EL MUNDO
(05/07/2010)
La reducción del consumo y las fugas refuerza la tesis avanzada en 1998 por un grupo de expoertos: el embalse no era imprescindible
Con las conducciones, costará 132 millones
El pasado jueves, el pantano de Los Melonares acumulaba 150,5 hectómetros cúbicos de agua, suficiente para garantizar el consumo de los residentes en Sevilla y su área de influencia durante más de un año aunque no cayera una gota de lluvia. Sólo una semana antes, la Consejería de Medio Ambiente había adjudicado a una unión de empresas formada por Sacyr, Prinsu y Uce10 las obras de las conducciones que conectarán el embalse de Melonares con el sistema de abastecimiento de Emasesa y Aljarafesa. El coste, 21,6 millones de euros a sumar a los más de 110 millones de euros que costó su construcción.
De cumplirse los plazos, todos los municipios abastecidos por Emasesa y Aljarafesa -aproximadamente, un millón de personas- podrán consumir agua procedente de este pantano enclavado en la Sierra Norte a finales de 2013.
Si hace falta, claro. Porque la evolución en la última década de los consumos de agua en Sevilla y su entorno lleva a pensar que el agua de Los Melonares no sería imprescindible en un escenario convencional, ni siquiera durante un ciclo prolongado de sequía. La tesis, defendida desde mucho antes del inicio de las obras por un grupo de expertos, tiene una conclusión clara: Los Melonares no era necesario.
Este grupo de expertos, encabezado por el catedrático de Geografía Humana de la Hispalense Leandro del Moral, dejó constancia de sus planteamientos en un informe publicado en 1998 por la organización Nueva Cultura del Agua. Los autores del estudio proponían alternativas para conseguir una reducción de los consumos y de las fugas en la red hasta dejar el nivel de gasto por debajo de la capacidad garantizada por los pantanos ya existentes. Doce años después, la realidad les da la razón.
Los primeros estudios en torno a la viabilidad del pantano de Los Melonares datan de 1972, cuando la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) se planteó la posibilidad de construir una presa en el río Viar, aguas abajo del pantano del Pintado, para uso fundamentalmente agrícola. Paralizado durante años, la Junta retomó el proyecto en 1985. Tras la dramática sequía de los años 1992-1995, el pantano se convirtió en bandera política, enarbolada con especial insistencia por el PP y la entonces alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril.
La Unión Europea, a la que se pidió respaldo financiero, puso innumerables objeciones, derivadas sobre todo del importante impacto ambiental que tendría el embalse, que inunda 1.457 hectáreas, la mayor parte de ellas protegidas por la declaración de Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). No en vano, el 40 por ciento de los costes totales del proyecto -sin incluir las conducciones- se dedicó a actuaciones para amortizar el impacto en la naturaleza.
Las obras comenzaron en 2004 y se prolongaron durante cinco años, pero, incluso después de terminada la obra, las administraciones siguieron discutiendo sobre la financiación de las conducciones, que acaban de ser adjudicadas.
Acuciadas por la Unión Europea, las instituciones que defendían la construcción del pantano -la CHG, el Ayuntamiento de Sevilla y, de forma más moderada, la Junta de Andalucía- hicieron sus estimaciones de consumo en Sevilla y su área de influencia para los años siguientes. Ninguna de las hipótesis planteadas situaba el gasto en el año 2012 por debajo de los 173 hectómetros cúbicos. Emasesa, la empresa municipal de aguas, hizo estimaciones de hasta 213 hectómetros para ese año.
Los autores del informe de Nueva Cultura del Agua hicieron sus propios cálculos. Tuvieron en cuenta cuatro hipótesis, en función de la puesta en marcha de distintas medidas de gestión y de ahorro. Su cálculo más pesimista para 2012 se cifraba en 150 hectómetros cúbicos. El más optimista, en 133 hectómetros cúbicos. Pues bien, el consumo real de agua registrado por Emasesa y Aljarafesa el año pasado fue de 116 hectómetros, un 12 por ciento menos que la previsión más optimista de los expertos.
¿Qué ha ocurrido para que los sevillanos y aljarafeños consuman menos agua en 2009 que en 1992, pese al crecimiento de la población? Dos cosas, fundamentalmente: una mayor concienciación de ahorro, producto del 'estigma' de las sequías -en la de 1992-1995 la alcaldesa llegó a manejar planes de evacuación- y de las campañas promovidas desde las empresas de abastecimiento; y, sobre todo, una eficaz política de inversión en la red de suministro, que ha permitido reducir las fugas de una forma espectacular en sólo una década.
El rendimiento hidráulico de la red de Emasesa y Aljarafesa era en 1991 del 58,6 por ciento. Es decir, de cada cien hectómetros cúbicos que salían de los pantanos, 41,4 se perdían en algún punto de la red de suministro, un nivel pésimo desde el punto de vista ecológico y económico. Pero lo peor es que, cinco años después, las pérdidas eran exactamente las mismas.
La exigencia de la UE
La aprobación de los fondos europeos -hasta el 60 por ciento del coste- por parte de Bruselas en el año 2000 trajo aparejada una condición fundamental: la aplicación de medidas que redujeran este nivel de pérdidas a porcentajes aceptables por la normativa europea. Y, en este aspecto, Emasesa y Aljarafesa han cumplido sobradamente.
La Unión Europea marcó a la Administración el objetivo de aminorar las fugas totales hasta un nivel del 17 por ciento en 2009, del 15,5 por ciento en 2011 y del 15 por ciento en 2012. En 2008 -el último dato ofrecido por Emasesa-, las fugas se habían reducido ya hasta el 14,1 por ciento. Es decir, la empresa de aguas de Sevilla había cumplido de largo ya en 2008 el límite que la UE le había impuesto para 2012.
Este buen resultado lo ha verificado el Tribunal de Cuentas Europeo en la auditoría que realizó en noviembre pasado a la CHG. En los últimos años, Emasesa ha invertido 306 millones de euros en actuaciones dirigidas a reducir del consumo. El resultado es que el gasto de agua por habitante y día ha pasado de los 176 litros en 1991 a los 125 litros de 2009, mucho más acorde con las políticas de sostenibilidad que persigue la UE y con la media de consumo en el sector.
Una vez alcanzado este nivel de ahorro y de rendimiento hidráulico, los planteamientos iniciales que, a ojos de las administraciones, justificaban la construcción del pantano de Los Melonares cambian sensiblemente. Unas simples hipótesis lo ponen de manifiesto: los cuatro embalses que en la actualidad suministran agua a Sevilla -Los Melonares no estará en servicio hasta finales de 2013- garantizan el consumo durante casi tres años al ritmo actual de consumo, sin que cayera una sola gota de agua y sin contar con tomas alternativas de agua.
Con Los Melonares a pleno rendimiento, la garantía de suministro se elevará -con la misma hipótesis de consumo, de lluvía y de captaciones alternativas- hasta los cinco años, un ciclo continuado de sequía muy por encima de lo previsible por estadística. Para algunos, la conclusión es evidente: Los Melonares está de más.
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