Xinxing pipes
TRIBUNA DE TALAVERA
Entre Quintanar de la Orden y Alcázar de San Juan miles de tubos negros se deslizan por el paisaje verde de distancias y silencios. Me paro. Bajo del coche. Hace calor. En la radio suena el The winner takes it all de Abba. Cojo la cámara del asiento de atrás, perdida entre papeles y planos. El viento arroja a mi cara el polvo de la cicatriz de 40 metros abierta por las máquinas. Una cogujada pasa ligera y levanta un pequeño remolino, escaso y fugaz. La tubería que ha de llevar el agua del Tajo hasta Ciudad Real es esta tarde una inmensa culebra que se pierde en la lejanía. 70.000 toneladas de tubería de fundición dúctil procedentes de las acerías de Handan, en la industrializada y contaminada periferia de Pekín. Xingxing pipes DN1600, pone blanco sobre negro. Diámetro metro sesenta. Me meto dentro de una de ellas. El viento pasa y levanta un sonido metálico y misterioso. Dentro de un año estarán bajo tierra, nadie las verá, y por ellas circulará el agua del Tajo rumbo a Ciudad Real, a los negocios pujantes que nuestro Gobierno regional propicia con vehemencia insultante en Daimiel y la Mancha. Salgo. En el cielo un cernícalo lagartijero busca langostos en la rastrojera. De vez en cuando se tira pero no levanta nada entre las garras. Camino un rato entre los olivos volteados por las máquinas. Para un todoterreno. Bajan una mujer y dos hombres. Miran, hablan entre ellos, recorren arriba y abajo la cicatriz que sin respeto rompe la primavera de la Mancha. Se paran junto a mi: qué, haciendo fotos a la tubería, eh; ya ve, nos van a traer agua del Tajo para regar, que ya hacía falta. Y se van. Silencio. Una alondra lejana, una codorniz arrebujada en la siembra, un sisón presentido.
Es muy difícil pensar, ser racional, contemplar los créditos de la vileza y no sentir que se te rompe algo dentro. Continúo. Las tuberías enfilan valles y laderas, los campos escasos de amapolas. Al fondo el brillo fugaz de alguna laguna. Paro en el Gigüela, canalizado, desterrado de sus meandros de tarays y masiegas. Un aguilucho lagunero me sobrevuela y va a perderse a las espesuras. Al fondo alguna labranza superviviente, algún primilla entre el derrumbe del adobe y de la teja vana. Y las tuberías, el trasvase a la Mancha.
Nos lo han vuelto hacer; y nos dejamos hacer. No aprendemos, y lo peor es que no queremos aprender, parapetados en nuestras ínsulas de mediocridad. Volveré cuando el Tajo circule en las tuberías de Xinxing; y me sentaré junto a los olivos. Y quizá le hable de las tierras que no podrá recorrer. Pero por hoy ya basta. Dos cigüeñuelas pasan ligeras, elegantes. Nadie las ve.
Miguel Ángel Sánchez