Embalses: el pasado de Aragón

ARAGÓN DIGITAL

(14/02/2012)

Año tras año, desde hace décadas, una vez más las obras del Pacto del Agua son la salvación de Aragón. Ante la sequía que parece que vamos a sufrir este año hidrológico, de nuevo se apela a que con los embalses llenos no habría problemas. Pero, ¿de dónde sale el agua para llenarlos?.

Los embalses nunca estarán llenos y no importa lo grandes que sean. Cuando hay agua, se piden más embalses para regar nuevas hectáreas (y por tanto vaciar los embalses). Cuando no la hay, se pide que haya embalses que almacenen el agua. Intentan hacernos creer que los embalses producen agua, pero no la producen, tan sólo la almacenan, y si no hay agua no hay nada que almacenar.

La solución al problema de la sequía en Aragón no pasa por construir embalses para que estén vacíos. No hacen falta ni Mularroya, ni Biscarrués, ni recrecer Yesa. Los 700 millones que, por ahora, costarían estas obras se podrían, por ejemplo, invertir en I+D+i para buscar cultivos que se adapten mejor al clima y al terreno (el maíz y el arroz quizás no sean lo más adecuado) o buscar nuevas técnicas de regadío para hacer frente a las sequías mediante el ahorro.

En épocas de crisis, más que nunca, hay que renovarse. No podemos seguir mirando atrás derrochando el dinero en obras inútiles, no podemos seguir siendo víctimas del inmovilismo. El Pacto del Agua no es el futuro de Aragón, es tan sólo un pasado que algunos no quieren dejar atrás.

Alberto Anaya Arcas.

Artículos de opinión | Miércoles, 15 Febrero 2012 | Coagret

Reivindicaciones históricas

Una vez más se pone en marcha la maquinaria trasvasista, y como en los últimos 30 años, el recrecimiento de Yesa es la primera piedra de este viejo conocido trasvase del Ebro. Dice el consejero de Agricultura de Aragón que el recrecimiento de Yesa es una "reivindicación histórica". Yo más bien lo llamaría una promesa perpetua.

En Bardenas se han aferrado a la promesa de un embalse en lugar de buscar alternativas de almacenamiento en su territorio, diversificar su economía o aplicar políticas de desarrollo sostenible. Con los 300 millones de euros que, como mínimo, costaría recrecer Yesa, en Bardenas se podrían impulsar proyectos que, a buen seguro, serían más beneficiosos para el territorio.

Los políticos han utilizado esta promesa para mantener cautivos los votos de los aragoneses. Al principio eran suficientes las promesas de convertir el desierto en oasis, prometer que el medio rural viviría solamente del agua. Pero cuando la población rural se desplazó a las ciudades, hubo que adaptarse y se empezó a utilizar a la ciudad de Zaragoza como rehén para intentar asegurar un proyecto que a todas luces se empezaba a caer por si solo; incluso sus laderas. Pero el objetivo real siempre ha sido asegurar el almacenamiento de agua en los embalses de cabecera que son los que permitirán trasvasar el agua. El pacto del agua no es más que una falsa moneda de cambio para acallar a los aragoneses.

Mientras tanto, los afectados llevamos 30 años con nuestro futuro hipotecado por este proyecto injusto y caduco. Hemos aguantado cómo, una y otra vez, se nos considera prescindibles y se nos trata como si fuéramos invisibles. Basta ya de promesas irrealizables, basta ya de ningunear a las minorías, la nuestra sí es una reivindicación histórica: vivir donde lo han hecho nuestros abuelos y nuestros padres. ¡Queremos vivir aquí!

 

Raquel Iguacel Márquez

Artículos de opinión | Jueves, 09 Febrero 2012 | Coagret

Necrológica Emilio Garcés

24/09/2011

(HERALDO DE ARAGÓN)

La tarde del 5 de marzo de 1988 fue una tarde de lágrimas y emociones. Francisca y Emilio recibieron el homenaje y reconocimiento de los otros montañeses afectados por los embalses en el Pirineo. En el salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca, la Coape (Coordinadora Aragonesa de Pueblos Afectados por Embalses), les ofreció la primera muestra de agradecimiento público por su lucha y entrega en defensa de su pueblo y en pos de un mínimo de justicia social. Labordeta les dijo: «Vosotros, Francisca y Emilio, sois unos de los pocos recuerdos dignos que, a este viejo reino ya agotado, le queda como espejo para levantar la vista con dignidad y decir que todavía no está todo perdido».

El arraigo. La fuerza del arraigo a un territorio, a un río, a un pueblo. Sobre ese sentir primario, atávico, profundo, se puso en marcha en Aragón la larga trayectoria por la defensa de los ríos y los valles frente a la amenaza de los embalses. Francisca y Emilio eran el referente, el icono que tomaba la recién nacida Coape para orientar su tarea. A lo largo de los años la fuerza del arraigo y el compromiso con la tierra se ha ido enriqueciendo con la racionalidad económica, social, ambiental y con la valiosa dimensión emocional de la Naturaleza. Pero probablemente lo que más haya calado en las entrañas de la sociedad aragonesa, de los políticos y los medios con una visión esencialmente productivista de los ríos, haya sido la determinación de unas gentes para vivir allí donde ellos y sus antepasados han vivido desde hace siglos. Aquella campaña de Coagret en los años 90 «Por la dignidad de la Montaña», inspirada en la actitud vital de gentes como Emilio y Francisca fue transformadora de verdad. De conciencias. Y por una vez de políticas, pues el gobierno de Aragón renunció a inundar pueblos, modificando ligeramente el modelo decimonónico «represamiento de ríos +regadíos=futuro de Aragón».

Emilio y Francisca, con las gentes de la Asociación Río Ara, nos regalaron a los aragoneses un valle. Lo salvaron de la inundación. Ojalá que la sociedad tuviera la grandeza de agradeceros vuestro regalo, que es un regalo de reyes, como los de aquellos señores que conseguían nuevas tierras para su reino. Y ojalá que el sentimiento de apego profundo a la tierra, a la Naturaleza que nos sustenta cada día, crezca con vuestro ejemplo. Un abrazo fuerte.

JOSÉ MANUEL NICOLAU IBARRA

Profesor de Ecología. Universidad de Zaragoza

Artículos de opinión | Sábado, 24 Septiembre 2011 | Coagret

Emilio Garcés Frechín, de Jánovas

Creo que solo Francisca, su mujer y compañera de pelea, sabe de verdad lo que luchó por Jánovas este hombre que ahora ha muerto. Cuando fui a su casa por primera vez, pidiéndoles que me contaran su historia, ella me dijo:

-Hija mía, eso es imposible de contar. Solo lo puede saber el que lo vive.

Tiempo después, cuando ya me había adentrado en los pormenores de aquel drama casi increíble, había hablado con las familias expulsadas del pueblo, había buceado en los archivos… cada vez que me encontraba con nuevos papeles firmados por “Emilio Garcés Frechín, de Jánovas”, reclamando esto, poniendo en conocimiento de las autoridades esto otro, elevando sus protestas una y otra vez al Ayuntamiento de Fiscal por las constantes agresiones que sufrían, o declarando en los juzgados, me acordaba de las palabras de Francisca. Qué razón tenía: yo solo me estaba acercando a aquellas vivencias años después y desde lejos, pero podía darme cuenta de lo que significaban. Tantos años sin darse por vencido, sin agachar nunca la cabeza, respondiendo a todo, atento a todos los frentes. Día tras día, durante tantísimo tiempo, plantando cara a quienes, seguro, no habían contado en sus proyectos, balances, previsiones y cálculos de todo color, con encontrarse un hueso tan duro de roer.

Emilio se enfrentó al hostigamiento constante de los empleados de Iberduero, a los hombres de corbata y a los de tricornio, a los papeles con sello y membrete, y también a la incomprensión de muchos vecinos, que lo consideraron un loco. “¡Marcha, que te sacarán! ¡Marcha, que esto no tiene remedio! ¡Marcha, que no vas a poder con ellos! ¡Marcha de una vez, que por tu culpa no se hace el pantano ni se hace nada!”. Y él les respondía, socarrón: “Tranquilos, que no beberé tanta agua. Si hacen el pantano, ya me iré”.

Desde que, en enero de 1984, Emilio y Francisca salieron por fin de Jánovas y se instalaron en Campodarbe, la lucha ya no fue tan intensa, aunque desde luego no cesó. Emilio y Francisca mascullaban su rabia: “¿No tenían tanta prisa para echarnos de Jánovas? Pues ahora ya tienen el pueblo vacío: ¿dónde están las obras, dónde están las máquinas, dónde está el maldito pantano?”.

En ningún lado. Ni entonces, ni ahora, ni nunca. Para cuando echaron a los Garcés, los gerifaltes que habían proyectado la presa ya no tenían nada claro que fueran a llegar a hacerla alguna vez: buf, aquello dependía de muchas cosas. Pero de todos modos, los echaron. ¿Qué más daban aquellos dos viejos? ¿A quién importaban?

A ellos no, desde luego; igual que todos los demás que no fueran de su clase, la de los privilegiados, la de los poderosos y ricos. Pero sí que nos importan, y nos importarán por siempre, a todos los aragoneses de bien. Incluso diría que a todo aquel que tenga un mínimo de honra, orgullo y dignidad, sea de donde sea.

Cuando lo conocí, aunque ya era bastante mayor, Emilio aún conservaba su brío y se le encendía la mirada cuando hablaba de Jánovas, con aquel tono de voz suyo tan poderoso. En el 2004, cuando se presentó el libro en Boltaña, ya sin embargo se le habían achicado los ojos y empezaba a ser evidente que el peso de la vida se le estaba apoderando. La última vez que lo vi, hace pocos años para la fiesta de San Miguel, todavía hablaba de volver a Jánovas.

Dicen sus hijos que él, en su cabeza, había vuelto a Jánovas hace ya unos años. Salió de la realidad de su decrepitud, esa que nos vuelve niños cuando nos vamos acercando al final, y se instaló felizmente en el lugar que amaba. Recreó aquel entorno lleno de vida, aunque solo para sí, como un acto último de justicia poética.

La otra, la Justicia con mayúsculas, aún la estamos esperando.

Éramos conscientes de que, al ritmo que llevan las cosas, Emilio no volvería nunca físicamente a Jánovas. Pero hoy se me come la rabia de pensarlo: si hubiera habido justicia de la de verdad, él habría cerrado los ojos en el pueblo por el que luchó toda su vida, y habría descansado para siempre en el pequeño cementerio cobijado a la sombra de la iglesia, esa iglesita preciosa que durante un tiempo llegó a ejercer de pajar y de corral para ganado por obra y gracia de Iberduero, hoy Iberdrola, y de la Comisaría de Aguas de la CHE. Cada vez resulta más difícil reparar el daño cometido, cada vez resultan más insultantes las indignas exigencias de Endesa, la actual hidroeléctrica titular, empeñada todavía en hacer negocio sobre aquella barbaridad, cada vez resultan más bochornosos los paños calientes y las componendas.

Descansa en paz, Emilio, todo lo en paz que puedas. Tu espíritu combativo y luchador sigue vivo en tus hijos, que son magníficas astillas de tal palo. No esperan la justicia con los brazos cruzados, y no están solos: tienen a Francisca y tienen buenos compañeros de pelea, pues no habrás olvidado que ahí están los Buisán y otras familias que no conozco tanto, pero que arriman y arrimarán el hombro para no reblar, no reblar, no reblar nunca hasta que Jánovas vuelva a vivir.

Ese día, que “habrá que empujarlo para que pueda ser”, brindaremos por ti y por tu memoria todos quienes te quisimos y admiramos, que somos muchos. Brindaremos, sí, muy alto, y cantaremos muy fuerte, agradeciendo más que nunca tu lucha y tu tesón, porque fue la que abrió el camino, la que hizo posible lo demás. La que nunca olvidaremos.

¡Por Emilio Garcés Frechín, de Jánovas!

Por Marisancho,

de su blog http://inde.zaragozame.com/2011/09/14/emilio-garces-frechin-de-janovas/Link

Artículos de opinión | Viernes, 16 Septiembre 2011 | Coagret

Biscarrués y la crisis

www.aragon2.com

(20/07/2011)

La aprobación por parte del Gobierno del pantano de Biscarrués es un caso de estudio para comprender las razones que nos han llevado a la crisis actual.

Este proyecto -que pretende paralizar el río Gállego en el entorno de los Mallos de Riglos- tiene una larga trayectoria de discusión que he podido seguir, y participar muy activamente, como miembro de la Comisión del Agua y de la ponencia de trabajo creada para abordarlo. Desde esa posición adelantada, he conocido los detalles de un proyecto que pone en serio peligro la subsistencia de una zona emergente –la Galliguera o Reino de los Mallos-, que modifica uno de nuestros paisajes más emblemáticos, el entorno de los propios Mallos, y que, contra más sabes de él, menos entiendes para qué sirve.

Al principio se decía que serviría para conseguir agua para regadío del río Gállego, casi 200 Hm3. En el transcurso de la ponencia de trabajo que antes he citado, y con la inestimable colaboración de la Iniciativa Social de Mediación, se consiguieron fórmulas para conseguir no esa cantidad, sino casi el doble mediante la construcción de algunas balsas laterales que resultaban más eficaces, rápidas y baratas. Amen de menos perjudiciales para el río.

Además, los datos de caudales de un río ya muy regulado y explotado, indicaban que de construirse el pantano de Biscarrués este no tendría apenas caudales que embalsar (léase puntas de crecida) y sería una obra prácticamente inútil.

Sin embargo, el argumento de que el pantano “lo paga el rey” como se dice popularmente, o sea, con cargo a los presupuestos públicos de todos nosotros, seguía pesando para sus defensores, que si obtenían algún beneficio (en forma de hidroeléctrica, constructora o posible venta de agua) bueno era si a ellos les salía gratis.

Este modo de pensar, derrochando el dinero, decenas de millones de euros, para no se sabe muy bien qué, con aires de nuevo rico caprichoso. Abusando de las arcas públicas para intereses privados. Es en buena medida lo que nos ha llevado a esta preocupante crisis. Una crisis que también tiene una pata ambiental, pues también se debe al derroche y desprecio por nuestro patrimonio-recurso natural. En este caso, también está presente ese aspecto, pues se desprecia por completo un paisaje como el de los Mallos de Riglos, un tramo del río Gállego todavía bien conservado y valioso, un bien como es el agua que, por mucho que les pese a algunos, es y debe seguir siendo público.

Pero he aquí, que ese modo de pensar doblemente derrochador, el que nos ha traído a esta crisis, es el que ha triunfado con la aprobación del pantano de Biscarrués: se dilapidarán decenas de millones de euros públicos, se anulará una pieza fundamental de nuestro patrimonio natural y cultural... para no se sabe muy bien qué, como si nos sobrarán lo uno y lo otro.

Si queremos salir de la crisis, bueno sería que empezáramos a cambiar y a pensar de otro modo, más racional y justo.

Un buen indicador puede ser este proyecto, al que todavía le queda mucho por decir, pues somos muchos los que seguimos sin entender porqué se quiere hacer este sin sentido que inundará un territorio, una partida de dinero público y un río, el Gállego, que es de todos.

Paco Iturbe

Artículos de opinión | Miércoles, 20 Julio 2011 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!