro esos cientos de miles de piscinas privadas que hay en el litoral mediterráneo; esos jardines de césped delicadamente cuidado, con plantas hidrófilas, o esa lujuria de la ostentación de campos de golf, en un país cuyos políticos sigue pidiendo nuevos regadíos allí donde su cuota electoral puede arañar algún voto, en un país que sufre las consecuencias cíclicas de la parquedad de sus lluvias naturales?
 
Hay hábitos y formas de uso que deben cambiar, y es ahí donde nos duele, y donde duele a los negocios de la oferta. Proclamamos solemnemente la sostenibilidad, pero, mientras, no queremos renunciar a nada, ni siquiera a seguir creciendo. Hablamos de que el agua es un bien escaso, pero sin renunciar a nuestros hábitos, incluso fomentando nuevas gastos. Hablamos de sostenibilidad hidrológica, a la vez que las normativas hidrológicas municipales de uso del agua en jardines y piscinas, de recogida de pluviales, de reutilización de las aguas grises dentro de la vivienda, etc., no cambian, y cuando las circunstancias obligan a apretarse coyunturalmente el cinturón, se quiere presentar el hecho como si fuera una vergüenza de la gestión.
 
Quien quiera perpetuarse en la insostenibilidad hidrológica, deberá asumir los riesgos de las situaciones de “sequía”. La otra alternativa es seguir largando hilo a la cometa, a costa de nuevas vueltas de tuerca a los sistemas naturales, de nuevos asaltos a territorios ajenos, a los derechos de las gentes, las arcas públicas, y de nuevos agravios. La reconversión hidrológica -sea a nivel de uso del agua en la industria, en la producción hidroeléctrica, en la ciudad, en nuestras casas y en el regadío-, es tan necesaria como en su día lo fue la reforma fiscal, el limite de velocidad en las ciudades, o la prohibición de fumar en los lugares públicos.
 
Aunque Barcelona esté en un nivel bajo de consumo de agua en comparación con otras ciudades -apenas llega en contador a los 110 l/persona y día-, sigue siendo una cantidad elevada, superior a lo que son las necesidades estrictas sin por ello tener que renunciar a nada relevante. Cuando se dispone de agua, podríamos decir que se podría consumir sin excesivos miramientos, pero cuando las circunstancias obligan a unos ciertos reajustes coyunturales en nuestros hábitos, estamos moralmente obligados a hacerlos. Simplemente con
el agua que manejamos en la evacuación del pis se podría ahorrar cerca del 20% del consumo total de una casa.
 
* * *
El debate de los siempre polémicos trasvases del Ebro, como el que ahora se plantea desde el Segre o la prolongación del minitrasvase y la conexión de redes, para mí no es una cuestión de cantidad; no se trata de discutir de si es mucho o es poco lo que se va a trasvasar, si es coyuntural o no, si los regantes van a ser compensados y cómo, si es justo o no, ni si unos regante si y otros no; ni si el caudal del Ebro se va a enterar o no de una detracción de 1,5 m3/s. Estamos ante una cuestión de principio. Raramente este tipo de actuaciones como el trasvase que ahora se plantea son reversibles. Nadie piensa hoy que al acabar el plazo de concesión del trasvase del Tajo al  Segura, las aguas volverán a su sitio.
 
Hay que entender que el Ebro, con todos sus tributarios, está ya muy mermado de caudales, muy explotado y muy degradado; que su régimen natural está disfuncionado, y todo lo que de ellos depende también. Sus principales tributarios se parecen en poco a lo que eran hace apenas cinco décadas; hoy, en ellos todo es desregulación, a base de tanta regulación y artificialidad; un panorama de ríos sin pulso, de tramos secos y de ríos muertos.
 
Digo muertos, porque la esencia de un río es el fluir; en ese sentido, los embalses son cementerios de aguas muertas. Eso no significa negar que necesitemos los embalses, pero vuelvo a insistir en la cuestión de la mesura. Una aspirina es un producto extraño que incorporamos en la fisiología de nuestro organismo, que en la debida dosis alivia el dolor y los efectos de determinadas disfunciones pasajeras; en pequeñas dosis no tiene de efectos secundarios, al menos hoy en día reconocibles; en cambio, un tubo de aspirinas es letal. Eso es lo que ocurre con nuestro panorama de embalses, que nos estamos acabando el tubo, y la apetencia por el agua lejos de disminuir, aumenta.
 
Es difícil que quien no quiere entender, entienda que la degradación de un río es más que una simple pérdida de caudales, de calidad química, de propiedades físicas de sus aguas o de biodiversidad; es también una auténtica amputación espiritual que se hace a la vinculación emocional del ser humano con su territorio; que conlleva un doble empobrecimiento: uno para la naturaleza, y otro para la relación emocional de las personas con su territorio y con el mensaje profundo de la naturaleza; otra cosa es que quien lo padezca, lo sienta o no así.
 
Soy consciente de que para muchas personas hablar en términos de “amputación espiritual” no significa hoy en día nada, y que quien así se expresa vive en las nubes, fuera de la realidad; pero también sé que para otras personas significa algo, incluso mucho. Hay gentes para las que suprimir, por ejemplo, el legado musical de Pau CASALS, la música clásica o el Quijote no significarían nada, pero para otras sí. Incluso es posible que para muchos no significaría nada que la montaña de Montserrat fuera convertida una especie de Las Vegas, como está ocurriendo a hora con el polémico proyecto de Gran Scala en los Monegros de Aragón, que trasformara el monasterio en unos de sus múltiples casinos la Moreneta en un objeto de atracción con la que poder hacerse fotos. Es posible que hubiera gente a la que le parecería bien si a cambio se les pagase a millón de euros la hectárea, y se encima se prometiese la creación de cincuenta mil puestos de trabajo en la Comarca.
 
Todo es subjetivo, pero no cabe duda que estaríamos inmersos en un grave proceso de degradación del ser humano, en particular, y de la sociedad en su conjunto; cosa que tampoco a unos les importaría nada mientras pudieran seguir amasando y a otros tampoco mientras tuvieran garantizados su ración de “pan y toros”,… Ese es el mundo que estamos creando. Un mundo desalmado.
 
Y así, hasta que el sistema aguante; es decir, hasta que empiece a autofagotizarse, o estalle. Eso es lo que está pasando hoy con toda la naturaleza general, con los ríos y con el Ebro en particular, que el sistema de progreso/capitalista lo está fagotizando. La apetencia por el agua no tiene límite de satisfacción posible. Por eso, hace tiempo que ha llegado el momento de decir un ¡basta ya! ¡Arréglense Vds. como puedan sus problemas del agua, crezcan en otras zonas, en otros territorios, pero déjennos en paz, respeten el nuestro, nuestros
Patrimonios, nuestros símbolos y nuestras identidades. Por los menos, hagan un plan hidrológico de verdad, sin estos tumbos.
 
En todo caso, no hay que perder de vista que el problema de la sequía sobre el que estamos reflexionando, es relativo y coyuntural; limitado en el peor de los casos a una serie de incomodidades pasajeras; nadie en Barcelona va a morir de sed ni de una epidemia hídrica por reducir durante unas semanas o tal vez meses, su consumo ordinario de agua en un 25%, incluso un 40%. Nada grave va a ocurrir porque no puedan usar la piscina particular, se les vaya a secar el césped del jardín, ni si el green de su campo de golf no esté tan lujurioso como suele estarlo, ni porque se duche con una gran palangana dentro de la bañera para recoger el agua de la ducha y reutilizarla en el inodoro.
 
Pese a todo, es verdad que, con independencia de si se mantiene o no el carácter coyuntural de este trasvase de aguas del Ebro, realmente estamos hablando de una cantidad a detraer poco relevante, que si se plantea como “en principio” lo está, quitando de acá y poniendo allá, el Ebro no se va a enterar. Sin embargo, a mi manera de ver no está ahí el problema del malestar. Por un lado, creo que a veces determinadas crisis son necesarias para aprender de ellas a hacer las cosas mejor, a dar pequeños o grandes golpes de
timón.
 
Una persona que tiene salud, cuando le llega la enfermedad aprecia en su verdadera dimensión el don de la salud, y en qué medida todo lo demás es superfluo. Es necesario de vez en cuando escarmentar, ver las orejas al lobo para reaccionar, para salir del desorden y de la socorrida huida hacia delante, para salir de derroche.
 
Por otro lado, está lo que para mi es el verdadero fondo de la cuestión, que es lo que significa este trasvase para las gentes que están peleando por otra forma de hacer las cosas, y por el respeto a su territorio, y está el valor ejemplarizante que tendría en estos momentos renunciar a hacer ese trasvase afrontando la situación. Para empezar, quiero decir que no se puede minimizar el derecho -yo añadiría, la obligación- que tienen las gentes de les Terres de l´Ebre y las de la Plataforma a oponerse a un trasvase más a costa de su río, por pequeño que sea; en primer lugar porque es difícil admitir que los problemas derivados de esta situación coyuntural no tenga otras soluciones que pasen necesariamente por ese trasvase, y en segundo lugar no creo que unas eventuales restricciones horarias en el suministro de agua a Barcelona vaya a plantear problemas que no puedan ser asumidos, que ese 1,5 m3/s no pueda ser ahorrado de alguna manera.
 
Otra cosa es que la solución resulte más o menos molesta, y sobre todo mediática y políticamente peligrosa. Los medios se van a cebar en dramatizar la situación, pues es lo que vende. Y para un político representa un alto riesgo de perder cuota electoral. Las crisis son buenas para aprender; saberla superar tendría un valor ejemplarizante para las políticas del agua en España, para que alguien empiece a escarmentar en cabeza ajena, y empecemos a hacer políticas hidrológicas creíbles.
 
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Hay que tratar de entender lo que significa este trasvase para las gentes de la Plataforma y para todo un movimiento ciudadano, que ha sido ejemplar a lo largo de estos últimos años en la defensa del Ebro, que incluye el no a los trasvases como un principio. Por eso, lo que ahora está en juego no son esos apenas relevantes 1,5 m3/s, que tampoco representa un monto importante frente al total del consumo de agua de Barcelona. Para unos es, ante todo una cuestión simbólica, de valores y de un nuevo orden, de tener conciencia de que es un proceso imparable, que va a despertar otras muchas apetencias y agravios comparativos entre diferentes Comunidades; mientras que para otros es un pulso, una manera de meter cuña a unas políticas de la oferta y la insostenibilidad, y sin duda, ocasión de negocios.
 
Que alguien eche mano de una bandera ajena, para limpiar sus zapatos puede parecer que en sí mismo que no es un hecho grave; al fin y al cabo sólo se trata de un trozo de tela. Para quien siente esa bandera como un símbolo sublime de su propia historia e identidad personal, que alguien la utilice para limpiarse sus zapatos, es una profanación; una ofensa muy grave. Esto es lo que está ocurriendo ahora con este trasvase del Ebro desde en relación con las gentes del la Plataforma.
 
Para mí, su actitud frente a ese trasvase es un como un “ya vale de paños calientes y de engaños, y de planes hidrológicos fantasmas”. Hay que poner fin a los remedios sintomáticos frente a una enfermedad que se está convirtiendo en crónica; es hora de analizar la causa de la enfermedad hidrológica de este país, y de erradicarla de una vez. Es hora de coger el rábano desde la raíz, y no por las hojas; esta puede ser una gran oportunidad para empezar a hacer las cosas de otra manera.
 
Dicho esto, en mi forma de ver el problema, no estamos ante una cuestión de cuentas hidrológicas, económicas, medioambientales, ni de permutas de concesiones a cambio de dinero a alguien. Para mí es una cuestión esencialmente filosófica, de dignidad, de respeto a las normas elementales de convivencia, de recuperar un mínimo de credibilidad en la “clase política”, en las gentes de la Administración y en las políticas hidrológicas, que sean de verdad políticas del agua, del respeto, y no del reparto.
 
Es la hora de cuestionar la autoridad de la fuerza bruta como forma de gobierno, por más que esa fuerza sea la pretendida voluntad de la mayoría, o la expresión de un también pretendido interés general, olvidando que la grandeza de la democracia es, precisamente, el respeto a los derechos de las minorías. Es la hora de asumir las consecuencias correspondientes a la mala gestión o los malos hábitos.
 
Desde que se planteó la presa de Rialp en el Segre, ya se empezó a sospechar que era un proyecto hidráulico ligado al negocio de la oferta de agua a Barcelona; cuando se contempla un mapa, así ve, y así se dijo, se escribió y se denunció ante la sociedad. Se veía venir.
 
Hoy, el actual proyecto de trasvase es recibido entre muchas gentes de les Terres de l´Ebre lógicamente como un insulto y una traición.
La sequía ha sido la bendición deseada por los complejos intereses ligados a las políticas de la oferta del agua; hay presumiblemente estará poniendo velas a la Moreneta para que no llueva en cuatro meses, de lo contrario perderían fuerza social determinados proyectos.
 
Dar más agua para alimentar el despropósito como se está haciendo con todas las políticas del agua en el España, y en particular en el conjunto de la cuenca del Ebro, es como dar más droga al drogadicto, pensando que va a ser la última vez que nos la va a pedir. Esta crisis es la ocasión para decir ese basta ya de falsas instituciones medioambientales creadas para velar por nuestros ríos, nuestros paisajes, nuestros litorales, nuestros horizontes y todo aquello que configura la seña de identidad permanente de un territorio. La mayor parte de los ciudadanos probablemente perciben las instituciones medioambientales del país más como el zorro cuidando las gallinas, que valedoras del respeto.
 
¡Basta ya de falsas retóricas sobre el medio ambiente y de tanta autopropaganda institucional sobre la sensibilidad medioambiental de la Administración! Es hora de que quienes aspiren a gobernar hablen claramente, con discursos sinceros, para que el ciudadano sepa con quién se está jugando los cuartos: “Señores, si ganamos nos comprometemos a dar dos vueltas de tuerca más a los valores medioambientales del país mientras haya lugares, recursos o valores que explotar que puedan generar desarrollo económico, sean ríos, horizontes, litorales, bosques, cumbres de montañas hermosas,… Privatizaremos más ríos, más riberas, más playas, más espacios bellos,… y todo aquello que sea negocio; para que la iniciativa privada levante más urbanizaciones, más campos de golf, genere más revalorizaciones del terreno, más regadíos en zonas secas, construya más apartamentos, más pistas de esquí en lugares en donde muchos años no hay nieve siquiera, inundaremos más valles, etc., Pondremos aerogeneradores hasta en las torres de la catedrales y en las de todas las iglesias, porque el país necesita energía ecológica, y encima dinamizaremos el desarrollo y crearemos más puestos de trabajo y podremos acoger a más inmigrantes para con los que… Todo lo justificaremos como actuaciones de interés general, como un exponente del progreso, y lo haremos en nombre de la sostenibilidad, como la EXPO de Zaragoza o el proyecto de Gran Scala de Monegros. Todo es sostenible y respetuoso con el medio natural, y si no lo fuera, ya nos encargaremos de hacer los pertinentes estudios y declaraciones de impacto positivas… Pondremos al mando del Medio Ambiente a cualquier persona con dotes para sujetar a quienes se opongan a la causa del progreso; personas que sacaremos de cualquier chistera; incluso gente que cuanto menos sepa del tema y menos sensibilidad tenga hacia le medio ambiente, mejor...”
 
Obviamente, no hay partido político que sea capaz de hacer un discurso así, que es el que luego en realidad desarrolla cuando llega al poder, aquello a lo que el sistema del que forma parte y que le alimenta, le obliga para conservarse en el poder. Quien gobierna parece que acaba haciendo siempre no tanto lo que querría hacer, sino lo que conviene a quien manda. ¿Pero en realidad, quién manda por encima de un gobernante democráticamente elegido? ¿Quién manda en el destino de los patrimonios de belleza y naturaleza de un país, de una comarca, de un territorio...? ¡Buena pregunta! La respuesta básica está en la vieja filosofía del “poderoso Caballero es don Dinero”.
 
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Si nos quedase un poco de responsabilidad y de capacidad de reflexión tendríamos que preguntarnos qué futuro estamos construyendo ¿Hacia qué modelo de país y de territorio queremos ir? ¿Acaso unos ríos sin pulso, reducidos al 10% de su caudal natural llevando agua industrial de depuradora?
 
Estas, y no otras, son las preguntas que las gentes de la Plataforma a modo de voz una conciencia colectiva perdida están haciendo hoy a la sociedad, a quienes creen que en nuestro nombre la gobiernan, a quienes gobiernan a los que gobiernan, y a los científicos. A menos que haya una fuerte reacción social, la explotación del Ebro no va a cesar hasta que el río no esté en ese 10% de su aportación, hasta no hacer de él un Júcar, un Segura o un Tajo; es decir unos cadáveres hidrológicos del progreso.
 
Por eso, no se puede admitir la hipocresía ni la fácil descalificación que algunos intereses a través del poder de los medios quieren hacer recaer sobre las gentes de la Plataforma y de les Terres de l´Ebre que se oponen a este trasvase, tratándolas de “ecologistas radicales”,  de enemigos del progreso de Cataluña, y de insolidarios con las necesidades de agua de boca (otro eufemismo) de Barcelona.
 
Las gentes de la Plataforma están jugando el papel de una conciencia social adormecida y embrutecida, no sólo en Cataluña sino en el resto de España también, capaz de vender a su padre y a su madre por un plato de lentejas en aras del becerro de oro de los tiempos modernos, que es el desarrollo económico, los afanes patológicas de poder y de gobernar, y del pelotazo personal. Gobernar ha dejado de ser el arte de administrar y ponderar, para ser una forma de poder.
 
Es hora de ser radicales; es decir, de ir a la raíz del mal de los tiempos. Nos estamos destruyendo a nosotros mismos y no queremos darnos cuenta. Vivimos tiempos de un fuerte autoritarismo del poder disfrazo de democracia. Tiempos de oscuridad colectiva, y de una grave crisis de credibilidad en todo. Olvidamos que la verdad es un alimento imprescindible del alma humana, y que una sociedad sana no puede vivir instalada en la mentira sistemática, ni en la desconfianza. Hay compromisos y reglas que en un estado de derecho no pueden ser violadas alegremente, por toda su filosofía se derrumba.
 
Hoy creo que no se puede tomar ninguna decisión de trasvasar aguas del Ebro si no es desde un diálogo previo y profundo, desde un mínimo acuerdo con esas gentes que lo llevan años defendiendo, que son coherentes, capaces de denunciar el mal cuando les viene de fuera, sino cuando está instalado en la propia casa. Cualquier alternativa no puede ser planteada sin ellos, no tanto por valor numérico sino por lo que su mensaje y su historia representan. Son un ejemplo real de la Nueva Cultura del Agua. Ellos son nuestra prehistoria y parte de la historia de movimiento ciudadano que está impulsando ese regeneracionismo hidrológico que es la Nueva Cultura del Agua.
 
En el fondo su mensaje es el de una hidrología humanística; en ese sentido transciende incluso lo puramente hidrológico; es algo que lleva a replantear el concepto y el valor del término “territorio”. Por eso, hoy estoy obligado a permanecer con ellos, sabiendo que la lección que puede resultar de asumir las consecuencias de esta sequía va a tener un alto valor pedagógico, que va a compensar con creces las molestias que puedan sufrir algunos barceloneses.
 
Es obvio que Barcelona sacará ingenio para superar la situación sin ese nuevo minitrasvase; entre otras razones porque a lo mejor las lluvias se nos presentan pasado mañana, y de la pretendida “sequía” pasamos a los desbordamientos de los ríos. Por otra lado, Barcelona se ha decantado ya por la solución definitiva a estas eventualidades, que es la desalación del agua del mar, que está por encima de las contingencias hidroclimáticas.
 
La renuncia a este auténtico minitrasvase es la oportunidad de una decisión ejemplarizante al resto del país, que dé a la Administración la autoridad moral para empezar a poner fin las viejas políticas de la oferta; sobre todo fin al recurso trasvasista, que se sabe como empieza, pero no como puede llegar acabar. Es la ocasión para empezar a hablar -de verdad-, de la conservación de lo poco que va quedando de nuestros ríos, para entrar en una dinámica del uso responsable y respetuoso del agua, de los ríos, y para acercarnos a los compromisos con la Directiva Marco.
 
Si Cataluña renuncia a esta obra coyuntural, planteada en su propio territorio y con sus propias aguas, será un ejemplo a llevar a la EXPO de Zaragoza acerca de lo que es el verdadero compromiso con la sostenibilidad. Es hora de predicar con el ejemplo.
 
Finalmente, hay una cosa que me da miedo. Ya lo he expresado antes; es la actitud de los medios en este tipo de situaciones. Ellos son los que desde sus tribunas y con su lenguaje forman el criterio de los ciudadanos, en este y en todos los grandes temas. No hay más que analizar durante una semana cualquier medio para darse cuenta de hasta qué punto lo que vende es el sensacionalismo, el espectáculo, la noticia inesperada, el enfrentamiento, el morbo, la palabra atrevida… Me da miedo que traten de desfigurar la realidad, trasmitiendo al ciudadano la idea de estar ante una catástrofe, de una Apocalipsis, en la que los barceloneses no van a tener agua; en vez de lanzar un discurso que invite a la reflexión y a la colaboración ciudadana para superar la coyuntura, durante las semanas o meses que pueda durar.
 
Hay que decir al ciudadano que en vez de consumir 110 litros cada día, empiece ya a tratar de consumir 80, y nada más. Se que es pedir un imposible, porque tanto los medios como los partidos políticos van a tratar de capitalizar la situación.
 
Esta es mi visión del conflicto.
 
 
Fco. Javier MARTÍNEZ GIL
Miembro de Coagret
Miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua
Catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Zaragoza.

 
EL PAÍS
(23/01/2007)

Hace unos días el conseller González Pons declaraba ante los medios de comunicación que tiene la "sospecha" y la "sensación" políticas de que el Gobierno español pretende desalar masivamente agua en la Comunidad Valenciana para exportarla posteriormente a otras comunidades vecinas, entre las cuales citó a Castilla-La Mancha, Aragón y Cataluña, pero no a Murcia.

La defensa surrealista de las ideas del Consell en materia de agua no es nueva. Empezó con el trasvase del Ebro, que ha devenido en el pensamiento único del presidente Camps, sosteniendo que el agua del Ebro sería baratísima porque bajaría sola de Tortosa a Valencia. No había más que ver el mapa para comprenderlo. Siguió con el trasvase Júcar-Vinalopó, asegurando que el agua transportada 80 kilómetros desde Cullera hasta Villena por el trazado "socialista" saldrá carísima, mientras que el agua transportada 300 kilómetros desde Tortosa también hasta Villena pero por el trazado "popular" del trasvase del Ebro habría sido baratísima. Luego vino la amenaza de la desertización, pronosticando que sin el agua del Ebro los bosques valencianos se secarían y la Comunidad quedaría desertizada. ¿Acaso Camps pretendía construir en secreto una inmensa red de tuberías capaz de distribuir el agua del Ebro de pino en pino, subiendo y bajando por las montañas valencianas?

Sin embargo, cuando parecía que ya se había alcanzado el techo absoluto del disparate hidráulico, el conseller González Pons ha roto todas las marcas en su nueva cruzada ecológica contra las desaladoras. No hace mucho tiempo, en su etapa de gobierno en Madrid, el PP fue por derecho propio "el gran desalador". No sólo se construyeron o tramitaron entonces grandes desaladoras marinas en Palma, San Antonio de Ibiza, Formentera, Blanes, Xàbia, Alicante, San Pedro del Pinatar, Carboneras, Almería, Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife, todas ellas con financiación pública, sino que en época del ministro Matas se llegó a enviar telegramas a los ayuntamientos de Baleares diciéndoles: "Pidan ahora su desaladora, que hay fondos disponibles". Alcudia, Ciudadela, Santa Eulalia y Andratx la pidieron, y todos ellos tienen sus desaladoras en construcción.

Sin embargo, ahora todo ha cambiado. Para que no decaiga la guerra del agua, las desaladoras han pasado a ser un invento del demonio y deben ser públicamente deleznadas y vilipendiadas. La tarea le ha tocado a González Pons, y la tiene que combinar con el encargo de Camps de verdear la imagen gris-hormigón del PP hasta las elecciones de mayo. La conjunción de ambos encargos ha convertido la campaña contra las desaladoras en una auténtica charlotada ambiental sin precedentes en España ni en el mundo.

Para empezar, González Pons ha acusado a las desaladoras de ser nada menos que "las nucleares del mar", una acusación ciertamente terrorífica, aunque un tanto sorprendente viniendo de un partido que es el más cerradamente pronuclear de España, y uno de los más destacados de Europa en la materia. A continuación ha pintado un sombrío panorama de apagones y escasez de energía en la Comunidad ocasionado por el consumo eléctrico de las desaladoras, que chuparán hasta el último kilovatio disponible. Habrá que volver a las lámparas de aceite y a las barras de hielo para mantener las desaladoras...

Pero los desastres de las desaladoras no se acaban ahí. El conseller las ha acusado también de destruir implacablemente la Posidonia oceanica, que fenecerá por completo cuando las desaladoras salinicen el Mediterráneo hasta convertirlo en un Mar Muerto, aniquilando de paso nuestra industria turística, y por supuesto la pesca. La Posidonia es el gran descubrimiento ecológico del PP. "¿Poseiqué?", preguntaban los eurodiputados populares hace tres o cuatro años, cuando los ecologistas aludían a esta valiosa planta marina en los debates europeos sobre el Plan Hidrológico Nacional. Ahora el conseller dice que esta planta es "el segundo pulmón" de la Comunidad Valenciana (el primero son los pinos que también se morirán si no se riegan con agua del Ebro). Pobre País, si la mitad de su respiración dependiera del oxígeno liberado por los escasos 500 km2 de praderas de Posidonia que aún subsisten a duras penas en el litoral amenazadas, no por las desaladoras, que tienen resuelto hace años ese problema, sino por la pesca de arrastre, los puertos deportivos y los vertidos urbanos mal depurados o sin depurar, temas todos ellos desgobernados por el Consell.

Pero ahora, por fin, con la confesión de las "sensaciones políticas" del conseller, comenzamos a entender las razones de toda esta destrucción. El Gobierno pretende convertir a la Comunidad Valenciana en una gran fábrica de agua desalada, pero no para dársela a los valencianos, sino para exportarla a Castilla-La Mancha, Aragón y, sobre todo, a Cataluña. Así, los catalanes y otros enemigos de Valencia tendrán agua a chorro libre después de habernos dejado a los valencianos sin el mar Mediterráneo, sin turismo, sin pesca, sin agua, sin electricidad y hasta sin oxígeno para respirar. ¿Cabe imaginar mayor infamia contra la Comunidad Valenciana? Y todo por haber votado al PP.

Hasta aquí todo muy divertido. Pero el problema es que hoy en día, con la televisión y con Internet, las astracanadas políticas se ven desde todas partes. En los medios políticos españoles la obsesión enfermiza de Camps con el trasvase del Ebro ya despierta sonrisas de conmiseración, y en Bruselas están hartos de soportar el circo acuático y urbanístico valenciano. Bastan unos pocos años para conseguir el descrédito institucional de una clase política, y el PP valenciano lo ha conseguido con creces. Cuando esto cambie va a costar mucho tiempo y muchos esfuerzos recomponer la imagen del Consell como una institución seria, sin políticos sandía ni melón, con la que se pueda discutir y en la que se pueda confiar.

Antonio Estevan es consultor ambiental y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

 
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