COAGRET considera irresponsable la propuesta del presidente Marcelino Iglesias de dragar el Ebro
NOTA DE PRENSA DE COAGRET
(03/04/2007)
COAGRET considera irresponsable la propuesta del presidente Marcelino Iglesias y del Consejero Boné de dragar el Ebro como medida contra crecidas en el río.
La propuesta de dragar el Ebro como medida contra las crecidas, del presidente Marcelino Iglesias y del Consejero de Medio Ambiente, es inaceptable en responsables del Gobierno de Aragón que no pueden alegar desconocimiento de las graves consecuencias de esas propuestas.
Con motivo de la crecida del año 2003, la Fundación Nueva Cultura del Agua, con el apoyo de la Universidad de Zaragoza, reunió a una veintena de científicos prestigiosos de diversas disciplinas, universidades e instituciones. Del seminario planteado para analizar el problema de las inundaciones salieron unas reflexiones aplicables a “las recientes y futuras inundaciones de Río Ebro y a los de otros grandes ríos.” Estas conclusiones, que no suponen ninguna novedad en el mundo científico, desaconsejan rotundamente la construcción masiva de motas de defensa, (ya que dan una falsa sensación de seguridad como vemos con cada avenida) y el dragado sistemático ya que “aumenta su poder erosivo (de la avenida) y por tanto su capacidad de destrucción” (
El problema de las inundaciones: Claves, razones y soluciones112.7 KB).
Las últimas propuestas de romper las motas existentes para reducir los daños van en el sentido de las recomendaciones de los expertos, y demuestran claramente la peligrosidad de un sistema de defensas que impiden el normal funcionamiento de las crecidas del río.
Por la misma razón las propuestas de dragado del Consejero de Medio Ambiente y del Presidente, de llevarse a efecto, pueden tener consecuencias gravísimas en la seguridad de los ciudadanos que viven junto al río.
El silencio cómplice del presidente de la CHE ante estas declaraciones es más grave aún si cabe. Tanto si es responsable último de esas declaraciones, como si no las corrige por razones ajenas a su labor técnica, nos hace dudar de su capacidad para afrontar acontecimientos como las crecidas que son normales y periódicos en las cuencas ibéricas.
Por otra parte, este nuevo episodio de crecida del río demuestra que en estos tres años ni el Gobierno ni la CHE han tomado las medidas preventivas necesarias para reducir los efectos negativos de la crecida, aun teniendo la certeza absoluta de que ésta se iba a producir.
Nos gustaría señalar que una vez más, los medios de comunicación están resistiéndose a entrar al fondo de la cuestión, limitándose a ofrecer imágenes sensacionalistas de las consecuencias de la crecida, sirviendo únicamente de portavoces a manifestaciones y opiniones que no analizan debidamente los hechos ni informan de las verdaderas causas y consecuencias de esta fase del ciclo del río.