La muerte del bajo Gállego

Llevamos años estudiando el río Gállego, analizando sus cambios, comprobando los efectos que las actuaciones humanas han ido generando en su cauce y en sus riberas. Es un río regulado (embalses de Lanuza, Búbal, La Peña, Ardisa, Sotonera) que llega a su curso bajo con menos de la mitad de sus caudales, intensamente sangrado para el regadío.

En el bajo Gállego estamos observando procesos rápidos y preocupantes que son consecuencia de los embalses, alteraciones que se acentúan ahora, cuarenta años después de la construcción de las presas, como ocurre en otros ríos regulados (el Aragón, el Cinca, el Noguera Ribagorzana, el Segre, el bajo Ebro...). Es una "enfermedad" fluvial muy extendida, grave e irreversible, bien conocida por los científicos. Los embalses, con su retención de sedimentos, con sus derivaciones que generan grandes pérdidas de agua y con su reducción de las crecidas, tan fundamentales para el río, han ido dañando el curso bajo del Gállego. Y hoy los síntomas nos indican que el enfermo está grave: incisión o encajamiento del cauce, descenso del freático, migración de la vegetación ribereña para apretujarse en las orillas y en las playas e islas del cauce, retención con ello de los sedimentos que no se pueden movilizar, incremento con ello de la incisión, matorralización de unas riberas que van quedando colgadas.

Ante esta situación, un nuevo embalse como el proyectado en Biscarrués supondrá sin duda superar el umbral que separa la enfermedad de la muerte para el río Gállego. En pocas décadas iremos asistiendo al definitivo estrechamiento de su cauce y a la definitiva desaparición de sus riberas. El viejo río será un canal muerto.

Es curioso que los defensores de Biscarrués, pensado para el gran negocio hidroeléctrico y para el trasvase más que para el riego, utilicen argumentos como que "gracias a los embalses está mejorando la vegetación de ribera". Es ignorancia interesada. La vegetación dentro del cauce es el principal síntoma de la grave enfermedad: lo coloniza porque ya no hay crecidas que la mantengan a raya y al instalarse allí lo estabiliza, lo encaja y destruye toda su dinámica. Es vegetación riparia que durará muchas décadas, pero que terminará muriendo con el río cuando el matorral lo invada todo. ¿Hay que esperar hasta entonces para darnos cuenta? Habremos perdido nuestro río.

La única solución para el Gállego es renunciar a Biscarrués y gestionar ambientalmente los caudales desde los actuales embalses. Esa gestión consiste en reproducir crecidas como las naturales, frecuentes y potentes, para reactivar el trabajo del río e impedir que la vegetación madure dentro del cauce. Todavía estamos a tiempo, pero hay que actuar ya.

Alfredo Ollero

Artículos de opinión | Lunes, 23 Mayo 2011 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!