El recrecimiento de Yesa

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(04/01/2010)

Es un caso de insolidaridad, en el que solo cuenta la codicia de unos frente a los derechos fundamentales de otros.

El conflicto del recrecimiento del embalse de Yesa es un ejemplo del modelo de sociedad decadente que hemos construido. Refleja el espíritu y la moral de unas formas de gobierno dominadas por grupos políticos con una visión cortijera de su función, en los que poca gente cree ya. El recrecimiento de Yesa es un ejemplo más del desmoronamiento moral y de la pérdida de identidad de la sociedad aragonesa. Estamos ante un caso de insolidaridad flagrante, en el que solo cuenta la codicia de unos frente a los derechos fundamentales de otros. Es el ejemplo de una Administración que lejos de velar por la buena gestión del patrimonio hidrológico del país, se ha convertido en marioneta de un complejo mundo de intereses invisibles que utilizan la gestión del agua, de los ríos, de los territorios y sus gentes como moneda de cambio de sus juegos.

Hace años, la entonces ministra del Medio Ambiente Cristina Narbona dijo en Zaragoza que si una cosa había aprendido a lo largo de su gestión, era que jamás impulsaría proyectos hidráulicos que no vinieran avalados por un mínimo consenso científico-técnico sobre su viabilidad. A su entender, la historia de nuestras políticas del agua está llena de proyectos que no se ejecutan o que llevan décadas de retraso, con escasa voluntad política de ejecutarlos pero que acaban generando falsas deudas históricas, objeto sistemático de desvíos presupuestarios escandalosos. Ese mismo día, la ministra prometió la pronta ejecución y puesta en servicio de uno de esos proyectos: el recrecimiento de Yesa.

Desde que se construyó el actual embalse, se sabe que conforma un escenario geológico y geotécnico altamente inapropiado, que conlleva posibilidades razonables de riesgos catastróficos. El empeño en seguir con esa obra ha hecho que antes siquiera de empezarla, los trabajos de acondicionamiento del terreno se hayan comido ya más del 200% del coste inicial estimado del proyecto.

Para mayor abundancia, el proyecto incumple el doble compromiso de nuestro país con la Directiva Marco del Agua, de mejorar el estado de salud de los ríos o en el peor de los casos de no empeorarlo, por un lado, y que los costes de las obras hidráulicas en el futuro deberán ser totalmente cubiertos por los beneficiarios, por otro.

Si creemos en la empalagosa retórica oficial acerca del medioambiente y la sostenibilidad, el río Aragón debería estar hoy en una UCI hidrológica. Lejos de esa realidad, lo que pretende hoy el lobi de nuestra Administración al unísono con la clase política interesada, es dar una vuelta de tuerca más a ese río hasta consumar el fluviocidio y hacer de él lo que ya en buen medida es: un cadáver hidrológico.

Y por si fuera poco, hay en ese proyecto una cuestión humana de fondo que la sociedad no debe pasar por alto. La comarca afectada y sus gentes ya han pagado con creces su parte alícuota al progreso general de Aragón con la quiebra moral que supuso la construcción del actual embalse. La Canal de Berdún, por su propia estructura de eje vertebrador y lugar de paso de cientos de miles de personas cada año hacia la montaña y la nieve, que fue asiento del más caudaloso manantial de aguas termales sulfurosas de España y de un río de aguas especialmente hermosas y vivas, nunca será lo que podría haber sido.

Hoy es primer Camino Cultural de Europa, y fue cuna de la historia de España, donde nacieron los primeros reinos que luego forjarían una realidad nacional gloriosa. Para mayor abundancia de sinrazones hay que decir que el proyecto no soluciona el pretendido problema, porque para poder evacuar el agua adicional embalsada tras el recrecimiento en los caudales requeridos en la época riego, el actual canal no lo permite. La construcción de un nuevo canal con sus correspondientes largos tramos en túnel, es tan obviamente injustificable que nunca se hará. En consecuencia, seguiremos obligados a sacar el agua del embalse en época de baja o nula demanda, para almacenarla en los nuevos embalses en tránsito ubicados en las zonas de consumo.

EL PRECIO FINAL del metro cúbico de agua servido es impredecible. El legítimo afán de incrementar el patrimonio de tierras de regadío de unos pocos ciudadanos no justifica el daño moral que se hace a otros. Por otra parte, es muy incierto el futuro del regadío extensivo como el que esta obra impulsa. No sabemos a quién estamos haciendo la cama a medio plazo; tal vez a una gran multinacional de la alimentación o de la fabricación de agrocombustibles.

La solución más racional y más justa está hoy por hoy en la opción cero. Sería socialmente más barato comprar regadío para dejar de regar y ganar en garantía, que seguir adelante con semejante controvertido proyecto, de tan negro futuro, que lleva coleando con promesas de inmediata ejecución desde el real decreto de la sequía de mayo de 1992 lo declara actuación de interés general y urgencia, y un mes más tarde apareciera como obra señera del Pacto del Agua de Aragón, sin el menor estudio de viabilidad, simplemente desde la vieja idea de que un embalse es una actuación intrínsecamente buena, sin reparar en costes de ningún tipo.

 

Javier Martínez Gil

Catedrático de Hidrología. Fundación Nueva Cultura del Agua

Artículos de opinión | Martes, 04 Enero 2011 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!